El colibrí simboliza “cómo se concita la eternidad en un momento”: Víctor Toledo
El colibrí simboliza “cómo se concita la eternidad en un momento”: Víctor Toledo
▲ El autor durante la presentación de su libro el domingo pasado en Minería.Foto Marco Peláez
Reyes Martínez Torrijos
Periódico La Jornada
Martes 3 de marzo de 2026, p. 4
El colibrí es símbolo de la sincronicidad, “de cómo se concita la eternidad en un momento”, explicó el poeta Víctor Toledo sobre el ave central en su libro La espina del paraíso (Ediciones del Lirio), que fue presentado el domingo pasado en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).
Durante la charla con su colega Leticia Luna, el también ensayista contó que su texto “es un solo poema, pero escrito como si fuera un rosario, donde cada perla es otro poema en sí mismo. Esto es como una representación del vuelo del colibrí”.
Esa acción, añadió Toledo (Córdoba, 1957), “en la cual no sabe uno dónde quedó el instante o dónde quedó su eternidad. Todo transcurre en un solo tiempo, lo que aparece y desaparece es lo mismo”.
Añadió que “nos trae mensajes de nuestros muertos y del renacimiento, de sincronicidades. De la fuente original del Paraíso”.
El escritor leyó el epílogo “Los rostros del colibrí (el colibrí zurdo, del sur)”, incluido en este título, en el que consigna que en “otra interpretación de este infinito simbolismo en movimiento perpetuo, se podría traducir el nombre de México como la espina de jade, la espina del paraíso, además de ser una onomatopeya del nombre de esta ave sagrada en náhuatl, que es huitzilin.
“México se podría leer como un difrasismo (figura retórica mesoamericana consistente en referir un concepto abstracto mediante la combinación de dos metáforas o palabras), por decirlo así, frásico: el ombligo del mundo, pero también el colibrí del sur (del Edén, del Oriente, del sur, de la izquierda). O mejor: libre del maguey o, el colibrí del sur”.
Toledo continuó: “la religión más bella la predicó Quetzalcóatl: ser tolteca es alcanzar el vuelo de lo divino, del colibrí, del águila, del quetzal, la inmortalidad sagrada a través de la realización de la obra de arte (…) Grandes artistas surgieron entonces, masivamente, e inundaron erizando, volviéndolo florido, el territorio mesoamericano con pirámides, pinturas, esculturas, música, danzas y poesía”.
Más que animal, espíritu
El también traductor comentó “la maravilla de la naturaleza que es éste, yo diría, más que animal, un espíritu; es quizás el animal más asombroso y bello del mundo. Más que el propio tigre de Blake, de Borges. Una pequeña avecita. Ahí está el prodigio del ser y del vivir”.
El autor refirió que sus más recientes textos están relacionados con el jardín que cultiva: “siempre digo que es el jardín el que escribe mis libros”.
Recordó que el asombro causado por el colibrí comenzó cuando visitaba las huertas de la casa que habitaba en Córdoba y los veía, “muchas veces atraídos por mi padre, quien para ello traía orquídeas del campo. Ahora que tengo este jardín, afortunadamente, muchas especies que no pasaban por ese lugar se detienen o se reproducen ahí. Por eso surge este libro”.
Leyó varios textos de su poemario, como “La realidad es el colibrí”: “El río transcurriendo en el jardín / Un río secreto / Un río que rio / Que sólo se deja ver cuando su brillo vuela / Y su resplandor recala en una flor / El mar en la orilla del brillo de un pez claro de la rosa / De oro / Cuando la mirada se abre en ella / Y se extiende en la voz verdadera del jardín / En su luz real.
“En realidad el colibrí es la risa de mi alma / La risa de la luz, el río, la brisa / Que transcurre secreta, hondamente / De mis ojos al jardín y viceversa: / Viceverso y universo / En realidad el colibrí es el río oculto / Río de colores emplumados / que se puede vislumbrar cuando destella / La mirada de lo sagrado / Abriendo la superficie del tiempo, su apariencia de río, / encontrado su lecho:/ el cauce detenido de la eternidad.”
La poeta y editora Leticia Luna reseñó que el libro más reciente de Toledo es “una joya polícroma y aleteante, escrita sobre la magia del colibrí; de elevación literaria similar a la suspensión que realiza esta ave mitológica en el aire, para desplazarse a gran velocidad”.
La académica agregó: “el yo poético del auto se asoma en estos versos que también constituyen su cuaderno del alma, y que reconoce en el movimiento de las alas del colibrí a la voz que lo llama, desde todo lo que revela esta ave que habita en su jardín, flores donde anida, el amor como el grial, la veneración del cisne de la eternidad: la rosa, el vino como la ardorosa copla, espejos del sueño real del verdadero canto”.