Abren al público el Templo de Ehécatl y el Juego de Pelota de Tenochtitlan
▲ Las visitas guiadas al centro ceremonial, develado en 2014, están disponibles de martes a sábado hasta el 19 de julio, cuando cerrará nuevamente para que los arqueólogos continúen sus exploraciones.Foto ©Luis Torres/INAH
Ana Mónica Rodríguez
Periódico La Jornada
Sábado 27 de junio de 2026, p. 8
Los restos del costado exterior norte del Juego de Pelota o Teotlachco de Tenochtitlan, único fragmento visible actualmente de la estructura ritual mexica, se encuentra justo bajo los cimientos del Hotel Catedral en Guatemala 16, concurrida calle –la cual lleva hacia el Templo Mayor, en la parte posterior de la Catedral Metropolitana– donde diariamente deambulan miles de personas sin imaginar que en el subsuelo no sólo hubo “guerras simbólicas”, sino que “era el juego de los dioses, un templo más del recinto sagrado relacionado con su religión y cosmovisión, donde los tlatoanis también llegaron a jugar”.
Este edificio sagrado era de carácter ritual, mítico-religioso simbólico y lúdico, en el que se dirimían conflictos, se hacían apuestas y se realizaban sacrificios humanos por diversos motivos, explicó el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en entrevista con La Jornada, y recordó que el descubrimiento del Juego de Pelota mexica, tras registros de su existencia en distintas épocas, finalmente se develó en 2014 durante las segunda temporada de excavaciones en el predio de Guatemala 16.
Barrera también abordará este tema en el contexto del Mundial Social, en la conferencia “El Teotlachco: arquitectura y simbolismo” que impartirá el 25 de julio como parte del ciclo El Juego de Pelota en Tenochtitlan, que se desarrollará los sábados del 4 de julio al 29 de agosto en el Museo del Templo Mayor, donde participarán varios especialistas.
El único fragmento visible del Juego de Pelota forma parte del museo subterráneo del Templo Ehécatl Quetzalcóatl, Dios del viento, donde se puede acceder por primera vez en visitas guiadas, con previa cita, el cual está ubicado bajo la moderna arquitectura del Hotel Catedral, donde a 6 metros bajo el piso actual se observa “una plataforma orientada de este a oeste que presenta tres momentos constructivos posiblemente contemporáneos con las etapas V (1481-1486), VI (1486-1502) y VII (1502-1521) del Templo Mayor”.
El arqueólogo detalló: “la penúltima etapa es la que mejor se conserva, tiene un ancho aproximado de 9 metros y se encuentra a 6.45 metros al sur del Templo de Ehecátl. Los trabajos también permitieron identificar la superposición de dos escalinatas, con sus respectivas banquetas por el lado norte”.
El otro extremo de la plataforma, agregó, “está conformado por la superposición de tres muros estucados. En su parte superior, hay restos de banquetas de aposentos y un piso de estuco con orificios para postes de madera”.
Primeros hallazgos
Los primeros hallazgos relacionados al Juego de Pelota tenochca, se remiten a principios del siglo XX, durante la construcción de un drenaje en la calle de Guatemala “que corre de este y oeste; es el mismo colector que pasa por el Templo Mayor, es una obra que se hizo en la época de Porfirio Díaz, cuando hubo un rescate arqueológico y un minucioso registro de Leopoldo Batres, el mismo que excavó la pirámide del Sol en Teotihuacan y realizó trabajos en otros puntos del país”.
En esa ocasión, “Batres encontró algunas ofrendas, en las cuales había una especie de caja de piedra con cuchillos de pedernal entre otros objetos; afuera de este recipiente encontró una escultura, una esfera de 75 centímetros del altura por 54 centímetros de ancho, con la representación de una pelota de hule, una especie de cesto vegetal, la cual está exhibida en el Museo Nacional de Antropología”.
