Escuela de la Ópera de París atrae a alumnos de 20 países
▲ “La técnica francesa es más precisa, lo que tiene más reconocimiento y demanda”, asegura una alumna de Rumania.Foto Afp
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Periódico La Jornada
Miércoles 17 de junio de 2026, p. 4
Nanterre. Es una tradición que se transmite oralmente: en la escuela de danza de la Ópera de París se enseña el arte del ballet clásico al estilo francés, un patrimonio artístico ancestral que atrae cada vez más a bailarines extranjeros, incluso de Japón y Brasil.
En el edificio que alberga esta institución heredera de Luis XIV, en Nanterre, en las afueras de París, el bullicio de los alumnos reina en la gran escalera central que conduce a los estudios de danza.
A pocos minutos del inicio de las clases, unos charlan en el patio, otros terminan una partida de futbolito, pero la mayoría, con zapatillas y ropa deportiva, hacen ejercicios de calentamiento.
En los pasillos, Elisabeth Platel, directora del centro desde 2004, contempla cada una de las seis divisiones de chicas y seis de chicos, en total 144 alumnos de entre 9 y 18 años que superaron el difícil acceso a la prestigiosa institución.
“Además de su misión principal, que es preparar a los alumnos para su incorporación a la compañía de la Ópera de París, la escuela tiene una misión patrimonial: conservar el estilo francés, surgido de la danza cortesana de la época de Luis XIV, de la danza folclórica y del romanticismo”, explica esta antigua étoile del ballet de la ópera parisina.
Esta transmisión se basa en la oralidad. “Hay pocos textos escritos y una gran cantidad de archivos de video”, señala.
“Nuestro plan de estudios lo llevamos dentro”, dice para recalcar hasta qué punto los bailarines se “impregnan” de él mediante su cuerpo.
Es “una base muy sólida”, transferida de maestros a alumnos desde hace años, añade.
“Eslabón de la cadena”
“Es como si fuéramos un eslabón de la cadena”, considera Stéphane Bullion, otrora bailarín étoile y actualmente profesor en la sexta división de chicos (los más jóvenes).
Carole Arbo, profesora en primera división de chicas (las mayores), también antigua étoile y ex alumna de la escuela con “más de 50 años en la casa”, añade: “El 90 por ciento de lo que enseño es lo que nuestros maestros nos dieron”.
El objetivo es “perpetuar” un estilo que ella define por la “rapidez” en el trabajo de piernas y de técnica, por su “virtuosismo”, su “pureza y precisión en los movimientos”, “sin olvidar la parte artística”, presente en los grandes ballets como Giselle o La bella durmiente.
A diferencia de otras formas de enseñanza del ballet, la técnica francesa es “más precisa”, dice Carina, alumna de primera división, originaria de Rumania. Y este estilo tiene “más reconocimiento, más demanda”, asegura.
En realidad, cada profesor aporta su toque personal, dice Platel. Ella misma hace evolucionar el plan de estudios “en función de las necesidades del ballet de la ópera y de la evolución de la sociedad”.
Estas particularidades de la escuela la convierten en un centro de excelencia al que aspiran muchos jóvenes.
Este año, 47 alumnos, es decir, un tercio del total, proceden de 20 países diferentes, entre éstos Malasia, Brasil, Japón, España, Estados Unidos, Nueva Zelanda… En 2018, los alumnos internacionales eran sólo 20 (de un total de 153).
Al terminar su formación, no todos conseguirán su objetivo: entrar en el cuerpo de ballet de la ópera, pero su bagaje les permitirá acceder a otras grandes compañías.
El año pasado, de 23 alumnos de la última división, cuatro mujeres y tres hombres del centro lograron entrar en la compañía.