Logran captar por primera vez el registro completo de una estrella convirtiéndose en agujero negro – Muy Interesante
Durante décadas, la astronomía nos ha enseñado que el final de las estrellas masivas es el espectáculo más violento del cosmos: la supernova. Una explosión tan potente que puede eclipsar a toda una galaxia. Sin embargo, un equipo internacional de astrónomos acaba de confirmar, mediante un estudio publicado en Science, algo que desafía nuestra intuición: algunas estrellas simplemente se apagan. Han captado, con un detalle sin precedentes, el registro de una estrella «saltándose» el estallido final para colapsar directamente en un agujero negro. Es lo que la ciencia denomina una supernova fallida.
El misterio de la estrella que se esfumó
Todo comienza con la observación de una estrella supergigante roja en una galaxia cercana. Los astrónomos que la tienen en su radar saben que es una candidata perfecta para morir pronto. Esperan el brillo súbito, la onda de choque y los restos incandescentes. Pero, en lugar de eso, sorpresa, la estrella comienza a debilitarse de una forma anómala. No hay ráfaga de rayos gamma, ni una emisión masiva de luz visible. Simplemente, los telescopios dejan de verla.
Donde antes había un gigante de hidrógeno y helio, ahora solo hay un vacío que no emite luz, pero que ejerce una gravedad brutal. Este desvanecimiento silencioso es la prueba de que el destino de las estrellas más grandes del universo puede ser mucho más discreto y siniestro de lo que pensábamos.
Supernova fallida: cuando la gravedad gana por goleada
Para entender por qué una estrella decide no explotar, debemos imaginarla como una lucha constante entre dos fuerzas. Por un lado, la fusión nuclear en su núcleo empuja hacia afuera, intentando expandir la estrella. Por otro, la gravedad tira hacia adentro, intentando comprimirla.
En una supernova convencional, el combustible se agota, el núcleo colapsa y genera una onda de choque que rebota y lanza las capas exteriores al espacio. Pero en una supernova fallida, algo sale mal en ese rebote. La estrella es tan masiva que la gravedad es sencillamente demasiado fuerte. En lugar de explotar hacia afuera, el núcleo colapsa con tanta fuerza que «se traga» a la propia onda de choque antes de que esta pueda salir a la superficie. La estrella se desploma sobre sí misma como un edificio al que le quitan los cimientos, desapareciendo de la vista en un parpadeo cósmico.
El rastro infrarrojo: la huella del «asesinato»
Si la estrella ha desaparecido, ¿cómo saben los científicos que se ha convertido en un agujero negro y que no ha sido, por ejemplo, tapada por una nube de polvo? Aquí es donde entra la “arqueología” espacial de alta precisión.

Según vemos en el estudio, el equipo analizó los datos del Gran Telescopio Binocular y de los telescopios espaciales Hubble y Spitzer. Lo que encontraron fue un rastro térmico muy específico: un brillo infrarrojo que se desvanecía lentamente. Este calor no provenía de una explosión, sino de los últimos suspiros de la materia siendo engullida por el recién nacido agujero negro. El registro completo de este proceso permite confirmar que la masa de la estrella no fue expulsada al espacio, sino que permanece concentrada en un solo punto de densidad infinita.
“Faltan supernovas”
Este hallazgo tiene una implicación científica profunda. Durante años, los astrónomos han notado que «faltan supernovas”. Según nuestros cálculos sobre cuántas estrellas masivas hay, deberíamos ver muchas más explosiones de las que detectamos. Este estudio resuelve el enigma: muchas de esas estrellas no están explotando; se están convirtiendo en agujeros negros de forma silenciosa.
Esto cambia nuestra comprensión de la arquitectura del cosmos. Si una fracción significativa de las estrellas masivas muere de esta forma, el universo podría estar mucho más poblado de agujeros negros de masa estelar de lo que indicaban los censos anteriores. Agujeros negros que nacieron sin previo aviso, sin la fanfarria de una supernova, acechando en el vacío como fantasmas de mundos que nunca llegaron a estallar.
La importancia de captar el momento exacto
Captar una supernova fallida es órdenes de magnitud más difícil que captar una supernova brillante. Es tremendamente complicado encontrar restos de algo que no deja ni tan siquiera una señal medianamente medible. La importancia de este resultado, por tanto, radica en que los científicos han podido ver el antes, el durante y el después.

Tener la secuencia completa permite ajustar los modelos de física nuclear que explican cómo se comporta la materia bajo presiones extremas. Sabemos ahora que existe un «umbral de masa» crítico. Si la estrella supera cierto límite, la posibilidad de que la supernova falle aumenta drásticamente. Estamos empezando a mapear los límites de lo que la materia puede soportar antes de rendirse ante la gravedad.
El futuro de la observación: buscando lo que no brilla
Este descubrimiento marca el inicio de una nueva era en la astronomía de lo invisible. Con la entrada en servicio de nuevos observatorios terrestres y espaciales, la prioridad ya no será solo buscar los destellos más brillantes del cielo, sino monitorizar las estrellas que, de repente, dejan de estar ahí.
La supernova fallida nos recuerda que la naturaleza no siempre sigue los patrones de espectáculo que nosotros esperamos. A veces, los procesos más transformadores del universo ocurren en la más absoluta oscuridad. Esta estrella que se esfumó es una advertencia de que el cosmos todavía tiene formas de sorprendernos, recordándonos que incluso los gigantes más brillantes pueden tener un final silencioso, convirtiéndose en prisiones de luz de las que nada puede escapar.
Referencias
- Astronomers capture the complete record of a star becoming a black hole. EurekAlert, febrero 2026.
- Basinger, et al. (2025). The observational signature of a failed supernova and direct collapse to a black hole. Science. DOI: 10.1126/science.adt4853