Días después, el mismo Batres encontró “cinco esferas de piedra alrededor de 15 centímetros que representan pelotas de hule, el cual fue un hallazgo muy importante porque además se encontró otra ofrenda suntuosa, con una escultura en posición sedente, de un metro de altura, con la representación de la deidad Xochipilli-Macuilxóchitl, patrono de la música, el juego y la danza”.
Otro momento relevante ocurrió durante la construcción de la línea 2 del Metro, del Toreo a Tasqueña, entre 1968 y 1969. “Hubo un salvamento arqueológico coordinado por Jordi Gussinyer y al realizar trabajos por detrás de la Catedral se halló una ofrenda compuesta por 10 pequeños objetos y en el interior de la caja había dos pequeñas maquetas de Juego de Pelota y, una de ellas, tenía orificios laterales lo que indica que ese objeto lo portó algún sacerdote durante alguna ceremonia. También encontraron otros elementos como flautas, tamborcitos y una representación de la deidad citada, incluido la detección de restos de dos escalinatas transversales, de norte a sur y con acceso de este a oeste, por lo que Jordi Gussinyer pensó que eran parte del Huei Tzompantli.
“En los años 90 Eduardo Matos Moctezuma –el fundador del Proyecto Templo Mayor– revisó los trabajos del mismo Gussinyer, pero propuso que la escalinatas no eran del Tzompantli, sino del Juego de Pelota y tuvo razón.”
A finales del siglo pasado, el PAU hizo trabajos de corrección geométrica en la Catedral Metropolitana debido a que se estaba desnivelando y la idea fue que ese hundimiento se estabilizara.
El rescate arqueológico fue coordinado por Francisco Hinojosa y por Álvaro Barrera, quien también fue responsable del programa.
“En ese entonces se hicieron 32 lumbreras en diferentes puntos del recinto religioso, incluidos los de la parte posterior de la Catedral, y uno más casi a la altura del Altar de los Reyes, donde se encontraron los restos del cabezal oriente del Juego de Pelota, así como una ofrenda; después hicieron un sondeo en la Capilla de Ánimas y descubrieron los restos del cabezal poniente, con otra ofrenda, además de pequeñas de bolas y miniaturas en concha nácar.”
Portal al inframundo
Ahora, después de los trabajos que Raúl Barrera ha encabezado, refiere que el Juego de Pelota “pudo tener una longitud de 50 metros de este a oeste y 30 metros de ancho en su contorno. El edificio tenía forma de T doble o I latina; además, tenía diversas connotaciones y motivos en su práctica, donde también tiene que ver la religión y sus mitos, como la recreación de la lucha que tuvo Huitzilopochtli con Coyolxauhqui y sus hermanos los Centzon Huitznahua”.
La cancha del Juego de Pelota, señaló Barrera, “tiene un simbolismo porque representa la superficie terrestre, significa un portal al inframundo y conecta con el cosmos. Su finalidad es la renovación de la vida, donde se relacionan la fertilidad de la tierra y la muerte. Y por ser el juego de los dioses, también los tlatoani jugaban en este lugar, mientras los jugadores eran como guerreros combatientes inmersos en guerras simbólicas”.
Barrera comentó que en Mesoamérica “se han registrado más de 3 mil juegos de pelota y en México existen evidencias arqueológicas de mil 233”. Asimismo, en lugares como en el suroeste de Estados Unidos, Centroamérica, Las Antillas, República Dominicana y Cuba también han habido registros de estas míticas estructuras.
Las visitas guiadas ya están disponibles en el Templo de Ehécatl- Quetzalcóatl y el Juego de Pelota de Tenochtitlán, de martes a sábado, en tres horarios: 9:30, 11 y 12 horas, con previa cita, en cualquiera de los siguientes correos electrónicos: [email protected] y [email protected]. El acceso está incluido en la cuota de entrada al museo, que es de 105 pesos para nacionales y extranjeros con residencia en México. Hasta el próximo 19 de julio, el personal del área de Comunicación Educativa del Museo del Templo Mayor dará los recorridos en grupos de máximo 15 personas; después de esa fecha, los espacios cerrarán nuevamente para que los arqueólogos continúen con sus exploraciones.