Discurso: Las mujeres, la mayor y más confiable fuerza en favor de la paz, están listas para participar
La Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, interviene en el debate abierto del Consejo de Seguridad sobre mujeres, paz y seguridad, en la sede de las Naciones Unidas, el 17 de junio de 2026. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown.
[Pronunciado]
Agradezco a Colombia la celebración de esta sesión y la invitación para dirigirme al Consejo esta mañana. Asimismo, agradezco a Su Excelencia la Ministra de Relaciones Exteriores, Rosa Yolanda Villavicencio, por su liderazgo y por acompañarnos hoy.
En un mundo cada vez más afectado por las crisis, la necesidad de encontrar soluciones y vías hacia la paz nunca ha sido tan urgente. Sin embargo, seguimos pasando por alto una de las respuestas más probadas.
La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres constituyen algunos de los enfoques más poderosos para alcanzar la paz. Esto no es una especulación ni una postura ideológica. Está respaldada por evidencia sólida, comprobada una y otra vez, que confirma su valor para abordar las crisis y los conflictos. Han transcurrido más de dos décadas desde que este Consejo adoptó la Agenda sobre las Mujeres, la Paz y la Seguridad mediante la resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Desde entonces, hemos realizado innumerables estudios y hemos escuchado de primera mano, tanto en este Consejo como en otros espacios, las lecciones aprendidas:
Cuando las mujeres están seguras, las naciones son más pacíficas.
Las actitudes hacia las mujeres y la igualdad de género constituyen los mejores indicadores para prever la violencia política, el extremismo y el terrorismo.
Donde las mujeres son excluidas de la vida pública y del empleo, aumenta el riesgo de conflicto.
Los movimientos de mujeres reducen la violencia antes, durante y después de los conflictos.
La participación de las mujeres en los ámbitos de seguridad y mantenimiento de la paz mejora el desempeño y la rendición de cuentas.
Los retrocesos en los derechos de las mujeres constituyen una señal de alerta temprana de conflictos y tendencias autoritarias.
Y la paz tiene mayores probabilidades de alcanzarse más rápidamente, y de perdurar por más tiempo, cuando las mujeres están presentes en la mesa de negociación.
Todo esto lo sabemos. Por eso, cuando buscamos la paz sin las voces de las mujeres, sin que las mujeres ocupen un lugar en la mesa y lideren junto con los hombres, nuestros esfuerzos se debilitan, se vuelven frágiles y, en última instancia, dejan de ser serios.
Hoy enfrentamos el mayor número de conflictos desde la fundación de las Naciones Unidas, en todas las regiones del mundo, desde Afganistán hasta Haití, Myanmar, el Líbano, Palestina, el Sudán, Ucrania y muchos otros contextos. Se trata de una situación sin precedentes por el número de conflictos y por la magnitud de sus impactos humanitarios y geopolíticos. Actualmente, una cuarta parte de la humanidad vive bajo el terror, la incertidumbre y la inseguridad.
Son conflictos que las mujeres no eligen ni dirigen. Sin embargo, son ellas quienes pagan el precio más alto, mientras permanecen excluidas de los esfuerzos diplomáticos destinados a ponerles fin.
Esto ocurre en el Sudán, donde se desarrolla la mayor crisis humanitaria del mundo y donde las atrocidades cometidas contra mujeres y niñas avergüenzan a toda la humanidad. Y, aun así, entre las múltiples iniciativas diplomáticas en marcha, ninguna mujer sudanesa ha participado directamente en las negociaciones.
También ocurre en Ucrania, donde la guerra es cada vez más letal para las mujeres y las niñas, mientras que solo los hombres participan en todas las rondas de conversaciones de paz. Observamos la misma tendencia en los frágiles altos el fuego del Líbano, Palestina, la República Democrática del Congo y otros contextos.
Todo ello ocurre en un nuevo panorama de mediación que está relegando a las Naciones Unidas, agravando aún más la exclusión de las mujeres. Durante los últimos cinco años, los procesos liderados por las Naciones Unidas lograron una participación femenina de entre el 16 y el 23 por ciento. Es una cifra insuficiente, sin duda, pero sigue siendo el doble del promedio mundial cuando se consideran todos los procesos de mediación.
Además, las Naciones Unidas han nombrado a mujeres como mediadoras principales, incluida la totalidad de los procesos que lideraron el año pasado, y casi la mitad de las personas expertas en mediación desplegadas fueron mujeres.
Sin embargo, esta promesa de avanzar hacia una auténtica igualdad de género en la construcción de la paz pierde fuerza cuando el papel de las Naciones Unidas es cada vez más marginado y cuando este sistema multilateral enfrenta enormes presiones.
