Cuando la agricutura se vuelve Azul: por Zaida Bacre Lladó – Crónica del Poder
ENTRE PARADIGMAS Y REFLEXIONES
Cuando la Agricultura se vuelve Azul
Dra. Zaida Bacre Lladó
Durante siglos, la agricultura se entendió como una actividad inseparable de la tierra. El suelo fértil, el acceso al agua dulce y la domesticación de especies definieron el marco desde el cual la humanidad aprendió a producir su alimento [3]. Sin embargo, este modelo arraigado y largamente incuestionado enfrenta hoy límites estructurales evidentes: la escasez de agua dulce, la degradación del suelo, la desertificación y la presión climática global [4][7].
Estos límites obligan a una reflexión más profunda: el problema no es únicamente productivo, sino sistémico, cíclico y de responsabilidad global. Es precisamente en este desplazamiento conceptual donde se abre la puerta a un territorio históricamente excluido del paradigma agrícola: el mar.
El mar más allá de la pesca
La concepción tradicional del océano lo define como un espacio esencialmente extractivo, asociado a la pesca, la recolección o el tránsito, pero rara vez como una extensión del territorio agrícola [3]. No obstante, en la última década este límite conceptual comenzó a fracturarse a partir de un caso concreto que reconfiguró la conversación global sobre sostenibilidad alimentaria: la planta Zostera marina, conocida hoy como cereal marino.
La relevancia de esta fanerógama marina radica en que es la primera planta conocida capaz de completar su ciclo productivo sin requerir suelo agrícola, agua dulce ni fertilizantes externos [4][12]. Se desarrolla íntegramente en ecosistemas acuáticos salinos, aprovechando los nutrientes disponibles en su propio entorno. Estas características expanden el principio agrícola hacia los ecosistemas oceánicos y dan cabida a las primeras prácticas documentadas de la llamada agricultura azul [3][5].
Más aún, el alcance de Zostera marina sienta las bases de una nueva forma de producción biológica y alimentaria que da origen a una disciplina incipiente denominada agrobiología azul. Esta se centra en el estudio de sistemas vegetales marinos capaces de generar alimento mientras regeneran activamente los ecosistemas en los que se desarrollan [3][5].
El surgimiento de ambas disciplinas ha llevado a organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a señalar que los sistemas alimentarios acuáticos serán fundamentales para reducir la presión sobre el agua dulce y los suelos agrícolas, al tiempo que permitirán desarrollar modelos productivos alineados con los ciclos naturales del mar [7].
Cuando la ciencia marina encontró un alimento
Antes de que el cereal marino fuera presentado como alimento, las praderas de Zostera marina ya eran objeto de estudio científico debido a su elevado valor ecológico. Desde 2018, investigaciones desarrolladas en España, particularmente por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), documentaron su capacidad para capturar carbono azul, estabilizar sedimentos y favorecer la recuperación de zonas costeras degradadas [4][8].
El punto de inflexión se produjo cuando estas investigaciones coincidieron con las exploraciones gastronómicas del chef español Ángel León, reconocido por su trabajo con recursos marinos no convencionales [10]. De este cruce emergió una pregunta tan simple como disruptiva: ¿podía esta planta poseer también un valor alimentario?
A partir de entonces, equipos científicos y culinarios analizaron de manera conjunta la composición, el ciclo de crecimiento y el potencial productivo de Zostera marina [9][11]. Los resultados confirmaron que la planta completa su desarrollo sin necesidad de agua dulce, fertilizantes ni replantación anual, utilizando exclusivamente nutrientes marinos. Y es en 2020, que esta posibilidad fue presentada públicamente como un modelo viable de cultivo controlado en granjas marinas sostenibles [6], un proyecto que continúa vigente hasta la actualidad.
Cabe señalar, que el elemento crucial para considerar a Zostera marina como especie apta para su producción alimentaria fue un hallazgo de fuentes arqueobotánicas y etnográficas. Estas fuentes documentan que, en las costas de Sonora (México), la comunidad Seri recolectaba semillas de esta planta desde tiempos ancestrales para elaborar harinas y bebidas nutritivas [9]. Este hecho no implica la existencia de una agricultura azul formal en el México prehispánico, pero sí reconoce que el conocimiento alimentario marino de las comunidades ancestrales precede a la ciencia moderna, la cual, hoy valida, sistematiza y hace visibles estos saberes.
Impacto ecológico y productivo
Las praderas de Zostera marina destacan por su impacto ambiental positivo, ampliamente documentado por investigaciones en ecología marina y sistemas costeros [8][11]. Estudios liderados por Duarte y Fourqurean, así como por equipos vinculados al ICMAN-CSIC, han demostrado que estas praderas incrementan de forma significativa la biodiversidad bentónica, actuando como refugio y zona de crianza para moluscos, crustáceos y peces juveniles.
