La Tate Modern explora cómo se convirtió Frida Kahlo en un ícono global
▲ Frida Kahlo retratada por Julien Levy en 1938, y obras de la pintora, Autorretrato con el pelo suelto (1947) y Autorretrato con traje de terciopelo (1926).Foto cortesía del Museo de Arte de Filadelfia y colecciones privadas
Cecilia Treviño
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Miércoles 18 de febrero de 2026, p. 3
Londres. “Una oportunidad para ver la obra de Frida Kahlo con ojos frescos” y observar el gran impacto que ha tenido por más de medio siglo es lo que ofrecerá la exposición Frida: la creación de un ícono, dijo a La Jornada Tobias Ostrander, curador de la galería Tate Modern, sede de la muestra que se exhibirá en la capital inglesa a partir del 26 de junio.
Esta exposición “no es sólo sobre Frida, sino que es una mirada hacia la artista como ícono cultural global, abarcando las múltiples facetas que la hicieron llegar hasta allá”, añadió. Más de 40 obras de Kahlo estarán acompañadas de piezas creadas por artistas impactados por ella durante más de cinco generaciones.
La exposición, que permanecerá en la Tate por más de seis meses, es una colaboración con el Museum of Fine Arts de Houston, donde actualmente se encuentra la muestra a cargo de Mari Carmen Rodríguez.
“Es una colaboración que empezó hace más de dos años”, dijo Ostrander, contento y entusiasmado. “Estábamos considerando hacer una exposición sobre Frida”, luego de la muestra monumental de la artista presentada en la Tate hace 21 años, “y sabíamos que Mari Carmen estaba trabajando en una, y así empezó el diálogo”.
Frida feminista, bisexual, indigenista, discapacitada, surrealista y, sobre todo, activista, estará presente en esta exhibición dividida en secciones semitemáticas y cronológicas que muestran cómo la artista “pasó de estar a la sombra de Diego hasta lograr tener la gran visibilidad que posee en nuestros días”.
El viaje que llevó a Frida Kahlo a convertirse en un ícono global, desde su “construcción y autoconstrucción”, sus afinidades con el surrealismo, su viaje al otro lado de la frontera y su adopción por los chicanos y chicanas, inician la muestra.
Los diálogos de género, su influencia en los artistas del neomexicanismo y su legado como activista forman un abanico que incluye obras de arte, objetos, vestidos, artesanías y las prótesis y corsés que utilizaba.
La sección Fridamanía está conformada por cuatro temas: “objetos comerciales, publicaciones, moda y arte popular, donde se incluyen las muñecas que eran de gran interés para Frida”, explicó Ostrander.
“Lo interesante de esta sección, más allá del consumismo, es lo que dice sobre nosotros y el deseo de ser parte de ella” por distintas razones, ya sea como símbolo de resistencia al sufrimiento, por el feminismo, el indigenismo o por los reflejos de la mexicanidad en objetos que, más allá de la posesión, llegan casi a la adoración religiosa.
Frida ha sido un ícono constante desde finales de los años 70 y ha logrado perdurar. A inicios de 2000, cuando los críticos consideraban un posible desvanecimiento del ícono Frida, resurgió con más fuerza entre los millenials, quienes la adoptaron como representante de las comunidades LGBT y de los artistas con discapacidades.
“Es un símbolo contra los prejuicios que ha dado gran presencia a personas y artistas con discapacidades. En Londres, el discurso sobre la discapacidad cuenta con un vocabulario político muy fuerte; será muy interesante la lectura que se pueda dar a esta parte de la exposición.”
El Autorretrato con collar de espinas y colibrí es emblema de la exposición. Un póster gigantesco se exhibe alrededor de la Tate desde el año pasado. De acuerdo con Ostrander, es un autorretrato clave de la artista.
“Fue pintado entre 1939 y 1940, cuando se divorció de Diego Rivera y empezó su deseo de vivir de su propia obra. A diferencia de otros autorretratos, en este mira al espectador de frente, como una santa, y con el collar de espinas y la sangre que evocan a Cristo”, explicó.
Clave en el fenómeno de la Fridamanía fueron los movimientos de chicanos en Estados Unidos. La Galería de la Raza, en San Francisco, realizó un homenaje en 1978, lo que permitió a muchas personas fuera de México conocer la obra de Kahlo.
Luego vino la biografía de Hayden Herrera, que se convirtió en bestseller y fue traducida a más de 25 idiomas.