Descubren la fuerza colosal que desgarró el «Gran Cañón» del Atlántico, una grieta de 500 …
Durante más de cuarenta años, los geólogos han observado con desconcierto el complejo King’s Trough, una estructura que rompe la monotonía del lecho oceánico con la violencia de una cicatriz mal curada. No encajaba en los modelos estándar de la tectónica de placas. Sin embargo, una investigación publicada en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosystems ha logrado por fin descifrar el origen de este gigante invisible. El equipo de investigadores, liderado por expertos de la Universidad de Durham y el Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, ha revelado que esta grieta no es fruto de un simple movimiento de placas, sino del nacimiento de una de las fuerzas más potentes de la naturaleza: el penacho mantélico de las Azores.
Este hallazgo supone un hito en la geología marina. La relevancia de este estudio reside en que explica por qué el suelo del Atlántico se fracturó de forma tan anómala, demostrando que la interacción entre una frontera de placas efímera y el ascenso de magma profundo creó esta megatrayectoria, un proceso de una magnitud que supera con creces la formación del Gran Cañón del Colorado.
El enigma del King’s Trough, una anomalía en el abismo
Para comprender la magnitud del descubrimiento, hay que visualizar la escala de esta formación. El King’s Trough se extiende por una distancia similar a la que separa Madrid de los Pirineos, con paredes que caen en vertical hasta los 4,5 kilómetros de profundidad. Lo que siempre desconcertó a la comunidad científica es que esta grieta no se encuentra en el centro del océano, donde las placas se separan, sino en una zona teóricamente estable.
Los investigadores utilizaron datos de batimetría y gravimetría de alta resolución para reconstruir el pasado geológico de la región. El análisis determinó que hace unos 50 millones de años, en el Eoceno, se produjo un tironeo colosal. La conclusión del equipo de Durham es que el nacimiento del penacho de las Azores generó una presión ascendente que debilitó la litosfera, permitiendo que una antigua frontera de placas, que debería haberse cerrado, se desgarrara de forma catastrófica.
Esta «lucha de fuerzas» entre el empuje del magma desde el manto y el movimiento lateral de las placas tectónicas es lo que dio forma a la cicatriz. No fue un evento lento y pausado, sino una serie de fracturas masivas que reconfiguraron el fondo del océano. El King’s Trough es, en realidad, el registro fósil de un momento en el que la Tierra intentó abrir un nuevo camino para el magma, una herida que nunca llegó a convertirse en un nuevo océano pero que dejó un abismo insondable como testigo.
El papel del penacho de las Azores: el motor del desgarro
El concepto de pluma o penacho mantélico es fundamental para entender este fenómeno. Se trata de columnas de roca extremadamente caliente que ascienden desde las profundidades del manto terrestre hasta golpear la base de la corteza. Al analizar la composición química y la densidad de las rocas en el King’s Trough, los científicos confirmaron que la llegada de este material caliente desde las Azores fue el catalizador que rompió el equilibrio tectónico, actuando como una cuña que separó el suelo oceánico.

Este proceso de «arqueamiento» y posterior colapso de la corteza explica las enormes montañas submarinas que flanquean la grieta. A medida que el penacho de las Azores empujaba hacia arriba, la corteza se estiraba y se rompía en bloques gigantescos. El estudio subraya que la estructura del King’s Trough es el resultado de un compromiso geológico entre el vulcanismo de punto caliente y la tectónica regional, una combinación que rara vez se observa con tanta claridad en el registro geológico submarino.
Una nueva ventana a la dinámica interna de la Tierra
La investigación permite ahora utilizar este complejo como un modelo para entender otros desgarros oceánicos en el planeta. La importancia de este hallazgo va más allá de la curiosidad geográfica; nos ayuda a predecir cómo se comportará la corteza terrestre en el futuro cuando se enfrente al ascenso de nuevas plumas mantélicas.
Los datos revelan que la actividad en el King’s Trough cesó hace unos 20 millones de años, dejando la estructura tal y como la vemos hoy: un museo geológico sumergido que guarda los secretos de la infancia de las Azores. Los científicos sostienen que el King’s Trough es una pieza clave para reconstruir la historia de la apertura del Atlántico Norte, permitiendo ajustar los modelos de movimiento de placas que hasta ahora eran incapaces de explicar esta anomalía.
Al final, lo que hoy vemos como un abismo oscuro y silencioso fue en su día el escenario de un choque de fuerzas que definen la vida de nuestro planeta. Entender que el suelo bajo nuestros pies, incluso a miles de metros de profundidad, es capaz de desgarrarse ante el empuje del calor interno nos devuelve una perspectiva de la Tierra como un organismo dinámico y, en ocasiones, violento. El Gran Cañón del Atlántico es la prueba de que, bajo el mar, la naturaleza todavía es capaz de escribir historias de una magnitud que apenas estamos empezando a leer.