Roscosmos reparó en dos meses la rampa de Baikonur que quedó inutilizable tras el lanzamiento de la Soyuz MS-28
Roscosmos anunció la conclusión de los trabajos de reparación en el complejo de lanzamiento 31/6 del cosmódromo de Baikonur, la única rampa operativa con la que Rusia cuenta para enviar naves Soyuz tripuladas y cargueros Progress a la Estación Espacial Internacional (ISS). La agencia espacial rusa informó que el próximo lanzamiento, el de la nave de carga Progress previsto para el 22 de marzo, comenzará a prepararse a partir del miércoles. Dmitri Bakánov, director general de Roscosmos, afirmó que la promesa de reparar la instalación antes del fin del invierno se cumplió en plazo.
La rapidez del trabajo —poco más de dos meses desde el incidente original— sorprendió a los analistas del sector, que en las horas posteriores al accidente estimaban que la reconstrucción de la estructura podría extenderse hasta dos años. El organismo precisó que durante las labores se desarrolló una nueva metodología de montaje y que participaron más de 150 especialistas en turnos sostenidos.
Qué ocurrió el 27 de noviembre y por qué fue grave
El 27 de noviembre de 2025, el cohete Soyuz-2.1a despegó desde la rampa 31/6 del Área 31 de Baikonur con la nave Soyuz MS-28 a bordo, transportando a los cosmonautas rusos Serguéi Kud-Sverchkov y Serguéi Mikayev junto con el astronauta de la NASA Christopher Williams hacia la ISS. La misión fue un éxito operativo: el acoplamiento con el módulo Rassvet del segmento ruso se produjo tres horas después del despegue, siguiendo el esquema rápido de dos órbitas.
Sin embargo, casi en simultáneo con el despegue, las imágenes del feed oficial de Roscosmos revelaron que la cabina de servicio móvil 8U216 —una plataforma articulada que se despliega alrededor de la parte inferior del cohete durante la preparación previa al lanzamiento para dar acceso a técnicos, líneas de combustible y sistemas de encendido— se había desprendido del complejo y caído varios metros hacia la trinchera de protección contra el fuego que corre bajo la rampa. Los videos que circularon en medios especializados mostraron la estructura volar unos veinte metros antes de impactar contra el foso, deformando puentes de acceso y elementos de la infraestructura subterránea.
El tipo de falla resultó inusual. La cabina de servicio está diseñada para replegarse en la pared de la rampa antes del momento de ignición, protegiéndose del escape de gases de los motores. En ninguna de las rampas Soyuz operativas —Baikonur, Plesetsk, Vostochny ni la del Puerto Espacial de Kourou en la Guayana Francesa— se había registrado un colapso de este tipo. Las causas exactas de la falla de sujeción no han sido confirmadas públicamente por Roscosmos.
Una sola rampa, sin alternativa disponible
La gravedad del incidente no residía únicamente en el daño físico sino en la ausencia de opciones de respaldo. La rampa 31/6 es desde 2019 o 2020 la única instalación operativa de Baikonur certificada para lanzamientos tripulados Soyuz y misiones de carga Progress hacia la ISS. La histórica Plataforma 1 —conocida como la rampa de Gagarin, desde donde despegó Yuri Gagarin en 1961 y que acumula más de cuatro décadas de historia de la cosmonáutica soviética y rusa— fue retirada del servicio de vuelos tripulados alrededor de 2019 tras años de desgaste y por falta de fondos para modernizarla a los estándares del cohete Soyuz-2.
Las rampas Soyuz de Plesetsk y Vostochny no estaban adaptadas para misiones a la ISS, y su modernización existía solo en documentos de planificación. Analistas rusos y expertos independientes como Anatoly Zak, que publica evaluaciones técnicas en RussianSpaceWeb, advirtieron en los días posteriores al accidente que las estimaciones de reparación de dos años no eran descabelladas, considerando que los componentes de la cabina 8U216 se fabricaban originalmente en Kramatorsk, Ucrania —una manufactura ahora inaccesible para Rusia— y que replicar esas piezas desde cero o extraerlas de otras instalaciones no activas como la rampa de Gagarin requeriría tiempo y capacidad industrial que el programa espacial ruso no tiene garantizada.
El impacto inmediato fue el retraso del lanzamiento del carguero Progress MS-33, que estaba programado para el 19 o 21 de diciembre de 2025 y cuya postergación generó incertidumbre sobre la logística de reabastecimiento de la ISS. La NASA coordinó con Roscosmos y confirmó que la estación contaba con reservas suficientes para cubrir una pausa en los lanzamientos rusos, mientras que la Dragon CRS-33 de SpaceX, acoplada en ese período, disponía de un kit experimental para elevar la órbita de la estación en ausencia de los Progress, cuya función de rebust de órbita es crítica para mantener a la ISS en la altitud operativa correcta.
La reparación: nueva metodología y tiempo récord
Roscosmos movilizó un equipo de más de 150 especialistas —en la fase inicial del trabajo se reportaron 130 empleados en dos turnos diarios de ocho de la mañana a medianoche, con 18 vehículos pesados de apoyo— para fabricar e instalar un equipo completamente nuevo en lugar de intentar reparar los componentes dañados. La agencia indicó que se desarrolló una nueva metodología de montaje durante el proceso, adaptada a la necesidad de ejecutar en semanas un trabajo que habitualmente requeriría meses de planificación.
El director general Bakánov recurrió a un compromiso concreto como termómetro del éxito: había prometido públicamente que la cabina estaría reparada antes de que concluyera el invierno, y el anuncio del 3 de marzo llega en los últimos días de esa estación en el hemisferio norte. La afirmación tiene valor simbólico en un contexto donde la capacidad de ejecución del programa espacial ruso es cuestionada por analistas externos, que señalan presupuestos reducidos, sanciones occidentales que limitan el acceso a componentes importados y la erosión acelerada de una base industrial que tardará años en adaptarse.
El próximo paso: el Progress y la misión tripulada de julio
Con la rampa rehabilitada, el primer vuelo que saldrá del complejo 31/6 será el del carguero Progress hacia la ISS, programado para el 22 de marzo. Después vendrá la prueba de mayor exposición política y operativa: la misión Soyuz MS-29, prevista para julio de 2026, que llevará a la tripulación de relevo para reemplazar a los tres ocupantes de la MS-28 actualmente en la estación. Ese vuelo marcará el primer lanzamiento tripulado desde Baikonur tras el accidente y será el indicador definitivo de que la infraestructura fue restaurada a plena capacidad operativa.
La reparación en tiempo récord reduce la presión inmediata sobre el calendario de la ISS, pero no disuelve el interrogante de fondo que el incidente del 27 de noviembre instaló con fuerza entre los analistas del sector: Rusia opera con una sola rampa activa para su acceso humano al espacio, sin redundancia funcional, en un momento en que su programa espacial enfrenta restricciones presupuestarias, rupturas en cadenas de suministro por las sanciones y la desaparición de la cooperación industrial con Ucrania, donde se fabricaban componentes clave de la infraestructura de tierra que Roscosmos tuvo que reaprender a producir. La velocidad de la reparación fue una demostración de capacidad de respuesta. Lo que queda pendiente es un plan para que la próxima falla no encuentre a Rusia sin alternativas.