Nutrición estacional: por qué tu dieta debe cambiar entre invierno y verano – Imagen Radio
Con cada cambio de estación, nuestro cuerpo se adapta para mantener su equilibrio interno y seguir funcionando correctamente. El frío, las horas de luz y la disponibilidad de alimentos alteran tanto nuestros hábitos alimentarios como las necesidades nutricionales, y también influyen en cómo responde nuestro sistema inmunitario a los retos ambientales.
Por qué nuestro cuerpo no come igual en invierno que en verano
El organismo humano no es estático: responde a las variaciones de luz, temperatura y alimentos disponibles según la estación del año. Cuando llega el invierno, las horas de luz se reducen y el cuerpo necesita gastar más energía para mantener la temperatura corporal, provocando que se incrementen algunas demandas metabólicas y que las preferencias alimentarias cambien hacia opciones más densas en energía.
En verano, por el contrario, el cuerpo favorece alimentos ligeros y ricos en agua para optimizar la termorregulación y la hidratación, lo que explica por qué tendemos a preferir frutas y verduras frescas en esta temporada.
Cómo afecta esto al sistema inmunitario
La estación no solo dicta qué comemos, sino también cómo responde nuestro sistema inmunitario. En invierno, la menor exposición solar reduce la síntesis de vitamina D, un nutriente esencial para la función de los linfocitos T y otras células defensivas.
Además, estudios científicos han observado que la expresión genética y la composición de células inmunitarias circulantes varían según la estación, lo cual puede influir en la susceptibilidad a infecciones respiratorias y otras enfermedades estacionales.
Un desequilibrio nutricional puede debilitar esta respuesta: si comemos alimentos poco adecuados para la estación (por ejemplo, muchas comidas frías o ligeras en invierno), podemos poner en riesgo la eficiencia del sistema inmune en un momento de mayor presión por virus y bacterias.
Requerimientos nutricionales según la estación
Invierno:
- Prioriza calorías de buena calidad: carbohidratos complejos y grasas saludables para aportar energía constante y mantener el calor.
- Aumenta la ingesta de nutrientes clave como vitamina D, C, A, zinc y selenio, que apoyan la producción y maduración de células inmunitarias.
- Incluye alimentos de temporada como raíces, tubérculos, cítricos y pescados grasos.
Verano:
- Favorece alimentos hidratantes y ricos en micronutrientes como sandía, melón, pepino y tomate para equilibrar la pérdida de líquidos y mantener niveles óptimos de vitaminas y antioxidantes.
- Mantén una buena hidratación y frutas frescas para apoyar la respuesta inmunitaria frente al estrés por calor y los cambios hormonales que acompañan más luz solar.
Consejos prácticos: adaptar tu dieta sin complicaciones
- Come productos de temporada: además de ser más nutritivos, ayudan a tu cuerpo a sincronizarse con su entorno.
- Apuesta por alimentos ricos en antioxidantes, que combaten el estrés oxidativo asociado al frío.
- Equilibra macros y micronutrientes: mayor energía en invierno y mayor hidratación en verano.