Después de 80 años reponen en México la ópera francesa El pobre marinero
▲ Elenco de la pieza estrenada en 1927, que reúne la música del compositor Darius Milhaud y el libreto del poeta y dramaturgo Jean Cocteau.Foto Rubén Sosa
Ángel Vargas
Periódico La Jornada
Domingo 24 de mayo de 2026, p. 2
Después de ocho décadas, este fin de semana volverá a presentarse en México El pobre marinero, considerada por la crítica “una de las tragedias de la música francesa más extrañas e intensas”.
El montaje está a cargo del Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA) y marca el debut de Randú Ramírez como director escénico en el ámbito operístico tras 16 años de desempeñarse como asistente de dirección en la Compañía Nacional de Ópera (CNO).
Se presentó ayer en una primera función en el Pabellón Escénico del Jardín Escénico en el Bosque de Chapultepec; repite hoy a las 17 horas con entrada libre.
Estrenada en 1927, la obra reúne la música del compositor Darius Milhaud y el libreto del poeta y dramaturgo Jean Cocteau, quien se basó en una noticia de época para crear una historia en torno al amor, la fidelidad, la ausencia, la pobreza y la fragilidad humana.
Hasta donde se tiene conocimiento, la ocasión más reciente en que se escenificó en el país fue en 1946, y su actual producción forma parte de las actividades con las que el EOBA celebra el 80 aniversario del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) y conmemora el Bicentenario de Relaciones México-Francia.
Calificada de “rara”, acaso por su corta duración de 35 minutos o porque es poco llevada a escena en el mundo, esta pieza fue creada “para romper los criterios románticos y ofrecer algo crudo y directo al confrontarnos a pensar el dolor que provocaría nuestra muerte en nuestros seres queridos”, apunta Randú Ramírez.
Formado en España en la disciplina de arte dramático, el actor y director escénico (Ciudad de México, 1980) es consciente de que debutar con un título de esta naturaleza es todo un hándicap. Sin embargo, no se arredra y lo considera una oportunidad de “traer nuevas cosas” que no son habituales en el repertorio.
“Me parece muy atinada la selección de acercarnos a la ópera del siglo XX, porque además aborda los temas de manera diferente. Esta ópera se estrenó en 1927 y fue escrita como una especie de ruptura de lo que en ese momento estaba ocurriendo (en términos de música y dramaturgia)”, señala en entrevista.
“Para mí es una oportunidad de mostrar un texto maravilloso escrito por Jean Cocteau y que aborda una serie de temas muy humanos con los que podemos identificarnos hoy de manera directa.”
El pobre marinero recrea de alguna manera al clásico griego de La Odisea, en particular el mito de Penélope, fiel esposa de Ulises u Odiseo, quien durante 20 años aguarda de forma paciente el regreso de su amado, dando largas a sus pretendientes con un tejido que hacía de día y deshacía de noche.
Sin embargo, en este título la historia aborda el momento en que un hombre regresa a su lugar de residencia tras ausentarse 15 años en busca de fortuna. Al hacerlo, se da cuenta de que nadie en el pueblo lo reconoce.
Más que contrariarlo, ve en ello una oportunidad de poner a prueba la fidelidad de su esposa, así como de acercarse a ella y ver qué tanto lo ha extrañado. La somete a una serie de tentaciones que, a la postre, la conducen a un trágico final.
Una historia muy humana
La propuesta escénica diseñada por Randú Ramírez es de carácter atemporal: “es una apuesta bastante realista, con un pequeño toque de locura. Éste consiste en ciertos rompimientos para tratar la abstracción de la muerte y la locura”, detalla.
“A fin de cuentas, es una historia muy humana y cercana, pero el hecho trágico del final pone a la protagonista en una situación que sólo puede explicarse a través de la necesidad de salvar a su marido. Es algo que la envuelve en un mundo de locura en un instante.”
Aunque no es su campo, el creador escénico destaca que la parte musical se caracteriza por ser una obra de ruptura, que forma parte de la renovación musical francesa del siglo XX. Aclara que el actual montaje será en versión a piano, con el fin de facilitar su transporte y poder presentarla en cualquier sitio.
“Según he estudiado, esta ópera se basa en algunas músicas representativas de los marinos. Sus autores la concibieron como ‘un lamento’, que es una estructura dramáticamente muy breve, pero también es una música muy linda en contrapunto de lo que nosotros estamos contando a nivel escénico. Es un lamento bello acerca de la pobreza, la espera y el destino”, apunta.
Tener que esperar años para tomar la alternativa como director escénico no ha sido frustrante para Randú Ramírez. Es consciente de que las producciones operísticas son muy escasas en México, además de que asume que su trabajo de asistente de dirección “ha sido también muy gozoso. Así que esta oportunidad ha llegado en el tiempo que tenía que llegar”.