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El trópico decidirá la seguridad alimentaria del siglo XXI – La Silla Rota

 El trópico decidirá la seguridad alimentaria del siglo XXI – La Silla Rota
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El trópico decidirá la seguridad alimentaria del siglo XXI – La Silla Rota

by websys 28 de abril de 2026

La conversación sobre el futuro de los alimentos no se está definiendo en los centros financieros ni en las capitales tecnológicas. Se está resolviendo en el trópico.

Ahí, donde confluyen biodiversidad, agua y millones de pequeños productores, se juega una parte sustantiva de la estabilidad alimentaria global. Lo que ocurra en regiones como el sur de México, Centroamérica o la Amazonía tendrá efectos directos sobre precios, migración y gobernabilidad en distintas latitudes.

El diagnóstico es conocido. La presión climática se intensifica, los suelos pierden capacidad productiva, las plagas avanzan con mayor velocidad y los sistemas agroalimentarios enfrentan una demanda creciente de alimentos más sanos y sostenibles.

Lo que no termina de resolverse es el cómo.

Durante el encuentro internacional sobre agricultura tropical realizado en Tapachula, en la frontera sur de México, la discusión dejó una tensión central. La ciencia ha avanzado más rápido que su implementación.

El director del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, Mohamed Ibrahim, lo expuso con claridad. El trópico posee ventajas estructurales únicas, aunque enfrenta rezagos históricos que limitan su aprovechamiento. La tecnología existe. La articulación institucional, no.

Esa brecha no es menor. Durante décadas, centros de investigación han desarrollado variedades resistentes, herramientas digitales, sistemas de monitoreo climático y soluciones biotecnológicas capaces de transformar la producción agrícola. Sin embargo, buena parte de ese conocimiento permanece fuera del alcance de quienes producen alimentos.

El científico Jeimar Tapasco lo sintetizó en una frase que debería incomodar a cualquier responsable de política pública. El problema no es generar innovación, es lograr que llegue al productor.

La consecuencia es visible. Regiones con alta riqueza natural conviven con niveles persistentes de pobreza rural. No se trata de una paradoja. Es el resultado de estructuras que separan la investigación de la producción, el financiamiento de la necesidad y la política de la realidad territorial.

El debate en Tapachula avanzó un paso más allá del diagnóstico. En el primer panel, la discusión se centró en la fragmentación del conocimiento. La existencia de múltiples centros, programas y tecnologías no ha derivado en sistemas integrados de producción.

Karen Montiel, del IICA, planteó la necesidad de articular capacidades mediante una plataforma hemisférica que vincule instituciones científicas, gobiernos y sector productivo. No se trata de investigar más. Se trata de coordinar mejor.

Esa idea adquiere sentido cuando se observa el territorio. La especialista Laura Venegas insistió en que la agricultura tropical no puede diseñarse desde modelos uniformes. Cada región responde a condiciones hídricas, ecológicas y sociales específicas. La planeación, en consecuencia, debe construirse desde las cuencas y no desde la lógica administrativa.

En el segundo panel, la discusión dejó el terreno técnico para entrar en la dimensión política. Representantes estatales y federales coincidieron en que la sanidad agropecuaria, el financiamiento y el relevo generacional forman parte de un mismo problema.

El control de plagas, como el gusano barrenador del ganado, exige coordinación regional. El acceso al crédito define la capacidad productiva. La permanencia de jóvenes en el campo determina la viabilidad futura del sector.

Nada de esto puede resolverse de forma aislada.

Desde el ámbito federal, María de los Ángeles Cruz Hernández introdujo un elemento que suele omitirse en los foros internacionales. Las comunidades rurales no son pobres por naturaleza. Han sido colocadas en condiciones estructurales que limitan su desarrollo.

Hablar de soberanía alimentaria implica reconocer esa realidad. También implica aceptar que el conocimiento ancestral, lejos de ser un rezago, constituye una base productiva que puede dialogar con la ciencia contemporánea.

En paralelo, la discusión técnica ofreció salidas inmediatas. El Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza, representado por Luis Pocasangre Enamorado, destacó el potencial del café y el cacao para generar valor agregado en mercados internacionales. La clave está en integrar genética, financiamiento y cadenas de comercialización.

El mensaje final, planteado por Beatriz Paredes Rangel, fue directo. La ciencia solo tiene sentido cuando mejora la vida de quienes producen alimentos.

La afirmación parece obvia. No lo es.

En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, crisis climática y presión sobre los sistemas alimentarios, el trópico deja de ser una periferia agrícola para convertirse en un espacio estratégico.

Lo que ocurra ahí no solo definirá la productividad de una región. Definirá la capacidad del mundo para alimentarse.

El desafío no es tecnológico. Es político.

Y el tiempo para resolverlo comienza a agotarse.

 

José Luis Castillejos

@JLCastillejos



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