Además, gracias a su elevada capacidad de captura y almacenamiento de carbono azul, las praderas de Zostera marina funcionan como sumideros comparables a los bosques tropicales, tanto por sus tasas de fijación como por la estabilidad del carbono almacenado en los sedimentos marinos [4][8][11][13]. En este contexto, se presentan como una alternativa viable para reducir la huella hídrica y mitigar los procesos de desertificación, degradación del suelo y presión creciente sobre los sistemas agrícolas tradicionales [5][9].
Propiedades nutricionales y potencial alimentario
Las semillas de Zostera marina muestran una composición inusual para una planta acuática. Estudios del CSIC indican que contienen un porcentaje proteico superior al del arroz, además de aminoácidos esenciales, vitaminas del complejo B y minerales como hierro, calcio y magnesio [2][6]. En términos sensoriales, su textura se aproxima a la del arroz integral, con un matiz salino natural. Lo que da origen a su denominación “cereal marino”.
Esta densidad nutricional, combinada con un modelo de cultivo limpio y regenerativo, no dañino para la salud humana, posiciona al cereal marino como un alimento de alto valor estratégico en el contexto de la creciente inseguridad alimentaria global [2][6].
Reflexiones finales
Más allá de su dimensión gastronómica o histórica, el cereal marino no introduce únicamente una novedad técnica, sino una pregunta de fondo sobre cómo entendemos la producción de alimento. Durante siglos, la agricultura se construyó desde la lógica de la transformación del territorio. El caso de Zostera marina sugiere otra posibilidad: producir sin imponer, intervenir sin desplazar, cultivar sin agotar.
No se trata de añadir un nuevo cultivo al catálogo global, sino de reconocer que existen formas de producción que no parten del dominio del entorno, sino de su comprensión. En ese sentido, el valor del cereal marino no reside solo en lo que produce, sino en el modelo que anticipa.
Tal vez una parte de la agricultura del futuro no ocurra sobre la tierra, sino bajo las olas. Pero, más aún, tal vez el verdadero cambio no esté en el lugar donde sembramos, sino en la manera en que decidimos relacionarnos con los ecosistemas que nos alimentan. Aunque todavía no tengamos todas las respuestas, el cambio de paradigma ya ha comenzado.
Referencias
[1] Carrington, D. (2021). Sea rice: The marine grain that could save the climate. The Guardian. (22-12-2025) https://www.theguardian.com/environment/2021/apr/09/sea-rice-marine-grain-save-climate
[2] Cerealmarino.com. (2021). Propiedades nutricionales del cereal marino. (29-10-2025)
https://www.cerealmarino.com/que-es-el-cereal-marino/
[3] Costa-Pierce, B. A. (2016). Blue growth in aquaculture systems. World Aquaculture Society. (22-12-2025) https://www.was.org/Magazine/Article/blue-growth-in-aquaculture-systems
[4] Duarte, C. M., et al. (2013). The role of coastal plant communities for climate change mitigation. Nature Climate Change, 3(11), 961–968.(11-01-2026) https://www.nature.com/articles/nclimate1630
[5] Duarte, C. M., et al. (2017). Can seaweed farming play a role in climate change mitigation and adaptation? Frontiers in Marine Science, 4, 100. (11-01-2026) https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fmars.2017.00100/full
[6] El País. (2023). El arroz que crece bajo el mar: la apuesta sostenible del chef Ángel León. (12-12-2025) https://elpais.com/gastronomia/2023-02-12/el-arroz-que-crece-bajo-el-mar-la-apuesta-sostenible-del-chef-angel-leon.html
[7] Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2022). The Blue Transformation. FAO. (25-01-2026) https://www.fao.org/policy-support/policy-themes/blue-transformation/en/
[8] Fourqurean, J. W., et al. (2012). Seagrass ecosystems as a globally significant carbon stock. Nature Geoscience, 5(7), 505–509. (10-01-2026) https://www.nature.com/articles/ngeo1477
[9] Goulding, M. (2021). Eelgrass and its role in Seri coastal food culture. Journal of Marine Anthropology, 14(2), 45–58. (12-12-2025) https://anthropocenemagazine.org/2025/05/bread-from-seagrass-cultivating-grains-in-the-ocean/
[10] León, A. (2021). Cereal marino: el arroz del mar. Aponiente. (12-12-2025) https://www.aponiente.com/cereal-marino
[11] Lefcheck, J. S., et al. (2017). Biodiversity enhances ecosystem multifunctionality across trophic levels. PNAS, 114(7), 1747–1752. (12-12-2025) https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.1705235114
[12] Pérez-Lloréns, J. L. (2023). Zostera marina: la planta del mar que alimenta y captura carbono. Universidad de Cádiz. (12-12-2025) https://www.uca.es/noticia/zostera-marina-la-planta-del-mar-que-alimenta-y-captura-carbono/
[13] ScienceDirect. (2023). Carbon sequestration rates in seagrass meadows. (12-12-2025) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1878450X23001567