¡Populismo legislativo total contra la minería moderna! | EL MONTONERO
Nueve proyectos de diversas bancadas legislativas, incluido uno de Renovación Popular, proponen establecer el concepto de “concesiones ociosas” en el Perú para que algunas áreas de la minería moderna reviertan al Estado en el preciso momento en que se han producido asaltos e invasiones de mineros ilegales en las concesiones formales en el Perú. Avanzar en una legislación de este tipo, a tontas y locas, cuando faltan semanas para instalar un nuevo Congreso, es una audacia que solo puede provenir de una estrategia para tolerar la minería ilegal.
¿Cómo se plantea el concepto de concesiones ociosas cuando apenas el 15% del territorio nacional corresponde a concesiones otorgadas a la minería moderna? ¿Acaso no se sabe que los conflictos que han desatado las invasiones y la violencia de la minería ilegal se focalizan en el corredor vial del sur –en donde se emplazan las empresas que producen el 40% del cobre nacional– y en la provincia de Pataz en La Libertad?
Las mencionadas invasiones que pretenden quebrar el sistema de propiedad en minería se desarrollan, precisamente, invocando el concepto de “concesiones ociosas” que se recoge en el predictamen de todos los proyectos de izquierda del Legislativo.
Uno de los grandes problemas de los legisladores que han ingresado al tema asumiendo el discurso acerca de que “la gran minería existe y se desarrolla porque margina y excluye a los pequeños” es que desconocen cómo funciona el sistema de propiedad minera en el mundo, un sistema que explica el avance de potencias mineras mundiales como Australia Canadá, Chile y el propio Perú.
¿Cómo funciona? A través de concesiones mineras de más 10,000 hectáreas con el objeto de crear el valor suficiente para conseguir financiamiento del sistema financiero internacional. Por ejemplo, a partir de un área con reservas probadas de mineral se solicita una concesión de más de 10,000 hectáreas con el objeto de que el proyecto minero combine dos actividades esenciales: la explotación de las reservas probadas y la exploración constante e ininterrumpida. En otras palabras, con la concesión otorgada la empresa acude al sistema bancario mundial para conseguir entre US$ 1200 millones y US$ 10,000 millones. Ninguna empresa formal tiene esa cantidad en caja. Luego de conseguido el financiamiento se explota el mineral con el objeto de pagar la obligación financiera mientras se desarrolla una frenética labor de exploración para ampliar la vida útil de la mina e incrementar la rentabilidad.
En la labor de exploración está una de las claves de la minería moderna. La empresa, al ampliar las reservas probadas de mineral, incrementa las reservas de un país (el ejemplo del cobre en el Perú) y expande el bienestar de la sociedad, de la región, de la provincia y de la comunidad a través del pago de impuestos.
Sucede que la desfachatez de los proyectos de la izquierda –en el afán de destruir el capitalismo nacional– pretende legalizar las invasiones y asaltos de los mineros ilegales en las zonas con reservas probadas de mineral (sin explotar todavía) conseguidas luego de años de incesante trabajo de exploración. El caso de las invasiones en el corredor minero del sur es paradigmático.
Si se aprobara el concepto de concesiones ociosas desde el Legislativo se estaría fomentando y alentando las invasiones de las minas con reservas probadas sin explorar. Se destruiría la minería moderna y la posibilidad del Perú como potencia minera mundial porque, simplemente, se detendría en seco la posibilidad de nuevas inversiones y se cancelaría todos los proyectos de exploración.
La posibilidad de agotar nuestro potencial minero –tal como sucedió en Bolivia con el gas por falta de exploración– estaría a la vuelta de la esquina. Y la izquierda antisistema, sin necesidad de tomar el poder, sin necesidad de una asamblea constituyente, estaría desarrollando su revolución anticapitalista en el Perú.