La presión geopolítica por el cobre, otro desafío para la resistencia a la minería
El mundo se asoma a un abismo de oferta en lo que respecta a sus recursos naturales críticos, y esa cornisa representa, paradójicamente, una oportunidad para los actores económicos de Mendoza. El cobre es clave. No obstante, esta perspectiva no es ajena a una confrontación histórica contra la minería arraigada en la sociedad mendocina.
En Mendoza, hablar de minería nunca es solo hablar de economía; también implica hablar de identidad, de agua y de un conflicto social latente.
Un informe de S&P Global ha aterrizado en medio de esta delicada geografía política con datos que interpelan el escenario de la discusión minera. El reporte advierte que el mundo se encamina hacia una escasez de cobre sin precedentes, un escenario que coloca a la provincia ante una encrucijada histórica: subirse al tren de la demanda global, en línea con el plan del gobernador Alfredo Cornejo, o mantener el freno de mano puesto por la desconfianza social frente al potencial contaminante de la actividad extractivista.
san jorge.jpg
La consultora internacional proyecta un aumento del 50% en la demanda mundial de cobre entre 2025 y 2040, llevando el consumo a 42 millones de toneladas métricas anuales. Pero el dato que actúa como combustible para el debate local es la advertencia sobre la oferta: si no se invierte ya, habrá un déficit estructural de 10 millones de toneladas para 2040. Para los sectores productivos mendocinos, esto es la confirmación de una oportunidad perdida; para los sectores ambientalistas, es una alerta sobre la presión extractivista que se avecina sobre la Cordillera de los Andes.
Minería y transición verde
El informe, titulado «El cobre en la era de la IA: los desafíos de la electrificación», introduce una paradoja que impacta en la línea de flotación del discurso ambiental local. El motor de esta demanda voraz no es la industria «sucia», sino la transición hacia una economía verde.
Según S&P Global, la electrificación global y las energías renovables (eólica y solar) son los grandes devoradores de cobre. Más del 90% de la capacidad eléctrica instalada en 2025 fue renovable, y estas tecnologías son intensivas en metal rojo. A esto se suman los Vehículos Eléctricos (VE), que requieren 2,9 veces más cobre que un auto convencional.
Este punto tensa la narrativa en Mendoza: el mundo demanda minería justamente para descarbonizarse. La presión externa, validada ahora por Estados Unidos al declarar al cobre como «mineral crítico», choca con la memoria histórica de una sociedad mendocina celosa del cuidado del agua y movilizada en torno a la Ley 7722. El argumento global es la sustentabilidad climática; el argumento local es la sustentabilidad hídrica.
El Distrito Minero Occidental bajo la lupa
Las previsiones de S&P Global llegan en un momento en que el Gobierno de Mendoza intenta canalizar esta tensión a través del Distrito Minero Occidental en Malargüe, buscando zonas donde la licencia social parece más permisiva que en el Valle de Uco o el Gran Mendoza.
Sin embargo, el informe sugiere que la demanda vendrá impulsada por megatendencias que no saben de fronteras departamentales. El auge de la Inteligencia Artificial (IA) y la necesidad de centros de datos masivos, sumado a la modernización de redes eléctricas que en Estados Unidos crecerán al 2,5% anual tras décadas de estancamiento, configuran un mercado desesperado por oferta segura.
wall street
Aquí radica el conflicto político: los tiempos de la minería no son los tiempos de la política. La consultora advierte que para cubrir el bache de oferta de 2040, las inversiones deben acelerarse «drásticamente» hoy. Esto presiona a la dirigencia mendocina a tomar definiciones rápidas en un terreno donde la sociedad exige pausas, controles y garantías extremas.
Inversión y la confianza social
El reporte destaca también el rol de los Sistemas de Almacenamiento de Energía (BESS) y la expansión de infraestructura en China e India (creciendo al 3,2% y 4,2% anual respectivamente). Estos gigantes asiáticos absorberán cualquier gramo de cobre disponible.
Para los detractores de la megaminería en Mendoza, estos números son vistos con escepticismo: temen que la «urgencia global» justifique la flexibilización de controles ambientales locales. Para los impulsores de la actividad, el informe de S&P Global es la prueba cabal de que Mendoza está sentada sobre una «mina de oro» (o de cobre, en este caso) que podría transformar su matriz productiva empobrecida, y que el rechazo a la actividad condena a la provincia al atraso relativo frente a vecinos mineros como San Juan o Chile.
Un debate que trasciende lo técnico
En conclusión, el documento de S&P Global hace mucho más que ofrecer estadísticas de commodities; expone la magnitud de la presión externa que recaerá sobre los recursos naturales de Mendoza.
La provincia se enfrenta a un dilema de hierro. Por un lado, un mercado global dispuesto a pagar precios históricos por un mineral que Mendoza posee en abundancia en sus pórfidos cordilleranos. Por el otro, un tejido social que, escaldado por crisis hídricas y desconfianza institucional, exige que el agua valga más que el cobre.
El déficit de 10 millones de toneladas para 2040 es un reloj de arena que ya se dio vuelta. La pregunta que queda flotando en el aire de Mendoza no es si el mundo necesitará su cobre, sino si la sociedad mendocina encontrará una forma de procesar sus miedos y ambiciones antes de que la ventana de oportunidad —o la amenaza, según quien lo mire— se cierre definitivamente.
