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La muestra fotográfica Luz japonesa celebra lo cotidiano como “un milagro”

 La muestra fotográfica Luz japonesa celebra lo cotidiano como “un milagro”
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La muestra fotográfica Luz japonesa celebra lo cotidiano como “un milagro”

by websys 29 de mayo de 2026

▲ Imagen del santuario Nikko Tosho-gu, en la provincia de Toshigi, Japón, que forma parte de la exposición, primera muestra fotográfica del diseñador y músico Diego Flores Círigo.Foto cortesía del artista

Omar González Morales

 

Periódico La Jornada
Viernes 29 de mayo de 2026, p. 4

Luz japonesa es la primera muestra fotográfica del diseñador Diego Flores Círigo (Ciudad de México, 2001), con la cual busca mostrar que “la cotidianidad es algo extraordinario”. Las 21 imágenes que la integran son fruto de una reflexión que hizo tras visitar la nación nipona. La exhibición se inaugura hoy a las 18 horas en El Convite, en la colonia Portales.

En entrevista con La Jornada, el también músico habló sobre su perspectiva artística, la cual derivó en un diálogo gráfico entre ciudad, misticismo y naturaleza.

“Me he enfocado más en la música, he sacado tres álbumes de rapero, pero llevo tomando fotos casi toda mi vida; todas las facetas del arte se complementan. Cuando fui a Japón, el año pasado, decidí no investigar mucho porque quería llevarme la impresión de alguien que se enfrenta a lo desconocido, de ver todo nuevo y tratar de entenderlo desde la incertidumbre”, comenta.

Durante las dos semanas de su viaje, con cámara y libreta en mano, Flores recorrió Tokio, Kioto, Hiroshima y Kobe; en su camino capturó imágenes de templos, de los montes Fuji y Haji, y sus alrededores, además de restaurantes y parajes.

“Fue extraordinario. De inmediato sentí la tremenda conexión entre lo urbano y lo rural; me asombra cómo se pueden encontrar dicotomías en casi todos los lugares, como los pequeños espacios de paz de los santuarios, rodeados por todo, de una bulliciosa ciudad, y qué otro ejemplo podemos ver que una de las más grandes del mundo que es Tokio”, afirma.

En sus imágenes contrastan las figuras de los templos, estatuas y efigies con postes de luz, pasos vehiculares, personas que viajan en el Shinkansen, el famoso tren bala. Al respecto, Diego Flores afirma: “entrar a un lugar como Tokio, que es ‘la ciudad’, y que no tiene problemas en coexistir con la idea de que la naturaleza debe ser respetada. Podría parecer ridículo, pero incluso el verde de los árboles de aquí no es el mismo que el de los de allá. No necesariamente indica que algo es mejor, pero es una perspectiva que como fotógrafo fui adquiriendo, y descubrí que nada es igual”.

De las 900 imágenes que captó durante el viaje, en el primer corte dejó fuera 800, y de esas eligió 21, las cuales se exponen y representan las memorias más emblemáticas de la relación entre la naturaleza y lo que ha construido la sociedad nipona: la nostalgia, los rostros de los habitantes, las estatuas y las tradiciones.

“Ir abierto me hizo estar más alerta al momento de observar todo. Uno aprende a ver cómo son las tapas de las coladeras, a ver qué significa un kanji que desconocemos, los sonidos, el tipo de autos. Muchas veces calificamos las cosas de irrelevantes y mundanas, porque no nos damos cuenta de que la cotidianidad es un milagro”, asegura.

El fotógrafo explica que su intención es hacer que el público revalore el significado de lo que se vive diariamente.

“Me imagino qué podríamos conocer de nosotros mismos y de lo que nos rodea simplemente por tratar de ver un trayecto diario como si se tratara de un viaje. Es casi imposible con este estilo de vida tan vertiginoso, pero abrirnos a esa idea puede hacer la vida más plena. Considero que la gratitud por el entorno es de las cosas más sabias que podemos hacer.”

Flores Círigo explicó que “como mexicano pega mucho, porque allá podemos ver que hay orden, una organización de las cosas, y es bonito, pero siempre terminamos por extrañar nuestra tierra; parte de su magia es el aspecto caótico, algo que también podemos apreciar.

“En las imágenes de la muestra se puede ver que mexicanos y japoneses tenemos mucho en común, sobre todo por la musicalidad de nuestras culturas. Todo tiene cancioncita. Con estas imágenes se puede traspasar una barrera; aprendí que la melodía de la vida siempre está sonando”, concluyó.

La exhibición Luz japonesa cierra el 30 de junio. Se aloja en El Convite (Ajusco 79 bis, colonia Portales). Entrada libre.

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