Clientes eléctricos y crecimiento económico: Una discusión clave para 2026
“En materia energética, 2026 comienza con un sistema eléctrico que ha avanzado de manera relevante en su transformación, pero que aún enfrenta tensiones estructurales no resueltas”.
Por Javier Bustos, director ejecutivo de Acenor A.G.
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El cierre de un año y el inicio de otro son momentos propicios para hacer balances y anticipar desafíos. En materia energética, 2026 comienza con un sistema eléctrico que ha avanzado de manera relevante en su transformación, pero que aún enfrenta tensiones estructurales no resueltas. Una de ellas es especialmente crítica para el desarrollo del país: el rol que hoy ocupan, y debieran ocupar, los clientes y los sectores productivos en el diseño y funcionamiento del sistema eléctrico.
Durante los últimos años, la discusión energética se ha concentrado en la expansión de la oferta, en la incorporación de energías renovables y almacenamiento y en los desafíos técnicos de la operación. Sin embargo, esa mirada ha tendido a relegar a un segundo plano a la demanda, tratándola muchas veces como un actor pasivo, cuya función principal sería absorber los costos de la transformación y adaptarse a decisiones tomadas sin considerar plenamente sus necesidades productivas, operativas y de inversión.
Esto ocurre en un contexto en que los clientes eléctricos cumplen un rol central en la economía nacional. Sectores como la minería, la construcción, la industria y el transporte concentran una parte sustantiva del consumo eléctrico y son, al mismo tiempo, motores del crecimiento, la inversión y el empleo. Las decisiones que estos sectores toman respecto de nuevos proyectos, ampliaciones productivas o procesos de electrificación dependen, en gran medida, de contar con un suministro eléctrico seguro, competitivo y predecible.
La resiliencia del sistema eléctrico es un buen ejemplo de esta tensión. Habitualmente se aborda desde una mirada técnica, asociada a infraestructura o estándares operativos. Sin embargo, para los sectores productivos, la resiliencia se traduce en continuidad operacional y en la certeza de que el sistema responderá ante eventos críticos. Cuando esta dimensión no se incorpora, los riesgos se trasladan a la demanda, afectando costos, competitividad e inversión.
Algo similar ocurre con la asignación de responsabilidades y costos en la transición energética. El proceso ha implicado nuevas exigencias e inversiones relevantes, pero no siempre con señales claras ni con una distribución eficiente de riesgos. En la práctica, los clientes enfrentan crecientes incertidumbres regulatorias y costos poco predecibles, lo que dificulta la planificación de largo plazo.
La transmisión es otro ámbito especialmente sensible. No se trata solo de habilitar nueva generación, sino de asegurar que la demanda existente y futura cuente con acceso oportuno, a costos competitivos y con estándares adecuados de calidad y seguridad. Procesos de planificación sin análisis económicos suficientes y reglas de acceso a la transmisión que no resguardan a los clientes existentes pueden transformarse en una barrera para el crecimiento y la electrificación.
Desde Acenor hemos desarrollado una agenda de propuestas concretas para fortalecer la seguridad del suministro, mejorar la expansión de la transmisión y avanzar hacia una distribución más equilibrada de responsabilidades y riesgos. En un nuevo ciclo institucional, estas propuestas están disponibles como un aporte técnico y constructivo para avanzar hacia un marco energético que reconozca el rol estratégico de los clientes eléctricos y de los sectores productivos en el crecimiento del país.