Más de 44 millones de mexicanos padecen hambre; bancos de alimentos llaman a frenar el …
En Chihuahua más de 380 mil viven con pobreza alimentaria, mientras toneladas de comida se desperdician; especialistas urgen a fortalecer la cultura del aprovechamiento y la donación
Venessa Rivas

La pobreza alimentaria sigue siendo una de las crisis más alarmantes a nivel global y nacional. En el mundo, de una población cercana a los 8 mil millones de personas, alrededor de 753 millones padecen hambre, una cifra que refleja la gravedad de un problema estructural que no ha logrado resolverse, indicó Adrián Aguirre, director de Cáritas Chihuahua.
En México, la situación no es menor. De casi 130 millones de habitantes, más de 44 millones de personas enfrentan dificultades para acceder a una alimentación suficiente y de calidad, lo que representa un porcentaje significativo de la población que vive en condiciones de vulnerabilidad.
En su participación en el Foro NutriChihuahua, dijo que en el caso del estado de Chihuahua, durante 2024 se registraron más de 380 mil personas en situación de pobreza alimentaria. Aunque la entidad se mantiene entre las de menor índice en el país, el problema persiste y afecta principalmente a zonas urbanas como Ciudad Juárez, donde se concentra más de la mitad de esta población.
El ingeniero Adrián Aguirre explicó que la pobreza alimentaria se define como la falta de acceso físico y económico a alimentos nutritivos en cualquier momento de la vida. Esta condición puede variar desde niveles moderados hasta severos, y tiene consecuencias directas en el desarrollo social, educativo y económico de las personas.
Entre las principales causas de este fenómeno se encuentran la pobreza, los bajos ingresos, la inseguridad, la baja producción agrícola, así como factores sociales como la violencia y el desplazamiento de comunidades, especialmente en zonas serranas.
Las consecuencias son profundas: desnutrición, bajo rendimiento escolar, problemas de salud y un ciclo de subdesarrollo que afecta principalmente a niñas, niños y adultos mayores. Muchas familias enfrentan el día a día sin la certeza de contar con alimentos suficientes.
Sin embargo, paralelo a esta crisis existe otro problema igualmente preocupante: el desperdicio de alimentos. A nivel mundial se tiran aproximadamente mil millones de toneladas de comida cada año, de las cuales el 60 por ciento proviene de los hogares.
En México, el desperdicio alcanza cerca de 30 millones de toneladas anuales. Esta cifra resulta especialmente crítica, ya que con esos alimentos se podría alimentar a toda la población que padece hambre en el país, e incluso sobraría.
El desperdicio ocurre en toda la cadena de valor: desde el campo, donde hasta el 30 por ciento de las cosechas se pierde por falta de infraestructura, hasta supermercados, restaurantes y hogares, donde la mala gestión y el desconocimiento contribuyen a que los alimentos terminen en la basura.
Además del impacto social, el desperdicio también genera consecuencias ambientales. La producción de alimentos implica un alto consumo de agua, energía y recursos naturales, por lo que tirarlos representa un costo ecológico significativo, incluyendo emisiones de gases contaminantes.

Ante este panorama, los bancos de alimentos en Chihuahua desempeñan un papel clave. En el estado operan seis bancos que trabajan de manera coordinada para rescatar alimentos y distribuirlos entre la población vulnerable, logrando movilizar más de 7 mil toneladas al año.
Estas organizaciones funcionan como un puente entre productores, empresas y la sociedad civil, recuperando alimentos del campo, supermercados, restaurantes y la industria, para entregarlos en despensas balanceadas que incluyen frutas, verduras, abarrotes y lácteos.
Más allá de la entrega de alimentos, los bancos también impulsan programas de capacitación en nutrición, salud y desarrollo comunitario, con el objetivo de atender la pobreza desde una perspectiva integral y no solo asistencial.
Finalmente, el director de Cáritas Chihuahua dijo que combatir la pobreza alimentaria requiere no solo de esfuerzos institucionales, sino también de un cambio cultural. Reducir el desperdicio, planificar las compras, conservar adecuadamente los alimentos y fomentar la donación son acciones clave para garantizar que la comida llegue a quienes más la necesitan.