Minería dominicana arranca 2026 con impulso económico – DiarioDigitalRD
Exportaciones récord, más inversión y nuevos proyectos marcan el ritmo del sector
Santo Domingo, RD.– El año 2026 apenas comienza y la minería dominicana ya muestra señales claras de fortaleza. No se trata solo de expectativas optimistas: los resultados heredados de 2025, el interés sostenido de inversionistas y el avance de proyectos estratégicos colocan al sector en una posición clave dentro de la economía nacional.
Durante el año pasado, la actividad minera volvió a consolidarse como uno de los motores productivos del país. Su aporte al Producto Interno Bruto rondó el 2 %, impulsado principalmente por el aumento en la producción y exportación de oro, favorecido además por un contexto internacional de precios elevados. Ese desempeño tuvo un efecto directo en las finanzas públicas, con mayores recaudaciones, entrada de divisas y generación de empleos en zonas donde la minería es prácticamente el eje de la economía local.
Las cifras hablan por sí solas. Las exportaciones mineras superaron los US$2,590 millones, un récord para el sector, mientras que la inversión extranjera directa sobrepasó los US$420 millones. Estos números no solo confirman el atractivo del país para los capitales internacionales, sino que también refuerzan la idea de que la minería se ha convertido en una actividad estratégica para el desarrollo económico.
Parte de esos recursos ha servido para respaldar el Presupuesto General del Estado. Los ingresos provenientes de la explotación de minerales como el oro, el cobre y otros metales han contribuido al financiamiento de obras públicas, programas sociales y servicios básicos como salud y educación. Para el Gobierno, la minería ya no es un sector periférico, sino una pieza que incide de forma directa en la estabilidad fiscal.
En este escenario, la gestión del director general de Minería, Rolando Muñoz Mejía, ha sido señalada por actores del sector como un factor que ha aportado estabilidad institucional y mayor confianza. Su enfoque ha estado centrado en promover una minería responsable, fortalecer los procesos técnicos y mantener abiertos los canales de diálogo tanto con inversionistas como con comunidades.
El inicio de 2026 encuentra al sector con una agenda clara. El Gobierno ha reiterado su compromiso con una minería sostenible, que combine crecimiento económico con respeto al medio ambiente y participación social. En esa línea, se habla cada vez con más fuerza de modernizar el marco legal mediante una nueva Ley Minera y de hacer más eficientes los procesos regulatorios.
Uno de los elementos que más atención genera en estos momentos es el avance en exploración. Estudios recientes apuntan al potencial de nuevos recursos como cobre, zinc y tierras raras, minerales que tienen alta demanda en industrias tecnológicas y energías limpias. Proyectos como Pueblo Viejo, Romero, Candelones y Cormidom figuran entre los que podrían ampliar la base productiva del sector y dinamizar economías regionales.
Las proyecciones para este año son de crecimiento sostenido. Se espera un aumento en la producción, más exportaciones y nuevas inversiones tanto para expandir operaciones existentes como para desarrollar proyectos que aún están en fase de exploración. Sin embargo, el reto es claro: ese crecimiento debe ir acompañado de mayor transparencia, mejor institucionalidad y beneficios tangibles para las comunidades donde operan las minas.
En la agenda sectorial figuran prioridades concretas: impulsar la aprobación de una nueva Ley Minera, crear un inventario nacional de recursos estratégicos, agilizar los trámites para concesiones, fortalecer la transparencia en el manejo de los fondos a través del EITI-RD, dar seguimiento a los planes de cierre de minas y apostar por la capacitación técnica en nuevas tecnologías. Incluso se incluye el respaldo al proyecto de extensión de la plataforma continental submarina, visto como una vía para proteger y ampliar los derechos del país sobre sus recursos naturales.
Con este panorama, la minería dominicana entra a 2026 no solo con buenos números, sino con una mayor presencia en la discusión económica nacional. El desafío ahora es convertir ese crecimiento en desarrollo sostenible y en beneficios que se sientan más allá de las estadísticas.