La Guerra en Medio Oriente golpea a América Latina con alza en energía y alimentos
Ciudad de México.- La guerra en Medio Oriente comenzó a sentirse con mayor fuerza en América Latina y el Caribe , no solo por la incertidumbre internacional que ha generado, sino por sus efectos directos sobre los precios de la energía , los alimentos , el transporte y el financiamiento. Aunque el conflicto ocurre a millas de kilómetros de distancia, sus consecuencias ya empiezan a reflejarse en una región marcada por profundas diferencias económicas, donde algunos países podrían obtener beneficios temporales por la alza del petróleo , mientras otros enfrentan un escenario más complejo por su dependencia de las importaciones energéticas, el turismo y el endeudamiento.
La advertencia fue planteada por el Fondo Monetario Internacional ( FMI ), que señaló que la actual escalada bélica profundizará la división entre las economías latinoamericanas. De acuerdo con el organismo, los principales canales de impacto serán el encarecimiento de la energía y otras materias primas, el endurecimiento de las condiciones financieras y el aumento de los costos logísticos y comerciales. En ese contexto, la región no resentirá el conflicto de una sola manera, sino a través de un efecto desigual que podría beneficiar a exportadores de crudo en el corto plazo, al mismo tiempo que agrava la fragilidad de los países más dependientes del combustible importado.
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El repunte del mercado energético es uno de los factores que explican esta nueva presión. Según Reuters , con base en datos citados del FMI , los precios del petróleo del Brent y del WTI se mantenían alrededor del 45 por ciento por encima de sus niveles de inicios de 2026, pese a una baja reciente asociada a señales de tregua ya la reapertura parcial del estrecho de Ormuz . El temor de los mercados se concentra precisamente en esa ruta marítima, una de las más relevantes para el comercio mundial de energía, cuya estabilidad es clave para contener mayores sobresaltos en la oferta global.
Ese incremento del petróleo no impacta únicamente en la gasolina o el diésel. También presiona el costo del transporte , la producción agrícola y la cadena de suministro de mercancías. El Banco Mundial advirtió que las modificaciones provocadas por el conflicto alcanzan también a los fertilizantes y otros insumos estratégicos. Entre febrero y marzo de este año, el precio del crudo registró un alza cercana a 40 por ciento, mientras que los fertilizantes nitrogenados se encarecieron casi 50 por ciento. En el caso de la urea, el aumento mensual fue del 46 por ciento, un dato que anticipan presiones adicionales para el sector agroalimentario y, eventualmente, para los consumidores.
En América Latina , los países exportadores de energía aparecen como los principales beneficiarios potenciales de este nuevo entorno. El FMI se ubica en ese grupo a Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Trinidad y Tobago y Venezuela, economías que podrían ingresos mayores por sus ventas externas de petróleo y gas. Ese alivio, sin embargo, no implica una protección total frente al deterioro del entorno internacional. Aunque los ingresos externos mejoren, los hogares de esos mismos países seguirán expuestos al encarecimiento de combustibles, transporte y alimentos, especialmente en los sectores de menores ingresos.
La situación es más delicada para Centroamérica y el Caribe . El organismo internacional considera que las economías importadoras de energía y los países caribeños altamente dependientes del turismo son los más vulnerables ante este nuevo choque. En esos casos, el alza de los combustibles golpea tanto las cuentas públicas como el gasto doméstico, mientras que el encarecimiento del transporte aéreo y la incertidumbre global pueden afectar el flujo de visitantes. A ello se suma un menor margen fiscal para responder con apoyos amplios, en una región donde varias economías arrastran altos niveles de deuda y capacidad presupuestaria limitada.
El impacto también se trasladará a la inflación . El FMI prevé que América Latina y el Caribe registren una tasa de 6,6 por ciento en 2026, ligeramente superior al 6,5 por ciento observado el año anterior. Aunque la diferencia pueda parecer moderada en términos generales, el dato refleja que la presión sobre combustibles, transporte y alimentos seguirá complicando el proceso de estabilización de precios en varios países. Para millones de familias, esto significa que una parte mayor de sus ingresos deberá destinarse a gastos esenciales, con un efecto más severo entre quienes ya viven con presupuestos ajustados.
México no queda fuera de esta dinámica. Aunque el país mantiene una posición distinta a la de otras economías puramente importadoras de energía, también resentirá el encarecimiento internacional de insumos, combustibles y alimentos, así como un entorno financiero más cauteloso. El FMI estima un crecimiento de 1.6 por ciento para la economía mexicana en 2026, dentro de una proyección regional de 2.3 por ciento. En ese escenario, el conflicto en Medio Oriente se convierte en un factor adicional de presión para una economía que ya enfrenta desafíos internos y una recuperación todavía desigual.
Más allá de los números macroeconómicos, el principal riesgo está en el efecto cotidiano del conflicto sobre el bolsillo. El aumento del costo de vida puede reflejarse en el precio del transporte público, de los alimentos básicos, del gas y de otros servicios vinculados al consumo diario. Por eso, la guerra no solo debe analizarse como una crisis geopolítica o energética, sino como un fenómeno con consecuencias sociales concretas en países que, en muchos casos, aún no terminan de absorber otros choques recientes.
Frente a este panorama, el FMI ha recomendado evitar subsidios generalizados a combustibles o alimentos, al considerar que resultan costosos y difíciles de retirar después. En su lugar, plantea la necesidad de apoyos focalizados para los sectores más vulnerables, con el fin de reducir el impacto sin comprometer de forma severa las finanzas públicas. La advertencia de fondo es clara: el conflicto en Medio Oriente no solo amenaza con encarecer la energía , sino con ampliar la brecha económica entre las economías más fuertes y las más frágiles de América Latina .
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Foto: Especial
Djs