Pigmentos morados y su poder antiinflamatorio – TecScience
Por Hipólito Otoniel Miranda Roblero, Selma Romina López Vaquera, Jorge Alberto Fragoso-Medina, Astrid Domínguez-Uscanga, Diego Armando Luna Vita y Noemí García Ramírez
Las antocianinas (ACNs) son pigmentos naturales que dan los tonos rojos, morados y azules de algunas frutas. Más allá de su color, son compuestos bioactivos con capacidad antioxidante y antiinflamatoria; por ello, se investiga su posible papel para reducir la inflamación crónica asociada con la obesidad.
El maíz morado, las cerezas, las fresas, los arándanos, las moras, las zanahorias y la col morada deben sus colores intensos a estos compuestos que cumplen funciones clave para la supervivencia vegetal: aportan pigmentación, ayudan a proteger los tejidos vegetales frente a la radiación ultravioleta y participan en la respuesta al estrés ambiental, además de favorecer la atracción de polinizadores.
Las antocianinas se sintetizan, en particular, cuando las plantas enfrentan condiciones adversas y presentan una notable actividad antioxidante. Diversos estudios les atribuyen, además, efectos hepatoprotectores (que protegen el hígado), antiinflamatorios, vasodilatadores y antiobesogénicos (que combaten o previenen la obesidad).
Hay investigaciones que proponen el uso de ACNs para tratar enfermedades inflamatorias, incluida la obesidad. Además, su consumo se ha relacionado con beneficios cardiovasculares y metabólicos gracias a su acción sobre las rutas del estrés oxidativo e inflamación.
La investigación Single anthocyanins effectiveness modulating inflammation markers in obesity: dosage and matrix composition analysis analizó la cantidad de ACNs presentes en alimentos como frutas, jugos y extractos, recurriendo a bases de datos y a la literatura científica.
Se recopilaron también datos de estudios clínicos que incluían composiciones y dosis individuales de antocianinas, junto con marcadores asociados a la obesidad e inflamación.
Esto permitió evaluar relaciones entre ACNs específicas, así como cambios en indicadores relacionados con la inflamación del organismo y el manejo de azúcares y grasas en la sangre, incluidos los niveles de glucosa, triglicéridos y colesterol “bueno” y “malo”.
También se evaluó la influencia de la matriz alimentaria —es decir, la forma en que el compuesto se consume, ya sea en jugo, fruto entero, extracto o cápsula—, ya que esta puede modificar su absorción y efecto en el organismo.
Pigmentos morados y obesidad
En personas con obesidad o con inflamación elevada, el consumo de antocianinas (ACNs) se ha asociado de forma consistente con la disminución de distintos indicadores relacionados con la inflamación y el metabolismo. Entre ellos destacan la proteína C reactiva —una señal de inflamación en el organismo—, otras moléculas implicadas en la respuesta inflamatoria, así como los triglicéridos y el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”.
Diversos estudios también reportan incrementos en el colesterol HDL o “colesterol bueno”, especialmente cuando se utilizan extractos ricos en delphinidina, un tipo específico de antocianina. Estos efectos suelen ser más evidentes en personas con enfermedades crónicas, como obesidad o diabetes mellitus tipo 2, donde la inflamación es persistente. En contraste, en individuos sanos los cambios tienden a ser modestos o inexistentes, probablemente porque parten de niveles normales y sin inflamación activa.
Los estudios indican que no todos estos pigmentos actúan de la misma manera. Algunos se han asociado con aumentos del llamado “colesterol bueno” (HDL), mientras que otros parecen ayudar a reducir señales de inflamación en el organismo. Sin embargo, todavía no es posible afirmar que sean los responsables directos de estos cambios.
En ciertos casos, los resultados son menos consistentes, lo que podría deberse a que algunos están presentes en menores cantidades en los alimentos o a que su efecto depende de cómo se consumen. Además, hay indicios de que podrían funcionar mejor en conjunto: determinadas combinaciones parecen potenciar la reducción de la inflamación más que cuando actúan por separado.
Aún con estos hallazgos, la evidencia actual no permite atribuir efectos específicos y aislados a una sola antocianina.
Antocianinas: cuándo funcionan
La clave parece estar en los metabolitos (pequeñas moléculas que se producen durante las reacciones químicas de nuestro organismo). Las antocianinas intactas se absorben en cantidades muy bajas, y la mayoría se transforma en el intestino, generando metabolitos que alcanzan concentraciones más altas en sangre.
Es probable que estos compuestos contribuyen —posiblemente en mayor medida que las ACNs intactas— a los efectos antiinflamatorios observados. Aún no es posible identificar los metabolitos responsables debido a limitaciones analíticas y a la falta de estudios clínicos con perfiles metabólicos completos.
Jugos, pulpas, cápsulas, frutos enteros y extractos tienen efectos diferentes porque presentan variaciones en biodisponibilidad, pH intestinal, composición en fibras y azúcares, presencia de otros polifenoles e interacciones entre antocianinas. En resumen: la forma en que se ingieren cambia la manera en que el cuerpo los procesa.
Factores como la cantidad de fibra, azúcares y otros compuestos presentes en el alimento influyen en cuánto se absorbe y en la cantidad que finalmente llega a la sangre.
Hasta ahora, la evidencia no muestra que los suplementos sean mejores ni peores que los alimentos naturales. Los extractos permiten controlar con precisión la cantidad consumida, mientras que las frutas y verduras aportan fibra y otros compuestos que pueden reforzar o complementar su efecto. En otras palabras, no se trata de elegir uno como “superior”, sino de entender que actúan de manera distinta.
Aunque varios estudios apuntan a beneficios en personas con obesidad, todavía no es posible atribuir efectos concretos a una molécula específica. Lo que sí sugiere el conjunto de investigaciones es que incluir alimentos ricos en estos pigmentos podría contribuir a regular la inflamación asociada con la obesidad, especialmente cuando forman parte de una alimentación equilibrada y acorde con el estado de salud de cada persona.
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Referencia principal
Otras referencias
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Autores
- Hipólito Otoniel Miranda Roblero. Es investigador posdoctoral del Institute for Obesity Research, del Tec de Monterrey. Realizó sus estudios de pregrado en Nutrición por la UICACH y obtuvo el grado de maestría por la UANL y el doctorado por la UdeG.
- Selma Romina López Vaquera. Es profesora de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, del Tec de Monterrey. Licenciada en Biotecnología Genómica, cuenta con una maestría en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV) y un doctorado por la Universidad Paris-Saclay.
- Jorge Alberto Fragoso-Medina. Obtuvo los grados de maestría y doctorado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
- Astrid Domínguez-Uscanga. Es profesora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, del Tec de Monterrey. Obtuvo el grado de maestría por la Universidad Veracruzana y el doctorado por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)
- Diego Armando Luna Vital. Es director regional de departamento en la Escuela de Ingeniería y Ciencias, del Tec de Monterrey. Es ingeniero en alimentos por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y obtuvo el grado de doctor por la Universidad Autónoma de Querétaro.
- Noemí García Ramírez. Es investigadora del Institute for Obesity Research y Líder del CoreLab Investigación Preclínica, del Tec de Monterrey. Es Química farmacobióloga, egresada de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Realizó sus estudios de maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel 2.