El planeta entró en una bancarrota de agua: lo que se está perdiendo ya no se recupera
Hay esperanza, pero hay que construirla
Para Madani, declararse en quiebra también es el primer paso hacia un nuevo comienzo: “Se amortizan las reclamaciones, se reajustan las expectativas y se negocia un nuevo balance más realista para evitar un mayor colapso”.
Para gestionar la bancarrota hídrica, el informe llama a los gobiernos a priorizar medidas para evitar daños irreversibles adicionales, como la pérdida de humedales, el agotamiento destructivo de acuíferos y la contaminación descontrolada.
También sostiene que se deben reequilibrar derechos, reclamos y expectativas conforme a una capacidad de carga menor, así como apoyar transiciones justas para las comunidades cuyos medios de vida deben cambiar.
Estas transformaciones también deberán hacerse en sectores clave, como la agricultura, mediante cambios de cultivos, reformas al riego y sistemas urbanos más eficientes.
Álvarez coincide en que las políticas públicas deben contemplar una reducción de consumo y el uso de tecnología para optimizar su uso.
“Se tiene que invertir en tratamiento y captación de agua. Buscar métodos que ayuden a fomentar la recarga de acuíferos. Ya hay regiones del mundo y de México donde el destino ya nos alcanzó”, dice la especialista a Mongabay Latam.
En tanto, Quintanilla ve en la actualización del marco legal otra clave en la cual los gobiernos del mundo deben avanzar para proteger el agua “como un bien estratégico, base del bienestar y desarrollo humano”.
Además, insiste en que sin un enfoque de gobernanza integral que articule naturaleza, producción, territorio y clima será más difícil anticipar y gestionar los impactos al ciclo del agua.
“Es imprescindible avanzar hacia una gestión integral del agua basada en cuencas, entendiendo que lo que ocurre en los bosques, suelos y ecosistemas de cabecera incide directamente en la disponibilidad y calidad del agua de las ciudades y comunidades que residen aguas abajo y viceversa”, explica.
Por otro lado, Madani advierte que la gestión de la bancarrota requiere honestidad, valentía y voluntad política.
“No podemos reconstruir glaciares desaparecidos ni reexpandir acuíferos severamente compactados. Pero sí podemos evitar una mayor pérdida del capital natural que aún nos queda y rediseñar nuestras instituciones para vivir dentro de nuevos límites hidrológicos”, sostiene el autor.
También precisa que pese a los datos recabados, “el informe no es una declaración de desesperanza”, sino un llamado a la honestidad, al realismo y a la transformación.
“Declarar la bancarrota no es rendirse, es empezar de nuevo. Podemos tomar las decisiones difíciles que protejan a las personas, las economías y los ecosistemas. Cuanto más retrasemos la acción, más profundo será el déficit”, afirma.
La publicación de este estudio también busca que los gobiernos aprovechen las Conferencias de la ONU sobre el Agua de 2026 y 2028, así como la iniciativa del Decenio de Acción por el Agua en 2028, para redefinir la agenda mundial del agua.