Okuda: «Creemos en el color y en el arte como herramientas de transformación social»
La cita es en la presentación del nuevo proyecto. Okuda ya está allí desde mucho antes de que dé comienzo el acto: supervisa los últimos detalles, saluda y recibe a los invitados, y se acerca a atender sus padres, que asisten desde un discreto segundo plano.
Para él es un momento importante. Salió de Santander con 17 años, con la convicción de que Madrid y la formación en la facultad de Bellas Artes se convertirían en el pilar de lo que ya era su pasión: el arte urbano, la expresión genuina de ideas y sentimientos a través del color y la geometría, sus señas de identidad.
Y aquí está, 30 años después, tras más de 300 proyectos ejecutados en cien ciudades de cincuenta países, devolviendo a su ciudad parte de lo que su experiencia profesional y su compromiso social le ha aportado. Porque Okuda cree en el arte y en su papel transformador. Y él, que se define como artista visual multidisciplinar en continua evolución, viene a cambiar la fisonomía de su ciudad. A través de su fundación, ‘Coloring the World’, va a recuperar el Palacio de Cortiguera, abandonado hace tres décadas, y sobre el que ha obtenido el derecho de superficie tras un acuerdo alcanzado con el Ministerio del Interior, el propietario del inmueble. Un edificio del siglo XIX de inspiración neoárabe, una de esas fachadas que todos nos paramos a mirar, lamentando su estado ruinoso. Es en su jardín donde comenzamos a hablar.
Fuiste alumno del pintor Roberto Orallo y después continuaste tu formación en Madrid…
Si, estudié en el Instituto Santa Clara y mi profesor fue Orallo, al que le agradezco que hoy haya estado aquí apoyándome. Luego me mudé a Madrid con 17 años para estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense. Para mí, fue lo mejor que hice porque es una ciudad con una mayor exposición al mundo. Empecé también a viajar a eventos de Street Art y creo que todo eso fue el gran cambio, la retroalimentación cultural que te aportan los viajes y, sobre todo, una mayor exposición y visibilidad.
Al principio, pintabas en Santander en la calle, pero te decidiste a recibir una formación académica.
Yo siempre he dicho que tenido dos escuelas: la de la calle – me he pasado el tiempo en Santander pintando en fábricas abandonadas, no iba ni a discotecas, un aprendizaje que para mí ha sido maravilloso- y la académica, en la que he estudiado Historia del Arte, Psicología del Arte y del Color… todo eso, y sobre todo la libertad que te da la calle, de creación, de composición, de crear sin límites…todo eso ha sido el mayor aprendizaje.
Okuda se reconoce en sus dos escuelas, la de la calle y el graffiti, y la del formalismo académico
¿Cómo has evolucionado en tus treinta años de carrera profesional?
Hay varias fechas señaladas que han representado para mí un cambio. El empezar a vivir en Madrid en 1999, conocer a tantos artistas y a tanta gente que se plantea una vida distinta a la normal, actores, dj´s, artistas de todo tipo… creo que esa retroalimentación que tienes con esas personas te hace crecer y auto disciplinarte. Luego llegó otro gran cambio en 2014-2015, cuando hice la iglesia en Asturias, otro edificio del que me enamoro y empiezo a buscar medios y maneras de transformarla y dar vida a un lugar que no la tiene, creo que eso ha sido un gran paso en mi carrera, y una de las obras con las que más éxito he tenido. Y ahora, esto, otro gran paso. Ver un edificio abandonado, sin vida, e intentar darle una nueva con ese contenido interior, siempre respetando el patrimonio.
En la presentación, habéis explicado que se trata recuperar lo que fue, convirtiéndolo en algo distinto.
Creo que lo bonito es eso, cómo la evolución de la arquitectura de los edificios y de las ciudades va mutando en función de nuevas necesidades y de nuevas ideas, el arte es una buena herramienta de cambio en esa evolución.
¿Qué va a significar para ti instalarte en Santander?
