La destreza de Enrique Guzmán queda plasmada en un nuevo catálogo
▲ El artista concibió una serie de dibujos a lápiz de su mano izquierda en diversas posiciones como ejercicio de autorrepresentación. Son parte de “una estrategia deliberada de distanciamiento respecto de los cánones tradicionales de la autorretratística, aquellos que asignan al rostro el monopolio de la identidad”, dice el curador Uriel Vides Bautista en el catálogo.Foto cortesía del recinto
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Domingo 26 de julio de 2026, p. 3
El escritor Carlos Monsiváis recordó por escrito la noche de noviembre de 1976, en que la galería Arvil inauguró su local en la Zona Rosa con una exposición del pintor Enrique Guzmán: “encuentro a Enrique en la calle Hamburgo a dos cuadras de la galería Arvil, y supongo que entraremos juntos a su vernissage. Inútil: su emoción es muy profunda y se niega, alega incapacidad de ver su trabajo reunido, caminamos un rato, su nerviosismo se acentúa, y sólo arribamos a la exposición cuando se han ido casi todos. No sé bien qué es lo contrario de protagónico, pero ese término se le aplicaría, a menos que exista el protagonismo de la reticencia y la huida”.
Dicha reflexión se incluye en el catálogo de la exposición El virtuosismo técnico de Enrique Guzmán que hoy será presentado en el Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis. La muestra, concluida el pasado 13 de julio, giró en torno a 14 dibujos a lápiz sobre papel que en 1976 el artista concibió como un ejercicio de autorrepresentación. En cada uno aparece la mano izquierda del artista, a veces con los dedos extendidos o flexionados, casi siempre sosteniendo objetos que remiten a su repertorio iconográfico: una hoja de papel, un frasco de vidrio sin tapa, una canica, una moneda de 20 centavos de 1940, otra de 1960, una cuchilla de afeitar, un limón cortado por la mitad y una masa biomorfa difícil de identificar. Fue vista por 26 mil 742 personas.
El texto de Monsiváis, una especie de semblanza de Guzmán, finaliza con la trágica muerte del pintor: “En 1980 regresa a Aguascalientes a la casa familiar, y allí se instala en definitiva en 1983. El final ocurre el 8 de mayo de 1988 cuando se ahorca en su cuarto. El diagnóstico inevitable: perturbación mental. Y el fenómeno se produce: la obra crece y supera en definitiva a la leyenda”.
El catálogo también incluye textos de Uriel Vides Bautista, curador de la exhibición, y la crítica de arte Sylvia Navarrete. En su escrito, Vides Bautista señala que para realizar esta serie de dibujos, Guzmán se inspiró en algunas ilustraciones del libro La Science Amusante: Cent Nouvelles Experiences, de Tom Tit –una publicación francesa del siglo XIX que combina explicaciones científicas con imágenes de manos ejecutando experimentos.
Rupturista
Sin embargo, “estas obras no son autorretratos en el sentido convencional del término, pues en ninguna se observa el rostro del artista y, en su lugar, domina el gesto expresivo de la mano colocada en distintas posiciones”. Formaron parte de “una estrategia deliberada de distanciamiento respecto de los cánones tradicionales de la autorretratística, aquellos que asignan al rostro el monopolio de la identidad”. Los 14 dibujos “profundizan en esta ruptura, no sólo por el protagonismo de un fragmento corporal, sino por la dimensión semántica abierta de los objetos representados, cuya posible carga biográfica no puede establecerse con certeza ante la ausencia de testimonios dejados por el propio artista”.
En su texto, Navarrete hace hincapié en que tanto Vides Bautista como Armando Colina, el dueño de la serie, “exhortan a valorar la proeza técnica de este alumno precoz y disidente de La Esmeralda, por encima de las lecturas sicologizantes que lo han confinado en el mito de la rebeldía y la autodestrucción juvenil”.
El catálogo de El virtuosismo técnico de Enrique Guzmán se presenta hoy a las 12 horas en el Museo del Estanquillo (Isabel la Católica 25, Centro Histórico).