“Sabía poner en la voz sentimientos muy fuertes”
▲ Jaime Sabines fue escritor y diputado federal durante dos periodos legislativos; murió a los 72 años el 19 de marzo de 1999 a causa de cáncer.Foto Eliane Cassorla / Propiedad de Patrimonio de Coneculta Chiapas
Omar González Morales
Periódico La Jornada
Sábado 7 de febrero de 2026, p. 3
El 25 de marzo se cumplen 100 años del nacimiento del poeta Jaime Sabines (1926-1999), considerado uno de los mayores exponentes de la literatura mexicana del siglo XX. En entrevista con La Jornada, el escritor Óscar Oliva y la editora Carla Zarebska, quienes lo conocieron y destacaron su “gran generosidad y ternura”, relataron la gran importancia que tuvo el escritor chiapaneco en sus vidas, al ser fuente de inspiración, colega y amigo.
A Óscar Oliva Ruiz (Tuxtla Gutiérrez, 1937) los recuerdos de Jaime Sabines lo cobijan, pues siempre fue “un amigo que nos llenó a todos de ternura y generosidad. Era una persona llena de un cariño inigualable”.
El autor de obras como Horal, Tarumba y Algo sobre la muerte del mayor Sabines fue fundamental en la vida de Oliva Ruiz, pues algunas de sus vivencias juntos lo ayudaron a decidir dedicar su vida a las letras, todo gracias a su gran amistad.
“Lo conocí cuando yo tenía 14 años y él 25, en 1953. Era un pueblo pequeño y nuestros padres trabajaban juntos construyendo una carretera. Jaime se enteró de que yo había publicado mi primer poema en un diario escolar que se llamaba El Estudiante, y le dijo a mi papá que quería conocerme”, comentó.
“Era tierno y generoso”
Oliva Ruiz visitó a Sabines en la tienda de tela en la que trabajaba y éste lo invitó a leer unos poemas juntos: “Para ese entonces yo ya conocía sus libros Horal y Señal; ambos platicamos un buen rato de literatura, compartimos una botella bien fea de ron. Fue mi primera borrachera y nos hicimos buenos amigos. Lo veía una vez a la semana con tres o cuatro poemas, y él comenzó a leerme unos versos que luego fueron parte de Tarumba”, recordó.
“Fue tierno y generoso. Te mostraba sus trabajos sin importarle demasiado. Él escuchaba mis versos y no me corregía, trataba de entenderlos y después los discutíamos. Jamás se comportó como maestro, pero sin darse cuenta me inspiró. Me prestaba libros en los que conocí a Pablo Neruda, Vicente Huidobro y César Vallejo. Sin duda Jaime tiene la culpa de que yo siga en este andar poético.
“Tuve la fortuna de verlo trabajar. Tarumba es para mí su mejor libro. Creo que en esos momentos se sentía sólo, porque escribió una denostación de lo que sucede en un pueblo pequeño: ingratitudes, inconsciencia, enajenación, la pose de algunos intelectuales”, comentó el poeta.
Tarumba pasó como uno de los libros más criticados de Jaime Sabines. Para muchos de sus amigos, entre los que se encontraban Rosario Castellanos, Efraín Huerta, Efrén Hernández y Dolores Castro, la obra no era clara y dijeron no comprenderla. Sin embargo, para Óscar Oliva, era el retrato de una gran frustración y peso por el cambio de atmósfera: “es el que mejor refleja su cuestionamiento y su hastío, su duda sobre la tranquilidad de un pueblo que, a puertas cerradas, estaba rodeado de tragedias.
“No se enojó con sus amigos, a pesar de las críticas, los siguió queriendo. Me dijo: ‘vas a ver que Tarumba va a ser apreciado en unos 20 o 30 años’. Era visionario, porque tuvo razón. Se había adelantado a la antipoesía descarnada, como la de Nicanor Parra. En 1967 le tocó ser jurado del premio Casa de las Américas, y ahí se conocieron e intercambiaron libros. Se hicieron grandes amigos después de leerse”, relató.
Algo sobre su vida
En tanto, la editora Carla Zarebska (Cuernavaca, Morelos, 1969), quien en 2009, 10 años después de la muerte del poeta chiapaneco, publicó la biografía titulada Jaime Sabines: Algo sobre su vida (Random House), compartió: “lo conocí cuando yo tenía 21 años, estudiaba en la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México y me lo presentó Julio Derbez, porque querían hacerle un homenaje. Yo admiraba mucho su poesía. Él venía pasando por un momento delicado de salud, porque se había sometido a muchas operaciones y tenía problemas para caminar”, comentó Zarebska.
En 1989, una caída obligó a Jaime Sabines a ser hospitalizado en Chiapas. El proceso se complicó debido a una infección, por lo cual tuvo que someterse a más de 40 procesos quirúrgicos y padeció problemas de movilidad.
“Empecé a visitarlo, y tras seis meses de insistencia aceptó hacer un libro biográfico conmigo. Don Jaime tenía una personalidad muy fuerte. Pasamos dos años y medio trabajando, fue increíble, porque sacaba sus libretas de apuntes en las que escribía a mano su prosa, la cual me permitió ver de cerca”.
“Lo titulamos Algo sobre su vida como el poema que dedicó a su padre. Realizamos entrevistas con su hermano, Jorge, quien tenía una gran memoria sobre la historia familiar. Desgraciadamente, él falleció poco después de nuestro encuentro, pero de a poco rascamos más en su pasado. Jaime hizo una selección de poemas que sólo salieron en la primera edición. Fue un momento muy bello”, relató la editora.
Recordó que Sabines escribía con maestría. Sus textos, que plasmaba en libretas negras, eran muy pulcros y con pocas correcciones que solía hacer conforme creaba los versos. “Me llegó a contar que hacía ejercicios para no perder el ritmo de los sonetos. Era un lector muy ávido, desde su juventud, en la Facultad de Filosofía y Letras, daba ese aviso de que no era académico, sino un autor profundamente espiritual.
“Tenía facilidad para traducir las emociones. Era muy popular porque sus amigos eran gente sencilla: el de la tienda, el que atendía la farmacia, el dueño de una cantina. Eso nos muestra su tremenda facilidad para llenar cualquier escenario a donde fuera a declamar; me imagino que la forma en la que contaba las historias era como la de los antiguos bardos que sabían poner en la voz sentimientos muy fuertes. Eso no se estudia, se nace con ello.”