Ahora mismo tengo ‘Factory of Dreams’ que es el gran centro neurálgico en Madrid desde donde se hace todo y de ahí se envía al mundo, y esto sería otro punto. No será un estudio, sino un proyecto museístico en el que la idea es darle contenido con la colección que he ido creando durante estos 30 años con artistas increíbles como Jen Stark o Keiichi Tanaami, que creo que son una apuesta muy diferente a la que ofrecen los museos de la ciudad y también que vengan colegios, que se hagan talleres…que esté abierto para todos. Romper un poco esa idea de museo sectario y que se generen proyectos sociales y residencias artísticas, y que esté muy vivo, no solo con la exposición permanente, sino con otras temporales.
La vuelta a los orígenes de un artista sin fronteras
Y todo esto llega una vez que has triunfado y has conquistado el mundo…
Bueno, me queda mucho mundo por conquistar. Llevo 30 años y es ahora cuando creo que estoy empezando a hacer cosas muy potentes que van más allá del Street Art y del mural…estoy generando esculturas de gran formato por todo el mundo, mi camino va hacia la arquitectura y hacia el mundo virtual, creando obras experienciales. Justo ahora me siento en mi mejor momento creativo, sobre todo, porque voy hacia caminos nuevos.
Has llegado a un punto en el que, mientras tu arte sigue evolucionando, tú has decidido volcarte en la sociedad.
Si, y de hecho, la necesidad de crear la Fundación Coloring the World responde a saber que tienes una herramienta maravillosa para cambiar las cosas, para cambiar entornos y para cambiar a la gente que vive en ellos. Paralelamente a mis grandes proyectos en el mundo, siempre intentamos meter esta rama social que está muy enfocada a la diversidad, a la inclusión, a la educación y a las nuevas generaciones.
Una manera de que personas con menos recursos puedan desarrollar su talento y ocupar su tiempo.
Total. El otro día hicimos una jornada de puertas abiertas en el estudio, se hizo en todos los de Usera, y vinieron 2500 personas en ocho horas. Creo que sobre todo es despertar a la gente e inspirarles, plantar una semillita. Con que mi arte pueda emocionar y generar un cambio en cualquiera de ellos, ya me doy por satisfecho.
Usera es un barrio que ahora está cambiando, pero cuando te instalaste era marginal, y periférico. Ahora vienes a Santander, a un edificio histórico ubicado en el centro de la ciudad. ¿Qué significa ese cambio?
Tienes toda la razón porque, en Usera, ocupamos una nave en un lugar que es más barrio, y esto es el centro de la ciudad, está más expuesto y, además, tiene una meta distinta. No es un lugar de trabajo mío, sino que es un lugar hecho para todos.
Hasta ahora, tu relación con la arquitectura ha consistido en modificarla, aportando color. Pero este proyecto es una oportunidad para avanzar en un edificio en el que casi hay que partir de cero.
Si, mi trabajo es un diálogo entre el pasado y el futuro, entre la arquitectura clásica y la pintura contemporánea, creo que esa es la línea que me define y en la que me siento cómodo. Este edificio que ahora recuperamos es muy relevante para la ciudad, va a ser un sello de identidad…ya me ha ocurrido en Viena, donde hemos pintado el mural más grande y se ha convertido en un monumento, como también ocurrió aquí en Cantabria con la intervención en el Faro de Ajo. Una propuesta nueva y distinta para Santander.
La rehabilitación de Cortiguera, un reto ilusionante
¿Y qué significa sentimentalmente para ti?
Es maravilloso que después de 30 años recorriendo el mundo, dejando parte de mí en él, y alimentándome de las ciudades y personas que he conocido, me sienta en mi mejor momento creativo y que sea el ideal para volver a casa, para abordar un proyecto como este. Estoy muy contento y muy emocionado.
Okuda cree que es el momento para desembarcar en Santander, una ciudad que, opina, cada vez está más viva a nivel cultural, y en la que su proyecto puede ser la guinda a la próxima apertura de Faro Santander en la antigua sede del Banco Santander, del nuevo Museo de Prehistoria y Arqueología y de la sede asociada del Reina Sofía-Archivo Lafuente. Una eclosión de instalaciones culturales ubicadas en una ciudad pequeña, separadas por un corto paseo y que recorrerán el camino emprendido por el arte desde la Prehistoria hasta el más atrevido arte urbano.