Repatriación voluntaria, de Rubén Ortiz, critica la guerra y las políticas de Trump
Repatriación voluntaria, de Rubén Ortiz, critica la guerra y las políticas de Trump
▲ El artista Rubén Ortiz Torres frente a su obra Apocalipsis ahora (2024), compuesta por 40 azulejos de gres esmaltado.Foto María Luisa Severiano
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Domingo 5 de julio de 2026, p. 7
La crítica, la construcción de la identidad y el humor caracterizan una vez más la obra que el artista, docente y curador Rubén Ortiz Torres (Ciudad de México, 1964) presenta en Repatriación voluntaria, título de su más reciente exposición en la Galería OMR. La muestra incluye gráfica, cerámica, textil, un objeto encontrado, piezas de coche arregladas, una pintura “muy conceptual” y dibujo.
Profesor de arte desde 2001 en la Universidad de California en San Diego, Ortiz Torres lleva más de 35 años radicado en Estados Unidos, aunque mantiene vigente su contacto con México. En 2019, el Museo Universitario Arte Contemporáneo le organizó su primera retrospectiva: Customatism. Es curador con Jesse Lerner de AztLÁn, túnel del tiempo, muestra exhibida actualmente en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Abierta al público el pasado 25 de mayo, ha recibido hasta el momento más de 200 mil visitantes.
Entrevistado por La Jornada, Ortiz Torres señala haber ido a Estados Unidos “originalmente con la idea de trabajar en nuevas tecnologías. Imprimí fotos en color, aprendí a hacer video, hice un largometraje, también trabajé con tecnologías digitales y programas que alteraban las formas. Muchas de estas experimentaciones con tecnologías ya han caducado y se han vuelto obsoletas. Esas piezas ya ni las puedo reproducir”.
Repatriación voluntaria comprende dos murales cerámicos y un gobelino que lleva la inscripción “No me chinguen”.
Si en cierto momento de su carrera, Ortiz Torres “tal vez” vio a los textiles y la cerámica con “desdén porque me parecían muy artesanales”, ahora se siente “muy arrepentido de eso porque finalmente son tecnologías que han durado. La cerámica es una parte importante de la cultura del país. Lo mismo pasa con los textiles”.
Ambos murales cerámicos, cada uno compuesto de varios mosaicos, fueron realizados en Guadalajara, donde ha trabajado en fechas recientes, así como en Cerámica Suro y el taller Nodo. Apocalipsis ahora, de azul cobalto, remite al mural pintado en el Templo de Jesús Nazareno por José Clemente Orozco, artista que a Ortiz Torres le interesa mucho, al igual que el escritor Juan Rulfo y el arquitecto Luis Barragán.
Se trata de “un proceso muy tradicional; sin embargo, el diseño es un collage digital cuyo fondo es el mural El Apocalipsis, de Orozco”. La pieza del expositor incluye un “tanque ruso entrando a Ucrania, una mezquita destruida y drones”, entre otros elementos contemporáneos.
El segundo mural, La quema de los ídolos, realizado mediante la técnica del esgrafiado, se basa en un dibujo hecho por tlacuilos en Tlaxcala, en el que unos frailes destruyen figuras precolombinas. Durante la hechura de la obra sucedieron los incendios en el sur de California, por lo que se ven palmeras ardiendo y una referencia al mural El hombre en llamas, de Orozco.
Hay guiños a los Cuatro Fantásticos, personajes de un cómic que, para el entrevistado, remiten a la idea de El hombre en llamas. También presentes están las marchas que sucedían en Los Ángeles, así como un agente del ICE. “Las figuras precolombinas están mezcladas con una Barbie, una piñata de Mickey Mouse y obras mías”, acota.
Crítica al nacionalismo
El objeto encontrado, o ready made, es la capota de cajuela de una patrulla de Tijuana que parece una pintura abstracta. En realidad, la patrulla fue quemada durante una guerra entre cárteles. Ortiz Torres lo barnizó para protegerlo. La única pintura en la exhibición está hecha con las cenizas de seis banderas que el artista quemó como “una crítica al nacionalismo”. En esta nueva bandera “negra, anarquista, hay una cosa iconoclasta”. Es decir, “estos gestos de renovación y cómo el ave fénix renace de las cenizas”.
Mientras Ortiz Torres trabajaba La revolución más rosa, con pintura de coche sobre una puerta de otra patrulla quemada, “al aplicar la brillantina, que en la frontera se utiliza para arreglar los coches, en México había protestas por la violación de una muchacha. Las feministas protestaron echándole brillantina a la policía. Entonces, hice una serie de piezas en las que la brillantina se avienta sobre las patrullas. Mi hermana Gabriela (la compositora Gabriela Ortiz) escribió la pieza Revolución diamantina, que será presentada con un ballet en la sala principal del Palacio de Bellas Artes”.
Actualmente, el artista trabaja una serie basada en las primeras fotografías de guerra existentes cuando Estados Unidos invadió México en 1847. La muestra incluye la fotolitografía Phantom limb (miembro fantasma), originada en un daguerrotipo “tomado en el momento en que los marines entran y presencian una amputación de pierna”. En la parte inferior de la pieza, el miembro perdido se ha recreado con la parte de México que “ya no lo es”, pero está en el “inconsciente del país”.
El título de la exposición retoma una política actual del gobierno de Donald Trump, pero trasladada al terreno personal. “En este caso sí es una repatriación voluntaria porque vengo porque quiero y tengo la oportunidad”.
Ortiz Torres desea que el conjunto de obra se vea como “una reflexión sobre el poder en general. Del abuso de poder de unas personas a otras, donde sea y como sea”.
Repatriación voluntaria se exhibe hasta el 20 de agosto en la Galería OMR (Córdoba 100, colonia Roma, Ciudad de México).