La política monetaria afronta un nuevo desafío: el consumo en forma de “K” – Mapfre
La eficacia de la política monetaria en la zona euro y en otras economías avanzadas está afrontando un nuevo desafío. Se trata de la reaparición del patrón de consumo en forma de “K”, una tendencia que, aunque no es nueva, se ha consolidado durante los últimos trimestres, lo que dificulta el control de los precios y de las expectativas de inflación por parte de las autoridades, según advierte el Informe Panorama Económico y Sectorial 2026, elaborado por Mapfre Economics.
¿Qué es un consumo en forma de “K”?
Nuestro servicio de estudios lo describe como un patrón “divergente o desigual dentro de una economía, donde diferentes grupos de ingresos experimentan crecimientos marcadamente distintos”.
En el brazo superior de la “K” se sitúa el conjunto de los hogares “con ingresos más altos y las grandes empresas, que experimentan un crecimiento sólido, riqueza en expansión y una economía vibrante”, explica Mapfre Economics.
En el brazo inferior, por su parte, se ve representado el conjunto de las personas con ingresos más bajos y las pequeñas empresas, “que continúan enfrentando dificultades, estancamiento o declive económico”, añade el informe, que anticipa que esta tendencia se mantendrá en el futuro y permitirá interpretar el consumo en los próximos trimestres.
“Los hogares con mayores ingresos siguieron gastando sin problemas, mientras que los de renta media y baja fueron perdiendo capacidad de consumo, presionados por salarios reales estancados y un crédito más difícil de obtener. El resultado es un gasto agregado que se mantiene, pero cada vez más concentrado en quienes menos reaccionan a los cambios en los tipos de interés”, sintetizan los autores del informe.
Impacto en los bancos centrales
A la vista de este escenario, los bancos centrales se encuentran ante un desafío, ya que la consolidación de este consumo en “K” está impactando en la transmisión de la política monetaria, el principal mecanismo con el que cuentan las autoridades para tratar de controlar los precios y posibilitar las bases del crecimiento económico.
“La política monetaria pierde eficacia porque actúa sobre una base de consumidores cada vez más estrecha, a medida que la parte baja de la distribución queda atrapada en una dinámica de rigidez”, explica Mapfre Economics. Una gran mayoría está atrapada en una situación vulnerable, mientras que una minoría sostiene cada vez más la demanda.
“Esa asimetría no solo refleja mayor desigualdad, sino que afecta a la transmisión de la política económica, a la formación de expectativas y, a medio plazo, a la sostenibilidad del crecimiento”, advierte nuestro servicio de estudios.
Más allá de los bancos centrales, la nueva normalidad impuesta por el consumo en forma de “K” también supone un desafío para los gobiernos. La política económica de la zona euro y de otras áreas geográficas desarrolladas se enfrenta a un doble reto, advierte el informe: por un lado, “sostener la desinflación” sin ocasionar daños innecesarios en el conjunto de consumidores más vulnerables; por otro, “reforzar la inversión productiva” sin fomentar una escalada de los precios.