Marina Otero (U. de Harvard) sobre la IA y el medio ambiente: “Un centro de datos siempre …
Un reciente informe elaborado por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la ONU dio a conocer los impactos ambientales provocados por la inteligencia artificial. Las preguntas que usuarios de todo el mundo realizan a plataformas como Chat GPT o Gemini dependen de grandes centros de datos, que a su vez, consumen energía, agua y también ocupan importantes áreas de suelo.
El estudio señala que para 2030 la IA consumirá 945 teravatios-hora de electricidad, casi el triple del consumo anual combinado de Pakistán, Bangladesh y Nigeria (más de 650 millones de personas); su huella hídrica equivaldrá a las necesidades básicas de agua de toda la población de la África subsahariana (1300 millones de personas); y su ocupación del suelo superará los 14 mil 500 kilómetros cuadrados, el doble del área metropolitana de Yakarta, la capital de Indonesia.
Radio y Diario Universidad de Chile conversó sobre el tema con la arquitecta española y profesora de la Universidad de Harvard, Marina Otero, quien se refirió a la situación particular de nuestro país. Chile alberga un total de 33 centros de datos operativos, además 34 en desarrollo y todo indica que en pocos años, se consolidará como un importante polo para las empresas tecnológicas.
La especialista en infraestructura digital explicó que en los centros de datos “hay servidores con unos chips muy potentes”, que por estar funcionando todo el día, los 365 días del año, “producen mucho calor residual”.
“Es como cuando notamos que nuestro teléfono o nuestra computadora, se calientan con el uso. Si ese calor continúa en el ambiente, puede hacer que estos servidores dejen de funcionar adecuadamente y ese calor lo tienen que expulsar. Por eso, además de la electricidad que es necesaria para que funcionen los servidores, hace falta también electricidad y generalmente agua para climatizar las salas de servidores y hacer que baje la temperatura”, detalló.
Otero afirmó que en el caso de los centros de datos en Chile la mayor preocupación, justamente, es la cantidad de agua que utilizan, ya que podría terminar afectando a los vecinos de comunas periféricas como Quilicura.
En ese sector de la Región Metropolitana, hay seis centros de datos aprobados para funcionar y las comunidades han manifestado sus resquemores con la instalación de aún más, pues temen su efecto en el humedal de Quilicura.
A juicio de la experta, la preocupación de los vecinos “está justificada, porque los datos que tenemos de los centros de datos que han sometido su información a declaración de impacto ambiental, y los estudios que se han hecho con datos de las propias compañías, nos hacen ver que hay un gran uso del agua y gasto hídrico que es local, de acuíferos locales”, precisó.
“Los consumos que las compañías tienden a lo bajo, pero aún así son descomunales”, señaló Otero, quien calcula que en el caso del centro de datos de Google en Quilicura -el primero de la compañía en instalarse América Latina- el consumo anual de agua es de mil millones de litros, el equivalente a 285 piscinas olímpicos.
La arquitecta reconoció que “hay otros centros de datos que se están construyendo ahora, por todo el mundo, que intentan utilizar menos agua, pero por mucho que tengan nombres como dry cooling o no water, en realidad sí que utilizan agua de una manera directa o indirecta”.

El gasto energético: la zona central estaría “saturada de centros de datos”
Durante el gobierno de Gabriel Boric, Marina Otero participó de la elaboración del Plan Nacional de Centros de Datos, una estrategia con la que se pretendía regular su instalación en nuestro país. En ese proceso, la experta obtuvo información sobre otro impacto de los centros de datos: el energético.
“Según los datos que daba el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la anterior administración, la región central estaba saturada de centros de datos. Esto, implicaba que la red eléctrica prácticamente estaba saturada y que ya no podía acumular muchos más centros que los que estaban en proceso”, relató.
En ese contexto, el gobierno anterior proponía seguir instalando centros de datos, pero ya no en la zona central, sino que en el norte. La profesora de Harvard indicó que los centros de datos “que se dedican al entrenamiento de modelos de lenguaje de la inteligencia artificial, no tienen que estar tan cerca de los usuarios finales, pueden estar en unas localizaciones más descentralizadas y pueden hacer uso de la energía solar, por ejemplo, de un lugar como de Atacama, pero ahora bien ¿y el agua?”.
“Para poder asistir a estos centros de datos además tienes que construir carreteras, tienes que urbanizar, tienes que transformar las tierras que son a lo mejor rurales o que son espacios más protegidos, tienes que asfaltarlos, tienes que cambiar su uso y generar estas grandes moles infraestructurales. En cualquier caso, una gran construcción como es un centro de datos hiperescalar siempre va a tener consecuencias ecológicas”, observó.
“Ahora mismo se pueden estar construyendo centros de datos que son muy dañinos”
La arquitecta destacó del Plan Nacional de Centro de Datos, que al menos se hizo un esfuerzo por evitar un crecimiento desordenado. Esto, aseguró, no ha ocurrido en otros países.
“Hemos visto que hay lugares en México, en Irlanda, incluso en Londres, en que no pueden construirse más viviendas porque no hay suficiente electricidad, porque se la han quedado los centros de datos. Hemos visto en Estados Unidos, comunidades que se han encontrado con que sus facturas de la luz son muy elevadas por culpa de los centros de datos, gente que protesta por la polución o por cómo los centros de datos han afectado los acuíferos locales”, ejemplificó.

De todas maneras, Otero advirtió que una legislación aprobada en el gobierno de Boric terminó afectando la transparencia con la que deberían actuar las empresas tecnológicas.
Estas últimas tenían que presentar estudios de impacto ambiental por los litros de combustible que utilizan, pero en meses recientes, las cosas cambiaron. “La cantidad de combustible acumulado que hace que tengas que hacer un estudio de impacto ambiental ha subido. Ahora los centros de datos no entran, y como consecuencia, ya no tienen que hacer un estudio de impacto ambiental”, explicó.
“Eso ha tenido como consecuencia que ahora mismo se pueden estar construyendo centros de datos que son muy dañinos para el medio ambiente, pero no lo vamos a saber, porque ya no tenemos esos documentos”, dijo.
Otero afirmó que no quiere “ver una mano negra ahí, pensar que se cambió esa ley para dejar fuera los centros de datos, pero esa ha sido, de facto, la consecuencia. Ahora mismo nos encontramos en un problema bastante grande”, advirtió.
El Gobierno de Kast y la desregulación
La profesora de Harvard además mostró preocupación por lo que pueda pasar en el gobierno de José Antonio Kast. Otero estimó que el Presidente “no está interesado para nada en la regulación” y que “hemos dado muchos pasos para atrás”.
La arquitecta argumentó esa posición en que no se están realizando las mesas de trabajo que son parte del Plan Nacional de Centro de Datos y que además, se han dado señales respecto a “incentivar la construcción de centros y acelerar los procesos”.
“Eso puede tener consecuencias negativas incluso para las propias compañías. Lo que sabemos es que si tú intentas acelerar los procesos y no tienes legitimidad, las comunidades en muchos casos van a estar en contra y esa oposición puede al final tener una consecuencia mucho peor. Puede hacer que tu proyecto se cancele o que nunca llegue a ejecutarse o que tarde mucho más en ejecutarse, que si tú estableces desde el principio un diálogo con las comunidades”, sostuvo.
“El gobierno de Kast está convencido de la idea de desregular cuanto más mejor y acelerar los procesos para dar crecimiento a la industria, pero no está siendo consciente de que ya tenemos casos en que esa falta de legitimidad y esa aparente rapidez al final tiene consecuencias”, insistió.