Alguien despierte a SpaceX, porque la NASA ya está entrenando con el módulo lunar de Blue Origin | WIRED
Mucho se ha dicho sobre la carrera espacial entre China y Estados Unidos por el liderazgo en el espacio, pero hay una carrera espacial en el sector privado que podría definir el futuro inmediato de la exploración lunar tripulada. Se trata de la disputa entre SpaceX y Blue Origin por demostrar cuál de sus vehículos está mejor preparado para convertirse en el próximo módulo de aterrizaje del programa Artemis.
Por un lado está SpaceX, propiedad de Elon Musk, con su Starship Human Landing System (HLS), y por el otro está Blue Origin, propiedad de Jeff Bezos, con su Blue Moon Mark 2 (MK2). La NASA prevé lanzar Artemis III en algún punto de 2027, y las piezas centrales de esta misión serán los sistemas de aterrizaje lunar desarrollados por ambas compañías que serán puestos a prueba en órbita terrestre. El éxito de esta misión permitirá que la NASA pueda seguir adelante con su objetivo de volver a poner a un ser humano en la Luna en 2028.
Pues bien, hay motivos para indicar que Blue Origin ha tomado la delantera en esta carrera. La NASA anunció esta semana que una réplica a escala real de la cabina de tripulación del Blue Moon MK2 había llegado al Centro Espacial Johnson, en Houston. La maqueta será utilizada por la agencia espacial y sus socios comerciales para realizar simulacros de misión, pruebas de trajes espaciales y ensayos de comunicación con los centros de control en tierra, entre otras tareas.
De más de cinco metros de alturas, la cabina cuenta con la escalera exterior que los astronautas usarán durante su estancia en la Luna, y está diseñada para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en un simulador integrado con sistemas interactivos.
La NASA también ha puesto a prueba el Blue Moon Mark 1, el módulo de carga no tripulado que antecede al Mark 2. También conocido como Endurance, MK1 completó pruebas ambientales en la Cámara de Vacío Térmico A del Centro Espacial Johnson. Posteriormente se trasladó al Centro Kennedy en Florida para pruebas adicionales, de cara a una misión sin tripulación prevista para finales de 2026, en la que entregará cargas científicas en el polo sur lunar dentro del programa CLPS de la NASA. Todo lo aprendido con el MK1 servirá directamente para afinar el diseño del MK2.
¿Cuáles son los planes para el MK2 una vez que esté listo?
Si las pruebas son exitosas y Blue Moon MK2 consigue la certificación de la NASA como módulo de aterrizaje lunar, en futuras misiones este será lanzado a bordo de un cohete New Glenn y se encontrará en órbita lunar con los astronautas que viajan en la cápsula Orion. Una vez acoplados, dos integrantes de la tripulación pasan al Blue Moon para descender a la superficie lunar, mientras los otros astronautas permecen en el Orion, a la espera de su regreso.
El módulo completo que volará a la Luna alcanzará unos 16 metros de altura. Su cabina de tripulación, situada en la base del vehículo, será el espacio donde los astronautas comerán, dormirán, realizarán experimentos científicos y observarán el entorno lunar. La réplica en Houston reproduce fielmente ese espacio y permitirá ajustar el diseño final a medida que avanza el desarrollo de la nave.
Si bien Blue Origin se ha anotado triunfos importantes por los resultados positivos de Blue Moon MK1 y la entrega de esta réplica de MK2, todavía no hay motivo para celebrar. La empresa de Jeff Bezos sufrió un revés el mes pasado cuando su cohete New Glenn transportó un satélite comercial a una órbita demasiado baja para poder operar. Blue Origin ahora carga con el peso de demostrar que su cohete no va a colocar su módulo lunar en la órbita equivocada.