Permítanme recordar que las Naciones Unidas lideraron apenas tres procesos de paz el año pasado. Hace quince años lideraban catorce.
Las mujeres están desapareciendo de los procesos de paz y mediación. Estoy convencida de que todas y todos lamentaremos esta situación.
Existe una alternativa. Hace menos de dos años, el Secretario General lanzó un compromiso común para promover la participación de las mujeres en los procesos de paz. Cuarenta y tres Estados Miembros, organizaciones regionales y actores de mediación se han sumado a esta iniciativa, incluidos algunos de los presentes hoy en esta sala. Muchos de ellos participan en los procesos de paz que acabo de mencionar.
Hago un llamado a quienes aún no se han sumado para que lo hagan. Asimismo, exhorto a quienes ya forman parte de esta iniciativa a respaldar el objetivo de una representación mínima de un tercio de mujeres promovido por el Secretario General, así como la meta de paridad establecida por el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) en su Recomendación General núm. 40. También les insto a informar periódicamente, incluso ante el Consejo de Seguridad y en las reuniones sobre mujeres, paz y seguridad, acerca de la composición de género de los diálogos que facilitan o apoyan, las medidas adoptadas para garantizar la inclusión directa de las mujeres y los obstáculos que enfrentan para ir más allá de una participación simbólica o de reuniones paralelas.
Aprovechar estas oportunidades marcaría una diferencia significativa en la diplomacia de alto nivel dentro del actual panorama de mediación. Pero es igualmente importante fortalecer el apoyo a la mediación liderada por mujeres a nivel comunitario.
En el Sudán, ONU Mujeres encuestó recientemente a 85 organizaciones lideradas por mujeres. Casi la mitad participa en labores de mediación comunitaria, combate los discursos de odio, reduce tensiones entre poblaciones desplazadas y comunidades de acogida, y convence a jóvenes locales para que depongan las armas.
En Afganistán, donde mujeres y niñas enfrentan las peores condiciones del mundo, hemos encontrado formas de trabajar con más de 200 organizaciones de mujeres, incluidas defensoras de derechos humanos, lideresas comunitarias y periodistas, que continúan defendiendo sus derechos. Estas mujeres negocian con las autoridades locales y brindan apoyo psicosocial y asistencia esencial a las mujeres y niñas más marginadas y vulnerables.
En el Líbano, constatamos que el 80 por ciento de las mujeres constructoras de paz contribuyen a la respuesta frente a la reciente escalada del conflicto sin contar con ningún tipo de financiación.
Lo que es cierto en Afganistán, el Líbano, el Sudán y muchos otros lugares, es válido para todos los países que figuran en la agenda de este Consejo. Imaginemos cuánto más podrían lograr estas mujeres y sus organizaciones si contaran con el apoyo que necesitan y merecen.
A pesar de estos desafíos, y precisamente debido a ellos, seguimos a su lado como aliados y aliadas, tanto en la diplomacia de alto nivel como en el apoyo a la mediación comunitaria.
El papel que ONU Mujeres pudo desempeñar en las negociaciones del Acuerdo de Paz de La Habana ocupa un lugar destacado entre nuestros logros y nos sentimos profundamente orgullosas de ese logro. Ese acuerdo puso fin a 52 años de conflicto, y el reconocimiento explícito de ONU Mujeres en el propio acuerdo nos brinda un nuevo impulso para seguir contribuyendo a la paz y la seguridad. Esperamos continuar apoyando a Colombia en su camino hacia un futuro cada vez más pacífico y próspero.
Sabemos también que los países que han priorizado la igualdad de género han logrado recuperarse mejor de los conflictos, prevenir con mayor eficacia las recaídas en la violencia, servir mejor a sus pueblos y evitarles los costos de la guerra, haciendo posible el disfrute de la paz. Espero escuchar hoy más lecciones aprendidas, más experiencias y más ejemplos que nos inspiren a todas y todos.
Las mujeres constituyen la mayor y más confiable fuerza en favor de la paz. Al excluirlas de la toma de decisiones en un momento en que más las necesitamos, no solo les estamos fallando a ellas, sino a toda la humanidad. Estamos debilitando la paz de hoy y saboteando la paz del mañana. Podemos y debemos elegir un camino diferente.
Este imperativo es cada vez más urgente, mientras que los costos de la inacción son cada vez mayores: costos que se reflejan en acuerdos fallidos, altos el fuego rotos y procesos de transición que no han cumplido sus promesas.
Las mujeres están listas. Han esperado demasiado tiempo.
Muchas gracias.