Los Pinos, antes destinado a la élite, ayer fue un gran jardín de juegos
▲ El Centro Cultural Los Pinos se convirtió ayer en el escenario ideal para comenzar la fiesta de los más pequeños.Foto Marco Peláez
Omar González Morales
Periódico La Jornada
Lunes 27 de abril de 2026, p. 3
Entre las hojas de los árboles caídas y el pasto del Complejo Cultural Los Pinos hay pequeños seres: hormigas, arañas, cochinillas, grillos y demás insectos que este domingo fueron el centro de la admiración de los visitantes que acudieron al Festival de los Monstruos del Bosque: Un Festejo Feroz, con el que se dio inicio a las actividades por el Día del Niño, que se celebra el 30 de abril.
Con talleres de pintura, baile, presentaciones teatrales, elaboración de talismanes, intercambio de semillas, conciertos, picnics y hasta un cumpleaños, la antigua residencia presidencial, antes reservada para el goce de los mandatarios, fue el centro de la diversión de los pequeños.
El programa Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura federal, organizador de estas actividades, festeja también su 30 aniversario, motivo por el cual salió a la venta una edición especial de un billete de la Lotería Nacional para conmemorar este proyecto.
Desde las 11 horas, decenas de padres de familia tomaron los jardines y caminos del espacio cultural para llevar a sus hijos al encuentro con la naturaleza. En el huerto, los pequeños aprendieron de insectos, a cuidarlos, protegerlos, no tocarlos y respetarlos.
Entre los puestos, los niños veían con maravillados ojos los helados y chocolates. Otros jugueteaban con una botarga de dinosaurio que los invitaba a comer una deliciosa nieve de vainilla.
En el descenso, rumbo al salón Adolfo López Mateos, pudieron grabar sus rugidos más feroces y hacer melodías con sus gritos. A un costado había muestras de campanillas, cuerdas e instrumentos musicales que podían tocar para deleitarse con los sonidos que creaban.
Allí, Santi y Natalia, dos amigos de 4 años, se encontraron y se engarzaron en un abrazo mientras se dedicaban amplias sonrisas. Los dos pequeños, junto con sus padres, fueron también a jugar a la casa Miguel Alemán, en el salón Nishizawa.
Ese espacio se convirtió en una habitación de proyecciones con la instalación lúdica Alpha, accidentes felices, que asombró a los niños con colores, ritmos electrónicos variados e imágenes con las cuales bailaban y brincaban. Algunos permanecieron sentados en los pufs, mientras observaban con curiosidad las figuras que quedaron plasmadas en las paredes.
En la cancha de tenis, la obra de teatro interactiva Horizonte, realizada por MákinaDT, embelesó a los menores, quienes surfearon en tablas imaginarias y rodaron por las olas. Los chiquillos y sus padres jugaban y reían mientras recorrían un pasaje imaginario con el fin de evitar caer en las aguas del mar.
Más adelante, la hondonada sirvió de escenario para que familias completas gozaran de la narración interactiva 10 patitos, de Israel Santiago, en el que los niños aplaudieron las aventuras de los animales de goma que realizaron una travesía en alta mar.
En esa misma zona, los pequeños jugaban a rodar por la empinada colina, adornada por pequeñas flores. A un costado, una niña llevó su casa de muñecas, con la cual jugaba a asomarse desde la ventana, a través de la cual veía a los patitos subir a un tren de juguete y, posteriormente, iniciar un viaje en barco.
El calor dio tregua hacia las 14 horas, cuando las nubes intercedieron ante el feroz Sol, y un ligero viento refrescó a los visitantes. Las aguas y las nieves nuevamente apaciguaron la deshidratación. El hambre también comenzó a hacer presencia. Los padres se tiraban en el pasto, agotados; los chiquillos, incansables, corrían eufóricamente por la zona que antes fungía de pista de aterrizaje para los helicópteros presidenciales.
Pelotas y balones
Las parejas también hicieron del pasto un lecho de caricias a la sombra de los árboles, donde gozaron de la música; pusieron mantas y realizaron picnics en torno a los niños, quienes corrían por el espacio abierto haciendo volar unos papalotes pequeños con los que hicieron un laberinto de colores y otros más aprendían a andar en bicicleta. Luego se armó la reta de futbol y varios grupos con pelotas y balones tomaron como cancha el abierto espacio, mientras en un vaivén corrían hacia una portería imaginaria.
En la zona denominada Laboratorios Lúdicos, en la cabaña 2, se realizó la actividad Mapas de Encantos, dirigida por la creadora Sandra Gasca, donde los niños inventaron mapas y lugares utilizando su imaginación. Posteriormente, los niños hicieron máscaras de cartón bajo la instrucción del artista Polo Muro.
En la alberca encantada de la casa Miguel Alemán, los niños jugaban entre una jungla de hongos, mientras los padres esperaban a un costado. Los pequeños escalaban por los tallos y coronas del reino fúngico, maravillados con los colores y las formas de las efigies. Algunos se preguntaban: “¿a poco hay hongos tan grandes?, ¡me gustan mucho sus colores!”
Los conciertos se iniciaron a las 16 horas con Jammy; a las 17 horas tomaron el escenario Los Tripulantes del OVNI y para el cierre se presentó el argentino Luis Pescetti con sus característicos ritmos, que hicieron reír a los pequeños, mientras los padres movían las manos para seguir con ellos el ritmo de la música.
Así fue como las familias disfrutaron de este caluroso domingo, como preámbulo al festejo del jueves, Día del Niño, entre risas, brincos, sonrisas.