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Argentina, Bolivia y Chile: el epicentro de la minería del litio donde reina China

 Argentina, Bolivia y Chile: el epicentro de la minería del litio donde reina China
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Argentina, Bolivia y Chile: el epicentro de la minería del litio donde reina China

by websys 7 de junio de 2026

En la época del vehículo eléctrico, las energías renovables y la industria tecnológica, aparece una minería que se aleja de los cánones tradicionales. Una práctica que cambia los túneles y las canteras por masas de agua de color turquesa y parajes casi idílicos, propios de una postal, que resguardan el codiciado ‘oro blanco’: el litio. Un recurso que marca las estrategias de las grandes compañías y las potencias internacionales por su importancia para desarrollar baterías y demás recursos tecnológicos. 

Es, hablando rápido y mal, el mineral del futuro por el que los países del norte global dirigen la mirada a aquellos territorios que lo acumulan. Especialmente hacia una región que destaca por, según el informe anual del Servicio Geológico de EEUU (USGS), concentrar cerca del 45% de los recursos del planeta. El llamado ‘Triángulo del Litio’, un «jardín del Edén» donde Argentina, Bolivia y Chile acumulan 64 millones de toneladas de este mineral. Argentina con 28 toneladas, Bolivia con 23 y Chile con 13. Y aquí el USGS habla de recursos, no de reservas, porque marca una diferencia entre aquellos espacios cuyo potencial está por definir (recursos), y las acumulaciones donde sí se han hecho estudios para su extracción (reservas).

Pero más allá de esto, lo que hace atractivo al ‘Triángulo del Litio’ es el tipo de mineral en bruto del que dispone. Según la investigadora argentina, Melisa Argento, autora del libro ‘Todo sobre el Litio’, este puede encontrarse en arcilla, roca pegmatita y, como sucede en estos territorios, en salmuera: «Una sopa subterránea cargada de elementos evaporíticos, entre ellos el litio», que se extrae de los salares ubicados en zonas desérticas como el desierto de Atacama.

Gráfico que muestra los países con mayores recursos de litio.

«Minería de agua»

El caso, según Argento, es que las técnicas extractivas «son mucho menos costosas y, dependiendo del grado de concentración, sencillas» desarrolladas a través de un proceso de 14 meses en los que el litio en bruto pasa por varias piscinas, hasta obtener carbonato de litio, el componente necesario para su uso industrial. Una práctica, a priori «menos invasiva», pero que en realidad es altamente «destructiva para los ecosistemas» puesto que demanda de inmensas cantidades de agua dulce en algunas de las zonas «más áridas del mundo», dándole el nombre de «minería de agua«. 

Aquí la investigadora argentina pone como ejemplo el caso del salar de Atacama, en Chile, «declarado como zona de estrés hídrico«. Este escenario también lo aborda Fernando Narváez Saldías, portavoz de la Fundación Tanti, quien, citando una investigación de la Universidad de Chile, asegura que debido a la extracción de agua este salar «se está hundiendo uno o dos centímetros al año«. Todo ello, con consecuencias medioambientales que trascienden la desertificación de estos territorios, y afectan tanto a las comunidades como a las especies animales que los pueblan, especialmente a las aves, y en concreto, a los flamencos andinos, cuya población en 2022, según la científica chilena Cristina Dorador, habría disminuido cerca de un 12% en 11 años.

Un «contexto extractivista» donde gana China

Pese a todo esto, el ‘oro blanco’ es un recurso vital para la industria tecnológica. Por ello, los Estados buscan aterrizar como sea en el ‘Triángulo del Litio’. No solo para controlar la extracción, sino también su refinería y distribución. Un juego donde China está a años luz del resto. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en 2025 el gigante asiático compró el 77% del carbonato de litio de Argentina. Por su parte, el Informe Mensual de Comercio Exterior de Chile de 2024 consigna que China adquirió el 71% de todo el litio del país andino. Mientras tanto, aunque a un ritmo considerablemente menor, Pekín lleva años tratando de aterrizar en Bolivia.


Mapa de ubicación de las minas de litio en Latinoamérica.

En el caso de Argentina, Melisa Argento habla de que existe «un consenso extractivista que no conoce de banderas políticas», y aunque el acceso a los salares y la implantación de los proyectos dependen de las administraciones provinciales, durante años se ha alentado la entrada de capital extranjero. Muestra de ello son las seis minas activas en el país, destacando las del Salar del Hombre Muerto, en Catamarca, y las de Olaroz y Cauchari en Jujuy; así como los 15 proyectos en etapas avanzadas y los más de 40 en proceso de exploración. Todos ellos con empresas como Río Tinto (angloaustraliana), Ganfeng Lithium (China), Albemarle (EEUU), Galan Lithium (Australia), Eramet (Francia); o la argentina JEMSE.

Todo esto pone a Argentina como el quinto productor mundial, con 71.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) exportadas en 2024 por un valor cercano a los 645 millones de dólares. Una cifra récord que, mediante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) impulsado por el Gobierno de Javier Milei, busca alcanzar los 11.341 millones de dólares en 2032 y desbancar a Chile como segundo productor mundial. Es un objetivo ambicioso puesto que el país andino, alentado por proyectos privados, exportó en 2024 más de 325.327 toneladas de LCE por un valor de 2.947 millones de dólares gracias, principalmente, a los proyectos de la Sociedad Química y Minera de Chile y la compañía estadounidense, Albemarle Corp. Ambos en el Salar de Atacama.

Un salar en la provincia de Catamarca, Argentina, destruido por la mineria de litio. / FARN / CEDIDA

Bolivia, un potencial estancado

Sin embargo, mientras Argentina (127 millones de dólares) y Chile (26,3 millones de dólares) se posicionan como el cuarto y el sexto país que más invierten en la exploración de litio, la industria en Bolivia no ha llegado a despegar. Según explica la coordinadora del Observatorio Plurinacional de Salares Andinos (OPSAL), Vivian Lagrava, pese a sus recursos, en Bolivia la explotación de litio «se realiza todavía a nivel piloto«. De hecho, aún con la compañía estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), fundada en 2017 como un actor estratégico para «la fase de extracción»; y pese a que en 2019 se proyectaba construir 14 plantas para alcanzar las 150.000 toneladas de litio al año en 2025, los datos compartidos por YLB muestran que apenas se alcanzaron las 2.790 toneladas.

Con la llegada del anterior presidente, Luis Arce, en 2020, Bolivia quiso unirse a esta carrera. Para ello, explica Lagrava, desde finales de 2023 «ha suscrito por lo menos 8 convenios, con Uranium One de Rusia, y el consorcio CBC de China«, así como con empresas de Argentina, Australia y Francia. Los dos primeros, contratos por los que se alcanzaría una producción de 49.000 toneladas: 35.000 para CBC mediante dos plantas de extracción directa con una inversión de al menos 1.000 millones de dólares; y 14.000 para una planta de Uranium One con una inversión estimada en 970 millones de dólares. Ambos proyectos que, según denuncia, «no necesitaron hacer estudios de evaluación de impacto ambiental». Dejando, una vez más, los daños medioambientales como un perjuicio colateral.

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