Vaca Muerta y la minería siguen lejos de compensar la caída del empleo en … – Contexto Tucumán
«Este boom no es solo una noticia para el sector energético: es la base de una realización nunca antes vista. La energía barata es el insumo transversal que cambia la ecuación de localización industrial… Veremos crecer la petroquímica, la siderúrgica, el aluminio -pero no del tongo-, la producción de hidrógeno, el procesamiento de litio y minerales críticos. Y veremos data centers y capacidad de cómputo instalarse en la Patagonia, donde el frío natural y la energía implican y crean condiciones únicas para la infraestructura de la Inteligencia Artificial… Muchos temen que en la Argentina del mañana falte trabajo, pero nosotros no. Todas estas nuevas industrias van a suplir con creces la demanda de trabajo retirada por las viejas industrias, y con muchos mejores sueldos», dijo Milei ante diputados y senadores.
Sin embargo, más allá de esa visión optimista, al menos hasta ahora la realidad se empeña en ser más compleja que los argumentos -o dogmas- volcados en un discurso. En la pulseada entre lo nuevo y lo viejo, la destrucción de empresas viene avanzando en forma más acelerada que la creación de nuevas firmas. El resultado de esas dos velocidades es que en diciembre del año pasado había 22.608 empresas menos que en noviembre de 2023, según el centro de investigación Fundar. Se trata de la peor caída en los primeros 25 meses de un gobierno desde 2003, lo que implica que el descenso fue incluso mayor al período que incluyó las cuarentenas dispuestas en 2020.
Ese derrumbe empieza a reflejarse en el índice de desocupación. Aunque amortiguada por el aumento explosivo del empleo precario, por ejemplo, en las apps de transporte y reparto, la tasa de desempleo subió en el cuarto trimestre del año pasado al 7,5%, un incremento de 1,1 puntos porcentuales con respecto al mismo trimestre de 2024. Con eso, al cierre de 2025 había unos 250.000 desocupados más que un año atrás.
Esa alza no tiene misterios. Entre los sectores -¿viejos?- más golpeados por el actual modelo económico están la industria y la construcción, justamente aquellos que tienen mayor demanda potencial de puestos de trabajo. De hecho, en los partidos del Gran Buenos Aires, donde se asientan una buena parte de las industrias del país, la desocupación pasó del 7,4% al 9,5% en los últimos dos años. En el Gran Córdoba, el Gran La Plata y San Nicolás-Villa Constitución, donde también hay una larga tradición fabril, se repite el panorama con índices de desempleo del 8,8%, 9,5% y 9,4%, respectivamente.
En sentido inverso, y en línea con las previsiones formuladas por el presidente, el desempleo en el aglomerado Neuquén-Plottier, cercano a Vaca Muerta, cayó en el último año de 3,9% a 2,3%, un descenso de una dimensión solo superada en ese período por la región Jujuy-Palpalá entre los 31 centros urbanos revelados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). El problema es que, aún con ese salto, el impacto de Vaca Muerta sigue siendo limitado en términos de empleo. De acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realizada por el Indec, en Neuquén-Plottier hay una población total de 328.000 habitantes, de los cuales 150.000 integran la población económicamente activa (PEA), aquellos que trabajan o buscan activamente trabajo.
Cuánto podrán aportar los ganadores
El balance entre los empleos generados por los sectores ganadores y los expulsados en los rubros perdedores viene dando negativo. Sin embargo, el gobierno apuesta a que ese desfase se irá corrigiendo con el tiempo. «El Gran Neuquén, en pocos años, será otra de las metrópolis argentinas. Y quiero decirles que ya muchas otras ciudades cuentan con el mismo potencial. La minería se desplegará por toda la Cordillera, generando cientos de miles de puestos de trabajo», dijo Milei en la apertura de sesiones ordinarias. ¿Será así?
«Hoy trabajar en Vaca Muerta no solo implica operar en el campo petrolero, hay una creciente búsqueda de especialistas en mantenimiento, automatización, seguridad, medio ambiente y digitalización, junto con perfiles vinculados a la gestión sustentable», dijo a El Economista Federico Madro, cofundador de MV Recursos Humanos, una consultora especializada en la selección de perfiles para el sector petrolero que opera en Neuquén y Río Negro. «Además, los rubros que acompañan el avance del shale, como logística, alimentación, comercio, construcción y servicios, mantienen una alta demanda de personal calificado, tanto en puestos profesionales como operativos», añadió.
