Con ofrenda de mezcal piden permiso a los ancestros para acceder a la Tumba 10
▲ Antes de entrar al sepulcro milenario, Curiel de Icaza (imagen) bendijo su acceso, para lo cual le sirvieron un caballito de mezcal que arrojó al piso formando una cruz.Foto Jair Cabrera Torres
Ana Mónica Rodríguez y Jorge A. Pérez
Enviada y corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 30 de enero de 2026, p. 2
Oaxaca, Oax., La secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, recorrió ayer por primera vez la Tumba 10 de Huitzo, en Oaxaca, considerada el hallazgo más relevante de la década, acompañada por Joel Omar Vázquez, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el gobernador de la entidad, Salomón Jara Cruz, así como los arqueólogos y especialistas encargados del proyecto.
Más de mil 400 años han transcurrido desde que fue abierto ese sepulcro, y “14 siglos después un búho aún resguarda el lugar”, contó la funcionaria, y narró cómo al lugar llega por las noches esa ave y se posa en un tronco, “velando el descanso de sus ancestros”, lo cual mostró en un video grabado por habitantes de la localidad.
Acompañada por pobladores, autoridades municipales, bomberos y Protección Civil, la titular de Cultura federal descendió unos nueve escalones improvisados para apreciar de primera mano el mascarón que representa un búho, debajo de cuyo se observa el rostro de un hombre, que podría ser a quien se dedicó la tumba y donde aún se observa pintura roja que data del año 600.
Ese acceso, que es el principal de la tumba, se encuentra cerrado por una piedra grande y el olor a alcohol y sanitizantes saturan ese espacio.
Entonces para bajar 2.45 metros se debe hacer por la parte posterior del mascarón, donde una escalera de metal lleva a los invitados, entre ellos La Jornada, a la cámara funeraria, donde se observó parte de la pintura mural, mucha de la cual aún está sellada por sales y la humedad predomina.
Para bajar es necesario sanitizarse con alcohol, usar guantes y cubrebocas por seguridad del recinto, pero también de quienes ingresan, comentaron las restauradoras Fa-nny Magaña Nieto y Cristian Hernández Ortega.
Antes de entrar al sepulcro milenario, Curiel de Icaza bendijo su acceso, para lo cual le sirvieron un caballito de mezcal y lo arrojó al piso formando una cruz a petición de las autoridades municipales; luego descendió para conocer de primera mano los vestigios zapotecas, mismos que permanecieron ocultos por generaciones.
Los demás funcionarios fueron descendiendo en parejas, debido a que el espacio aún es reducido, pues continúan los trabajos de rescate a cargo de los expertos del INAH; un investigador de dicha dependencia se tomó un momento antes de ingresar, levantó las manos y solicitó permiso al viento, a la tierra y a los zapotecas, pues reconoció que su entrada sería a una tumba que no le corresponde.
La emoción de los funcionarios, investigadores y pobladores se palpaba en el aire; también, la de los visitantes por tener el privilegio de apreciar fragmentos de historia, mientras los habitantes de Huitzo mostraban gran orgullo de sus raíces zapotecas.
Los locales pudieron acercarse y tomar fotografías al mascarón exterior con el búho, la alegría se notaba en sus rostros, se formaron, y uno a uno comenzaron a bajar las escaleras con cuidado para observar y fotografiar la pieza, así como los símbolos calendáricos, que muy pocos ojos habían presenciado en 14 siglos.