“El factor humano no va a decrecer, va a incrementar”: así será la base lunar de cientos de kilómetros de la NASA
La humanidad se prepara para un regreso a la Luna que, a diferencia de las misiones Apolo, sustituirá una breve visita por una estancia permanente. Tras el éxito del sobrevuelo tripulado de Artemis II, la NASA ha pisado el acelerador para edificar lo que será el primer asentamiento humano fuera de la Tierra.
Al frente de este ambicioso proyecto se encuentra un español, el malagueño Carlos García-Galán, quien confirmó a La Vanguardia un hito inminente: “La construcción de la base lunar empieza este año”.
De la órbita a la superficie
Un cambio de estrategia
Hasta hace poco, los esfuerzos de la NASA se centraban en Gateway, una estación que orbitaría el satélite. Sin embargo, la agencia ha decidido dar prioridad absoluta a la superficie. Según explica García-Galán, director del programa de la base lunar, este giro responde a que “todo el mundo quiere estar en la superficie” para empujar el conocimiento y la tecnología.
Este cambio de arquitectura busca concentrar los recursos en objetivos que antes parecían inalcanzables. “Hacer cosas que parecen ciencia ficción y convertirlas en realidad, eso es lo que hace la NASA”, afirmó el ingeniero español.
La construcción de la base lunar empieza este año
La base estará conformada por toda una infraestructura extendida a lo largo de cientos de kilómetros cuadrados en el estratégico polo sur lunar. Para gestionar este territorio, la agencia planea utilizar drones llamados “MoonFall”, que servirán para marcar el perímetro y asegurar que las actividades de diferentes países y empresas se desarrollen respetando a los equipos ajenos.
Robots y drones
La primera piedra de la colonización
La fase inicial de este proyecto, que arranca este mismo año, será eminentemente robótica. La “primera piedra” será colocada por una nave de la empresa Blue Origin, propiedad de Jeff Bezos, que transportará un vehículo de exploración diseñado por la propia NASA. Esta etapa es fundamental para reconocer el terreno y experimentar con las tecnologías que permitirán sobrevivir en un entorno tan hostil.
Junto a Blue Origin, empresas como Astrolab y Lunar Outpost construirán los vehículos de exploración, mientras que Firefly Aerospace se encargará de llevar los primeros drones al satélite.
El objetivo es que todo este equipamiento esté listo antes de que los primeros astronautas del programa Artemis aterricen, algo previsto como muy pronto para el año 2028, por lo que todavía quedan largas jornadas de trabajo para lograr que este proyecto se convierta en una realidad.
Vivir de la tierra
Fabricar recursos con polvo lunar
Uno de los mayores retos de vivir en la Luna es el coste de transportar materiales desde la Tierra. Por ello, la NASA apuesta por el uso de recursos locales, especialmente el polvo lunar, también conocido como “regolito”.
Recientemente, un equipo de científicos ha descubierto un material innovador que podría ser la clave para la construcción en el satélite. Al mezclar el polvo lunar con óxido de escandio y someterlo a temperaturas de casi 1.600 ºC, se obtiene una sustancia capaz de resistir la corrosión de la roca fundida.
Este material rosado permitiría fabricar recipientes para extraer oxígeno y metales directamente allí, funcionando como una especie de lava controlada que no daña los hornos de procesado. Además de facilitar la habitabilidad, este avance tiene aplicaciones en la Tierra, como recubrimientos para motores de reacción más ligeros y resistentes.
El factor humano
Astronautas en ropa normal
A pesar del despliegue robótico, la NASA tiene claro que la presencia humana es insustituible. “Hay cosas que solo los humanos pueden ofrecer”, aseguró García-Galán, “el factor humano no va a decrecer, va a incrementar”. Según el ingeniero, un astronauta en una semana puede recorrer y analizar lo que a un robot le llevaría años.
Hacer cosas que parecen ciencia ficción y convertirlas en realidad, eso es lo que hace la NASA
La verdadera habitabilidad llegará en la segunda fase del proyecto, antes de 2032. En ese momento, se enviará un rover presurizado, un vehículo donde los astronautas podrán trabajar sin necesidad de llevar el aparatoso traje espacial, moviéndose por el perímetro de la base en ropa común.
Finalmente, en la década de 2030, se instalarán los módulos habitables permanentes donde los científicos podrán vivir durante periodos prolongados.
Más allá de Estados Unidos
Un sueño colectivo con sello español y europeo
Este esfuerzo no es solo estadounidense. La Agencia Espacial Europea (ESA) desempeñará un papel crucial y se espera que astronautas europeos trabajen mano a mano en la superficie lunar.
Para García-Galán, que empezó como controlador de vuelo a los 22 años, ver cómo se alinean la tecnología, la industria y la voluntad política es la culminación de un sueño.
“Estamos en el momento adecuado para dar un paso más”, concluyó el ingeniero malagueño, quien ve en Artemis la oportunidad de inspirar a nuevas generaciones, tal y como a él le inspiró el programa Apolo.