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Juan Arturo Brennan: Música, balón y otras cosas

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Juan Arturo Brennan: Música, balón y otras cosas

by websys 14 de junio de 2026

A

llá en el pleistoceno medio, cuando era posible ir a una tienda de discos para hurgar en sus anaqueles y adquirir música en formatos físicos, con frecuencia me daba por comprar CDs ignotos, por corazonada, por intuición o por mera curiosidad. Una de esas compras fue automática: un disco que ostentaba en su portada la irresistible imagen de un balón de futbol hamacando con potencia la red; primero lo adquirí y después averigüé. Su contenido principal, la Sinfonía No. 5, Galatasaray, del compositor turco Kamran Ince (1960). La obra data del 2005, y en su título y su contenido es una loa al centenario de la fundación del epónimo equipo de futbol, el más emblemático y tradicional de la liga turca. Su nombre, Galatasaray Spor Kulübü, hace referencia al antiguo barrio de Gálata en Estambul, hoy conocido como Karaköy, donde el equipo fue fundado.

La Sinfonía Galatasaray es una obra grandiosa (¿quizá grandilocuente le quede mejor?) para gran orquesta, coro y voces solistas, entre ellas la de un niño que está dando sus primeros pasos en el aprendizaje de la historia y la mitología del equipo pero, sobre todo, en el aprendizaje de la defensa a ultranza de los colores rojo y amarillo de su playera. Aquí, el término “ultranza” es más que adecuado: es legendario el encono feroz y de larga data entre la parcialidad del Galatasaray y la de su acérrimo rival, el Fenerbahçe, fundado en el barrio de Kadiköy situado a unos cuantos kilómetros al otro lado del Bósforo. El intenso y desorbitado texto de Izzeddin Çalışlar es complementado por Ince con un discurso musical no menos expansivo, de intenciones y dimensiones épicas que de seguro ha inflamado las pasiones de los hinchas del club de Gálata. Si bien es decididamente rimbombante, la audición de la Sinfonía Galatasaray es una experiencia musical más que interesante, por la combinación de sus recursos y su lenguaje sonoro con el inflamado y pasional discurso de un texto que contiene, entre otras cosas, algunas fugaces pinceladas patrioteras, asunto que hoy en día viene mucho. No es esta la única música dedicada al balón, pero entre las que conozco es, por mucho, la más compleja e interesante. Es enorme la distancia entre la Sinfonía Galatasaray y los pedestres e infames himnos que han perpetrado los equipos de futbol de todas las latitudes; entre todos ellos, el del América es sin duda el más feo.

En el mismo orden de cosas, resulta que el himno oficial de la UEFA, firmado por Tony Britten, no es del todo malo; lástima que sea un refrito del potente y expresivo himno Zadok el sacerdote de Georg Friedrich Händel

¿Y qué decir del horror de la canción mundialista semi-oficial (sí, pero no, pero sí) La niña futbolista que, con consecuencias de todos conocidas fue placeada como la gran cosa? La primera consideración es que, encima de su fealdad, la infumable canción es un refrito (la palabra cover le queda grande) del original perpetrado por el grupo La Patita de Perro. Cero música, cero letra, cero atractivo, cero creatividad, igual que en la primera versión que, para colmo, está mezclada con las patitas. El pedestre y simplista video es, por decir lo menos, tibio, desangelado y francamente deprimente. Lo peor del triste caso es que, además, se vuelve a privilegiar en un asunto cultural y social la ideología por sobre la forma, el fondo y la calidad artística. En la raíz de todo este fiasco monumental está el hecho de que a alguna mente brillante se le ocurrió que contar la historia de una niña futbolista es una arriesgada, aguerrida y propositiva toma de posición sobre un tema novedoso, actual y candente; que alguien le informe, por favor, a la mente brillante, que el futbol femenil lleva muchos años en desarrollo ascendente y que, salvo en países trogloditas y teocracias recalcitrantes, ya no es ninguna novedad. No es para nada en descargo de la fofa canción que tantas mortificaciones le ha causado a Julieta Venegas, pero la canción análoga de Shakira es igualmente fofa y complaciente en su contenido (y sospechosa en su orientación) aunque rítmica y melódicamente está un poco más viva que aquella. En fin, que todo sea por hacerle el caldo gordo y rendirle abyecta pleitesía a la impresentable FIFA y a su voraz e insaciable presidente. Así nos va a ir cuando acabe el Mundial.

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