Expertos alertan que minería, mercurio y aguas servidas aceleran el deterioro de los ríos de Bolivia
El director del Instituto de Investigación y Desarrollo de Procesos Químicos de la UMSA, Waldo Vargas, sostuvo que la minería representa actualmente el principal factor de presión sobre los recursos hídricos nacionales.
Fuente: ANF
La contaminación de los ríos en Bolivia dejaron de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en una creciente amenaza para la salud pública, la seguridad hídrica y la economía de miles de familias. Especialistas advirtieron que la expansión de la actividad minera, el uso intensivo de mercurio en la explotación aurífera, la descarga de aguas residuales sin tratamiento y la reducción de caudales por efecto del cambio climático están acelerando el deterioro de las principales cuencas del país.
El director del Instituto de Investigación y Desarrollo de Procesos Químicos (IIDEPROQ) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Waldo Vargas, sostuvo que la minería representa actualmente el principal factor de presión sobre los recursos hídricos nacionales. A su juicio, el incumplimiento de la normativa ambiental ha permitido que numerosas operaciones utilicen grandes volúmenes de agua y posteriormente las devuelvan a los ríos con elevadas cargas de sedimentos y metales pesados.
“La minería es la actividad antrópica que más afecta la seguridad hídrica en Bolivia. Se utiliza el agua y luego se la devuelve totalmente contaminada porque no se está cumpliendo la normativa ambiental”, afirmó en entrevista con ANF.
Como ejemplo, Vargas mencionó los ríos Huanuni, en Oruro, y La Rivera, en Potosí, a los que calificó como “ríos metálicos” o incluso “ecológicamente muertos” debido a la magnitud de la contaminación. Asimismo, explicó que el problema se intensifica por el cambio climático.
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“En la cuenca endorreica cada vez llueve menos, disminuye el caudal de los ríos y los contaminantes se concentran mucho más. Cada año que pasa sin saneamiento acelera el deterioro y encarece el uso del agua para toda la sociedad”, advirtió.

Esa preocupación es compartida por Gonzalo Mondaca, investigador del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), quien consideró que la contaminación hídrica presenta características estructurales en varias regiones del país.
“La contaminación de los ríos ya no es solamente un problema ambiental; en muchos casos se ha convertido en una crisis de salud pública”, señaló a ANF.
Mondaca explicó que la cuenca del río Pilcomayo arrastra un problema histórico originado por actividades mineras deficientemente reguladas y por pasivos ambientales que, en algunos casos, se remontan a la época colonial.
Según el investigador, la contaminación se propaga aguas abajo a través de afluentes como los ríos Tupiza y San Juan del Oro, perjudicando a poblaciones de Chuquisaca y el Chaco. En Villamontes, añadió, la pesca ha sido una de las actividades más afectadas.
“El impacto económico y social recae principalmente sobre el pueblo Weenhayek, cuya alimentación e ingresos dependen históricamente del Pilcomayo”, sostuvo.
Además de la minería, Vargas advirtió que las ciudades bolivianas se han convertido en importantes fuentes de contaminación al descargar aguas servidas insuficientemente tratadas o sin tratamiento alguno. “Hemos convertido ríos que antes eran espacios de recreación en verdaderas cloacas abiertas”, lamentó.
El especialista recordó que el río Rocha, en Cochabamba, era utilizado como balneario durante la década de 1960, “hoy es una cloaca abierta e insoportable por la contaminación”.
Añadió que una situación similar ocurre en el río Guadalquivir, en Tarija, cuya calidad del agua descendió hasta la categoría D en el tramo urbano.
Respecto al eje troncal, Vargas aseguró que “La Paz no realiza ningún tratamiento de sus aguas residuales y toda esa contaminación termina en el río, que finalmente desemboca en la cuenca amazónica”. En cuanto a El Alto, consideró insuficiente la capacidad de la planta de Puchukollo, que cubre apenas al 35% de la población. “Es como darle una aspirina a un enfermo de última”, graficó.
Mondaca alertó que, mientras el Pilcomayo enfrenta una contaminación histórica, la cuenca amazónica experimenta un deterioro acelerado por el auge de la minería aurífera mecanizada durante las últimas dos décadas.
El investigador señaló que ese metal se transforma en metilmercurio, una sustancia altamente tóxica que ingresa a la cadena alimentaria. “Los microorganismos lo absorben, pasa a los peces pequeños, luego a los peces grandes y finalmente llega a las personas que consumen esos alimentos”, explicó.
Vargas alertó sobre la aparición de contaminantes emergentes y dijo que hoy no solo hablamos de metales pesados, sino que “también llegan a los ríos microplásticos, antibióticos y residuos farmacéuticos que afectan a los microorganismos y, finalmente, también al ser humano”.

