En Hasta que muera el mundo, una élite encerrada en su propia abundancia exhibe sus fracturas
En Hasta que muera el mundo, una élite encerrada en su propia abundancia exhibe sus fracturas
Daniel López Aguilar
Periódico La Jornada
Lunes 11 de mayo de 2026, p. 4
A 135 años de su escritura, Hedda Gabler, de Henrik Ibsen, irrumpe en un lugar inesperado: un penthouse en Lomas de Chapultepec.
La puesta en escena Hasta que muera el mundo, escrita por Juan Carlos Franco y en temporada en el teatro El Milagro, traslada el clásico del dramaturgo noruego al presente y lo coloca frente a tensiones que no han desaparecido.
En charla con los medios, el productor Leonardo Daniel Miranda Cano planteó la pregunta que sostiene el proyecto: “¿Qué clase de mundo estamos dispuestos a dejar de vivir? ¿Transformar o solamente ser vestidos?” La inquietud no busca resolverse: queda suspendida.
Una fiesta de inauguración detona la historia. Entre privilegio, deseo y una violencia heredada, la celebración se descompone. Se conservan la estructura y los nombres del original de Ibsen, pero el entorno cambia: una élite encerrada en su propia abundancia exhibe sus fracturas.
Miranda Cano señaló que el montaje se sostiene en la vigencia del texto. “Pensar en esta reinterpretación nos permite atender su resonancia y cuestionar estructuras sociales que están en cierta decadencia”.
El elenco reúne a Cecilia Ramírez Romo, Luis Eduardo Yee, Elizabeth Pedroza, Jorge León y el propio Juan Carlos Franco junto con Fernanda Bautista, Sofía Orozco, Frida Pérez y Emilia Olavarrieta. La producción está a cargo de Miranda Cano y Paola Andaya; el sello Penguin Random House funge de empresa contribuyente.
Un trabajo que nace del amor
Franco habló de su relación cercana con el texto de Ibsen. “Este trabajo nace en un amor muy particular por Hedda Gabler, y de preguntarnos cómo hacerla más cercana a nosotros como creadores y al público”.
También subrayó que esta relectura se construye desde el presente. “Hay una voluntad de vincularla con lo que vivimos hoy, con los problemas que nos inquietan”. En esa línea, sostuvo que es, al mismo tiempo, “un texto clásico y profundamente nuestro”.
La historia transcurre en una sola noche. Giorgio Ribisi organiza una celebración que busca marcar un comienzo. Al amanecer, hay un cuerpo en el suelo. Hedda llega a ese matrimonio con un apellido heredado de un padre general y torturador, además de un revólver. La aparición de Roberto Luzardo, antiguo amor, con un manuscrito sobre el fin del mundo, altera el equilibrio y reactiva lo que llevaba años contenido.
▲ El nuevo montaje está construido con la perspectiva de los problemas que inquietan en la actualidad.Foto Puro Drama
Cecilia Ramírez Romo indicó que Hedda sigue siendo reconocible en el presente. “Estamos trayendo una historia de alguien que podría ser una persona que conocemos, y eso también es muy triste, porque implica entender que las cosas no han cambiado tanto como pensamos”, dijo.
Agregó que la puesta articula versiones enfrentadas de un mismo hecho y que “vemos distintas miradas sobre una sola catástrofe, algo que se parece mucho a lo que estamos viviendo ahora”.
La forma de trabajo se construyó de manera compartida entre Juan Carlos Franco y el elenco, con el acompañamiento de Daniel Giménez Cacho. El proceso se orientó a un ejercicio de horizontalidad.
Franco describió una dirección “de cinco cabezas”, donde las ideas se discuten y se ajustan en conjunto, y de ese roce surge la creación. “Ha sido una experiencia conflictiva, pero disfrutable, porque de ahí viene la creatividad”.
El elenco trabajó desde una lógica de intercambio. No se trató de competir, sino de completar al otro, y las decisiones se ajustaron hasta encontrar un punto común. El privilegio aparece como uno de los ejes: “nos interesaba hablar de ese sector que no alcanza a ver sus propias condiciones, pero que determina mucho de lo que somos como sociedad”.
Luis Eduardo Yee llevó la reflexión hacia el trabajo escénico. “Cuestiono si el arte tiene responsabilidad, si tiene posibilidades de transformar a la sociedad”. Esa duda, concluyó, forma parte de su práctica: “Me obliga a preguntarme qué estoy haciendo en escena y para qué”.
Hasta que muera el mundo concluye funciones el 31 de mayo en el teatro El Milagro, ubicado en Milán número 24, colonia Juárez. Se presenta jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18. Tiene una duración de 110 minutos.