Publicación invita a andar por El jardín de Velasco
▲ Retrato de José María Velasco (s.f.), de autor anónimo. A la derecha, dibujos del paisajista sin datar de colibríes del valle de Mexico.Foto Imágenes tomadas del libro El jardín de Velasco
▲ Dibujos de José María Velasco de la libreta 6 (1878) y la libreta 9 (s.f).Foto Imágenes tomadas del libro El jardín de Velasco
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Miércoles 18 de marzo de 2026, p. 2
El estereotipo de un José María Velasco (1840-1912) únicamente pintor de paisajes magistrales se derrumba y se reconfigura en El jardín de Velasco, exposición montada en el Museo Kaluz. El libro/catálogo de la muestra amplía la imagen de este artista que además fue científico, como consigna la constante presencia de la botánica en sus dibujos, bocetos, libretas y pinturas. La exhibición presenta un “nuevo Velasco a través de sus proyectos botánicos y su participación en los círculos científicos locales e internacionales”.
La publicación, que se presentó recientemente, revela también al Velasco explorador y dibujante de ruinas arqueológicas desde sus días estudiantiles en la Academia de San Carlos, como Metlaltoyuca, en Puebla, en el límite con Veracruz; el baño del rey Nezahualcóyotl, en Tetzcotzinco, estado de México; Cempoala, Veracruz; las pirámides del Sol y de la Luna en Teotihuacan y de las zonas arqueológicas aledañas a la ciudad de Oaxaca, como Mitla. El artista trabajó de 1880 a 1910 como dibujante del Museo Nacional, nombramiento que recibió directamente del presidente Porfirio Díaz. En su texto, Antonio Saborit se refiere a ese periodo en la vida del artista.
En 2023 el Museo Kaluz adquirió un acervo de más de 2 mil 200 piezas relacionadas con un Velasco “más personal”, con material recopilado por su familia. Gracias a eso se pudo concebir la presente exposición. Al estudiarlo, al guion curatorial se le dio el presente enfoque al encontrarse con un Velasco “sumamente relacionado con las ciencias. Digamos que Velasco está en un momento histórico en que se institucionalizan muchas de estas ciencias del siglo XIX como la arqueología y la botánica”, expresa el investigador Omar Olivares, cocurador de la muestra con Sara García Fernández. Se crean, además, comunidades científicas como la Sociedad Mexicana de Historia Natural (1868), en las que el artista estuvo presente.
Miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas, de la Universidad Nacional Autónoma de México, las líneas de trabajo de Olivares se centran en la pintura de paisaje y la cultura visual de la ciencia del siglo XIX. En el archivo se pone de relieve “la práctica botánica hecha por Velasco, sobre todo a partir de las nueve libretas de notas que existen en el archivo, donde la última contiene un mayor número de dibujos”. En colaboración con el equipo del Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM se identificaron en dichos apuntes más de 50 especies de plantas, lo que se asocia con el proyecto de la Flora del Valle de México que pretendió hacer en 1869, pero se canceló por falta de apoyo.
En las últimas páginas de la libreta se encuentra el herbario personal de Velasco. Además de dibujar los ejemplares botánicos, el pintor los colectaba y guardaba cuidadosamente entre sus páginas. De esta práctica destacan varias especies de helechos como el nativo de México, Pleopeltis madrensis, o el helecho dorado, Myriopteris aurea.
Al haber estudiado en la Escuela Nacional de Medicina con el reconocido botántico Lauro Jiménez, Velasco “heredó una gran tradición de exploración científica en el país”.
La exposición gira en torno a dos ejes principales: por un lado, quién fue Velasco como botánico y, por el otro, “que ese conocimiento botánico nos permita mirar de otra forma sus paisajes”, anota Olivares.
Velasco aprendió la pintura de paisaje con el italiano Eugenio Landesio (1810-1879), quien venía de una tradición con un carácter muy naturalista.
Revaloración y vigencia
¿A qué se debe la vigencia de Velasco?, se pregunta a Olivares, quien contesta que el pintor ha sido un “personaje central en la historiografía del arte”. Alcanzó una fama “espectacular” en el siglo XIX en el contexto de las exposiciones universales, en especial la de París en 1899, aunque al final de su vida experimentó un “olvido a raíz de los movimientos modernistas que ocurrieron a inicios del XX”. Sin embargo, en los años 40 del siglo pasado “se revaloró su obra y finalmente hubo una lectura más de la historia del arte y centrada en el paisaje. En eso son esenciales los estudios de Fausto Ramírez en los años 80 y, por supuesto, la exposición que organizó su bisnieta, la historiadora del arte María Elena Altamirano, en los años 90. Digamos que hay un periodo de mucha recuperación de Velasco. Esperemos estar en otro periodo de lectura que se sume”, puntualiza el investigador.
En El jardín de Velasco, título que alude a “su territorio de estudio y contemplación”, sólo se expone una pequeña parte del archivo, explica Olivares, para quien se trata de un acervo que “hay que trabajar mucho más”. Presentarlo es una manera de decir que existe y que tiene “muchas posibilidades de interpretación”. Para el estudioso, contar con el archivo de un paisajista con tantos materiales es un caso “único”.
La exposición El jardín de Velasco permanecerá hasta junio en el Museo Kaluz (avenida Hidalgo 85, colonia Centro, Ciudad de México).