La Diócesis de Vitoria, contra el racismo
El 21 de marzo es el Día Internacional por la Eliminación de la Discriminación Racial. Una jornada instaurada por Naciones Unidas y que apela a toda la Humanidad para tratarse entre sí como una gran familia sin colores ni razas.
Un 21 de marzo de 1960, la policía abrió fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra la ley de pases del apartheid que se practicaba en Sudáfrica. En memoria de aquellas víctimas inocentes, la Asamblea General de Naciones Unidas fijó que cada 21 de marzo se celebrara este día contra el racismo.
En el marco de esta fecha, la Diócesis de Vitoria, a través de su Delegación de Migraciones, ha elaborado un manifiesto que compartimos a continuación titulado ‘Movilizar la voluntad política‘ y trabajado conjuntamente con las diócesis de Bilbao, San Sebastián, Pamplona y Calahorra y La Calzada-Logroño.
‘Movilizar la voluntad política’
MANIFIESTO
El 21 de marzo, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, es una llamada a la memoria, a la reflexión y, sobre todo, a la acción comprometida de nuestras comunidades. Se nos invita a no olvidar, a recordar a quienes han sufrido y siguen sufriendo discriminación por su origen, el color de su piel o su identidad cultural o religiosa. La memoria es necesaria para construir sociedades más justas, porque solo reconociendo las injusticias del pasado y del presente, podemos evitar que vuelvan a repetirse.
La lucha contra el racismo y la xenofobia forma parte también del compromiso cristiano con la dignidad de toda persona. Como Iglesia, creemos que cada ser humano es portador de una dignidad inviolable y que la diversidad de pueblos, culturas, lenguas y religiones, es una riqueza que nos invita al encuentro y a la fraternidad.
Este año, bajo el lema ‘Movilizar la voluntad política’, se nos recuerda que la lucha contra la discriminación racial requiere decisiones concretas y compromisos reales por parte de las instituciones y de toda la sociedad.
- Erradicar el racismo no es solo una aspiración ética, sino una responsabilidad que interpela a nuestras estructuras sociales, políticas, religiosas, y también a nuestras propias actitudes y conductas.
- No basta con rechazar el racismo, la xenofobia, el odio y todo lo negativo y contradictorio que los acompañan cuando aparecen y se extienden de forma evidente.
- Recibimos la llamada a revisar nuestros prejuicios; a denunciar cualquier forma de discriminación; a desmentir rumores y bulos; y a promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad.
- Creemos que la educación intercultural e interreligiosa, el diálogo y la participación de todas las personas son claves para avanzar hacia una convivencia basada en el respeto y la justicia.
- Del mismo modo, es necesario promover y exigir políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades y la inclusión real de quienes forman parte de nuestras sociedades.
Dirigimos un llamamiento particular a quienes tienen responsabilidad en el gobierno de las naciones e influencia en los medios de comunicación y redes sociales, para hacer siempre honor a la verdad y no generar y divulgar ningún tipo de mensaje (escrito, oral, visual) que aliente el odio, el enfrentamiento, el rechazo, la marginación, la discriminación, la violencia, el racismo y la xenofobia.
Hacemos un llamamiento a las comunidades cristianas para reafirmar nuestro compromiso por:
- Denunciar actitudes racistas, xenófobas y discriminatorias dentro de la Iglesia, evitando generalizaciones y discursos falsos y estigmatizantes hacia personas o colectivos de cualquier lugar y cultura, y mimando entre todos, los procesos de integración con espíritu de familia.
- Caminar junto a quienes sufren estas situaciones, la mayoría personas migradas, escucharlas, reconocer sus aportaciones y trabajar con ellas —no solo para ellas— en la construcción de una sociedad y una Iglesia más inclusivas, fraternas, pacíficas y pacificadoras.
- Impulsar el encuentro, creando espacios propios, denunciando la discriminación, fortaleciendo comunidades donde ninguna persona sea excluida, y trabajando por el respeto a la libertad religiosa.
- Seguir construyendo comunidades acogedoras, donde cada persona pueda sentirse reconocida, valorada, amada, y parte de una misma familia humana y/o cristiana. La acogida, el acompañamiento y la integración son caminos que solo pueden recorrerse desde la colaboración y el encuentro entre personas diferentes pero iguales en su esencia y en su ser.
En este 21 de marzo renovamos nuestro empeño con la convivencia, la justicia y la fraternidad universal. Junto a las personas señaladas, excluidas y migrantes queremos seguir tejiendo comunidades abiertas, acogedoras y solidarias, donde la diversidad sea reconocida como una riqueza y un don y todas las personas puedan vivir con dignidad, respeto e igualdad.
“Los migrantes no deben encontrar el estigma de la discriminación a su llegada” Papa León XIV

Lee o descárgate el manifiesto en:
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