Arqueólogo advierte sobre daños “muy severos” en el recinto teotihuacano
▲ La solución que se planteó desde hace tiempo, con el fin de aminorar el deterioro del templo, fue colocar un techo; el proyecto fue evaluado, pospuesto y, finalmente, olvidado conforme han pasado las administraciones en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, señaló el investigador.Foto cortesía de Sergio Gómez
Ana Mónica Rodríguez
Periódico La Jornada
Martes 12 de mayo de 2026, p. 3
El Templo de la Serpiente Emplumada, en Teotihuacan, “podría dejar de existir en unos 100 años”, debido a que sufre daños “muy severos”, entre los que destacan la desintegración y fractura de la piedra, además del impacto causado por la humedad, que desencadena y es la principal causa del deterioro, entre múltiples factores.
Desde hace años, una propuesta que se planteó para su conservación, la cual al parecer fue olvidada, fue colocar una cubierta, muy discreta, sobre la fachada del monumento, explicó el arqueólogo Sergio Gómez Chávez.
En charla con La Jornada, el especialista alertó –como desde hace tiempo– sobre los daños que se observan en la Pirámide de Quetzalcóatl, lugar que conoce a la perfección, pues ha realizado excavaciones e investigaciones en torno al milenario túnel creado por los teotihuacanos hace más de mil 800 años, el cual fue descubierto bajo ese mismo edificio.
La solución que se ha planteado desde hace tiempo, enfatizó el investigador, con el fin de aminorar el deterioro del templo, ha sido colocar un techo; el proyecto fue evaluado, pospuesto y, finalmente, olvidado conforme han pasado las administraciones en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
“Tenemos fotografías realizadas con microscopio electrónico de barrido, donde se observa cómo la piedra está totalmente desintegrada; es decir, arenizada. Por esta razón, llamamos la atención de que se tenía que atender este problema.”
Esto fue hace algunos años, recordó Gómez, quien, junto con el arqueólogo Saburo Sugiyama, propuso “una estrategia integral que consistía en eliminar la humedad, lo cual hicimos como parte de los trabajos de arqueología, y rehabilitamos el sistema de drenaje original de La Ciudadela hecha por los teotihuacanos; además, se restituyeron los pisos que había en los conjuntos con el fin de evitar que el agua penetrara al subsuelo y luego emigrara al edificio, mediante un proceso que se llama capilaridad; es decir, que lo absorbiera”.
Incluso, explicó, “se hizo un concurso internacional donde se presentaron muchas propuestas, de las cuales fue seleccionada una que no resolvía el problema, pero era la más barata; la cuestión es que aún no se ha hecho nada; el templo se sigue dañando y el proceso de deterioro no se puede detener”.
Un plan discreto
La propuesta vertida por Gómez y Sugiyama consistía en “cubrir sólo la fachada, de forma discreta, devolviendo al edificio la forma que tenía originalmente.
“Cuando Manuel Gamio descubrió este recinto cortó la plataforma adosada para que los turistas entraran; nosotros pensamos devolver al edificio la forma original, y aprovechar y colocar una cubierta.”
Detalló: “cuando exploramos el túnel detectamos que por ahí se metía el agua; es cómo una especie de cono y toda el agua que ha caído durante casi 100 años, desde que Gamio lo exploró, se iba por ahí; incluso, detectamos que por esta causa hubo un derrumbe en el túnel debido a la humedad que penetró”.
De no atenderse la problemática de conservación y restauración, alertó Gómez, “en algunos años ese monumento seguirá dañándose y las esculturas seguirán erosionándose y, en algún tiempo, no sé, 100 años, no va a existir más; la piedra entra en un proceso de desintegración, por muchos factores … no se observa a simple vista, pero si uno se acerca, todos los días se observa arena de la misma piedra que se está desintegrando”.
Por ejemplo, recordó Gómez que antes de su propuesta integral, “en la década de los 80, los restauradores aplicaron un producto a la fachada, el ortosilicato de etilo, que en ese momento se pensó era la solución, pero al paso del tiempo detectamos que lejos de beneficiar al edificio lo estaba perjudicando, ya sea porque no fue aplicado correctamente o porque ya se había deteriorado el mismo producto, pero lo cierto es que lo estaba dañando” más que beneficiarlo.
La Ciudadela es uno de los complejos arquitectónicos más importantes de la Ciudad de los Dioses, el cual está conformado por una gran plataforma en forma de muralla, cuyas dimensiones son de 400 metros por lado, alberga el Templo de la Serpiente Emplumada, conocido también como Templo de Quetzalcóatl, que data del año 250 de nuestra era.
Este recinto es uno de los más antiguos de la ciudad prehispánica y, sin duda, de los más espléndidos, construido originalmente en siete niveles arquitectónicos con el diseño de talud-tablero, característico de Teotihuacan, compuesto por diseños circulares enmarcados por bandas entrecruzadas, interpretadas como símbolos de los cuatro rumbos o el quincunce.
Su estructura es sólida, de piedras con lodo; en los cimientos del templo se registraron ofrendas que contenían sobre todo restos humanos, dedicadas a la construcción del edificio o a la deidad que le da nombre.
Su compleja y exquisita decoración está compuesta por cabezas de serpiente emplumada, las que parecen encontrarse en un medio acuático, como indican las conchas y caracoles que se observan entre sus ondulantes cuerpos.