Esa dinámica promete acelerarse. Horacio Marín, presidente de YPF, estimó que solo el megaproyecto Argentina LNG, enfocado en la producción y exportación de gas natural licuado, «generará seguro 40.000 puestos de trabajo» entre directos e indirectos en los próximos años.
Son proyecciones muy positivas, pero que, por ahora, no alcanzan ni siquiera a compensar la pérdida de empleo en otras áreas del sector de hidrocarburos. Por caso, la salida de YPF y de empresas de servicios como Halliburton y Schlumberger de las cuencas maduras del Golfo San Jorge provocaron en esa área una caída de la producción de gas del 33% y de la producción de petróleo, del 20% entre 2017 y 2025. Con eso, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentina (SIPA), en los últimos dos años se perdieron más de 18.000 puestos de trabajo registrado en Santa Cruz y Chubut. De hecho, Río Gallegos, una ciudad vinculada a la actividad carbonífera y petrolera en Santa Cruz, registró en el último año el mayor salto de la desocupación en el país, luego de Corrientes: pasó del 6,1% al 9,5%.
«Dentro del sector de hidrocarburos, el no convencional demanda menos trabajo que el convencional, y por eso hasta ahora Vaca Muerta no fue capaz de compensar ni siquiera la destrucción de puestos de trabajo de los puestos convencionales», dijo a El Economista Guido Zack, director de Economía de Fundar. «Menos que menos vamos a pedirle a Vaca Muerta que compense rubros mano de obra intensivos como industria y construcción», agregó.
A los impactos del modelo económico sobre el empleo hay que sumarle cuestiones culturales. A diferencia de lo que ocurre en países como Estados Unidos, en Argentina no hay una gran tradición de traslado en busca de opciones laborales. Además, la falta de infraestructura también juega en contra. «Las localidades cercanas a Vaca Muerta están enfrentando una creciente demanda de infraestructura: las vacantes en las escuelas, la disponibilidad de viviendas, la capacidad de los centros de salud y el transporte son algunos de los principales retos», señaló Madro. «Mudarse a la zona sin tener una oferta laboral concreta puede ser un riesgo considerable; si alguien decide hacerlo, es fundamental contar con un ahorro que permita cubrir aquellos meses que se invertirán en la búsqueda laboral, ya que los procesos de selección en ocasiones pueden demorarse más de lo previsto», añadió.
Otro cuello de botella que pone un techo bajo a la potencial demanda es la falta de personal calificado. En respuesta a esas necesidades se creó recientemente el Instituto Vaca Muerta, un centro de formación técnica en el Polo Científico Tecnológico de la ciudad de Neuquén que apunta a cubrir la demanda de unos 17.000 puestos de trabajo a corto plazo. Sin embargo, aún con esos esfuerzos valorables, el número sigue siendo relativamente bajo con relación a la destrucción de empleo en otros sectores. «Cada sector aporta lo que le corresponde: el de hidrocarburos lo que le puede dar a la economía argentina no es tanto empleo, sino divisas», dijo Zack.
Los otros sectores ganadores tampoco prometen aportar demasiado en términos de puestos de trabajo. El auge del litio, por ejemplo, no llega a compensar ni siquiera el mal desempeño que viene teniendo la minería ligada a la construcción en los últimos años. En tanto, en el caso de la intermediación financiera, la digitalización viene haciendo que disminuya la cantidad de personal en sucursales bancarias.
En ese marco, el año pasado se registraron por primera vez desde 1997 dos tendencias opuestas en simultáneo: crecimiento de la economía (4,4%) y caída del empleo registrado en el sector privado (-0,4%). «Destrucción creativa es cuando ante una crisis desaparecen las unidades productivas menos eficientes, y a partir de esa estructura más eficiente, la economía empieza a crecer, pero en Argentina están cayendo empresas que son igual o más productivas que sus pares de la región», dijo Zack». «No hay destrucción creativa ni un desplazamiento geográfico de los puestos de trabajo, sino una tendencia decreciente del empleo en el país con algunas excepciones», concluyó. /El Economista