Minería, inversiones y desarrollo: el modelo que propone Catamarca – Ámbito Financiero
La economía de Javier Milei empezó a mostrar un dato que el Gobierno considera central: la macroeconomía dejó de estar asociada al desborde permanente. La inflación bajó con fuerza desde el inicio de la gestión, aunque en los últimos meses esa desaceleración se estancó y no logra quebrar con claridad el piso del 2%. El equilibrio fiscal, convertido en la gran bandera oficial, fue inicialmente aceptado como parte del esfuerzo de ordenamiento, pero ya comienza a mostrar límites de sustentabilidad en el tiempo y un impacto cada vez más sensible sobre las provincias. En paralelo, el orden monetario pasó al centro del programa.
Mientras la Casa Rosada presenta esas señales como prueba de un cambio de rumbo, en las provincias empieza a imponerse otra discusión: cómo convertir esa estabilización en movimiento real de la economía. La clave ya no pasa solo por ordenar variables, sino por lograr que ese equilibrio se transforme en crédito, inversión y consumo.
El problema argentino no es solo cómo ordenar la macro, sino cómo volver a poner en movimiento el circuito del ahorro, la inversión y el crédito. En una economía normal, el ahorro se canaliza hacia el sistema financiero y regresa como financiamiento para producir, invertir y consumir. En la Argentina, en cambio, buena parte del ahorro busca refugio en el dólar y queda fuera del circuito en pesos, lo que limita su capacidad de transformarse en inversión productiva local. En ese contexto, si el consumo interno debe recuperarse a través de más intercambio de bienes y servicios, el crédito accesible aparece como una pieza central para reconvertir industrias, ampliar capacidad instalada y sostener actividad. Esa discusión es la que, con otro lenguaje, empieza a tomar forma también en Catamarca.
La discusión que empieza en las provincias
Ahí se ubica la diferencia de enfoque que intenta marcar Raúl Jalil. El gobernador no discute la necesidad de estabilidad ni rechaza la llegada de grandes inversiones. De hecho, volvió a defender una estrategia de crecimiento apoyada en la articulación entre minería y otros sectores productivos, con la idea de que el desarrollo provincial no se limite a exportar más, sino que también fortalezca proveedores, servicios, infraestructura y empleo local. En esa mirada, la minería no debería funcionar solo como generadora de divisas, sino como punto de apoyo para una economía más integrada.
El punto de contacto con la estrategia nacional está claro. El RIGI, que quedó operativo en octubre de 2024 para proyectos desde los u$s200 millones, fue pensado justamente para dar previsibilidad y acelerar inversiones de gran escala en sectores estratégicos, entre ellos la minería. Jalil no se corre de esa lógica: la toma como oportunidad, pero agrega un matiz decisivo. En el panel ‘Debate Federal II’, en el marco de la AmCham Summit 2026, ‘Una Argentina federal en desarrollo’, organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, el gobernador propuso ampliar el RIGI para que no quede restringido exclusivamente a grandes proyectos de más de 200 millones de dólares, sino que pueda incluir inversiones menores y pequeños inversores. La intención es que el desarrollo no quede concentrado en pocos actores de gran escala, sino que tenga mayor repercusión territorial y una llegada más directa sobre la vida económica de las provincias.
Raúl Jalil en AmCham
Foto Mariano Fuchila.
Ese planteo introduce una mirada más federal sobre el debate económico. Mientras el Gobierno nacional exhibe como fortalezas la desinflación, el superávit y la mejora del frente financiero, desde las provincias surge la necesidad de que esa estabilidad macroeconómica se conecte con empleo, obra, proveedores, salarios y consumo. Es decir, que el orden macro no se agote en la caja del Tesoro o en la acumulación de reservas, sino que también se traduzca en movimiento económico concreto.
Lo que ocurre en Chile es un ejemplo de cómo podría funcionar un diseño como el que propone Jalil. Cuando se va por el Paso San Francisco hacia Copiapó, en la parte chilena se ven decenas de exploraciones y explotaciones mineras de distintas empresas, grandes y chicas. Se advierte un gran movimiento de camiones y camionetas rojas (el color elegido por todas las mineras) y decenas de caminos privados que suben a los cerros para la exploración. Allí hay cobre, hierro, litio y otros minerales. No es solo la estatal CODELCO. El mapa minero de Chile consigna empresas como Salares del Norte, Cerro Negro, Salvador, La Copia, Maricunga y Ojos del Salado. Son 12 y proyectan la actividad económica sobre los proveedores, porque necesitan ropa de trabajo, herramientas, reparaciones en talleres y otros servicios.
En ese escenario, las últimas señales del Banco Central pueden ser leídas como algo más que una decisión técnica. En marzo, el BCRA redujo en cinco puntos los encajes sobre depósitos a la vista en pesos, con el objetivo de aflojar la presión sobre las tasas y darle más aire al sistema financiero. Y este 16 de abril de 2026 dio un paso adicional: flexibilizó la integración diaria mínima permitida para los bancos, bajándola del 75% al 65%, una medida que apunta a mejorar el manejo de liquidez y reducir la volatilidad de las tasas. Ese movimiento refuerza una idea que empieza a ganar consenso: sin crédito, la estabilización corre el riesgo de quedarse más cerca de las cuentas públicas que de la actividad privada.
No es un dato menor. El propio Banco Central informó que en el primer semestre de 2025 el 73,4% de las MiPyMEs con certificado tenía financiamiento, que unas 161 mil empresas se incorporaron al mercado de crédito y que los saldos financiados crecieron 19%. Esos números sugieren una recomposición, pero también muestran que todavía hay un margen enorme para profundizar el acceso al financiamiento productivo, sobre todo en economías regionales donde la inversión necesita más tiempo y tasas razonables para traducirse en producción y empleo.
Desde Catamarca, esa necesidad tiene una traducción concreta. Si el ahorro de los argentinos no vuelve de manera masiva al sistema en pesos porque sigue buscando cobertura en el dólar, entonces la salida para mover la economía real no pasa solo por esperar un derrame automático de la estabilidad. Pasa por lograr que haya financiamiento disponible para que empresas locales se modernicen, amplíen escala, incorporen tecnología y se conecten con la cadena de valor que abre la minería. Ahí es donde la mirada de Jalil se despega del discurso puramente macroeconómico: no alcanza con ordenar, también hay que activar.
Por eso, más que una impugnación a Milei, lo que Catamarca pone sobre la mesa es una discusión sobre la segunda etapa del programa económico. La primera puede haber sido la de la estabilización. La siguiente, para las provincias, debería ser la del crédito, la reconversión productiva y el desarrollo territorial.
En términos políticos, Jalil busca instalar exactamente eso: que el debate no termine en la macro, sino que empiece de verdad cuando esa macro se convierta en trabajo, inversión y consumo. Y en una provincia minera, esa diferencia de enfoque no es menor: define si los dólares solo entran o si además se quedan, circulan y empujan una economía más amplia.
Senador Nacional por Catamarca- Bloque “Convicción Federal”.