Saltar al contenido
Miradas.mx Miradas.mx
  • Portada
  • México
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Sectores
  • Ambiente
  • Ciencia
  • Cultura
miradasmx_logo

“El único espacio donde existe la libertad en Gaza es el escenario”

 “El único espacio donde existe la libertad en Gaza es el escenario”
cultura

“El único espacio donde existe la libertad en Gaza es el escenario”

by websys 11 de junio de 2026

▲ Para el director de la compañía, el teatro no borra la memoria ni la herida, pero ayuda a recuperar la capacidad de reconstruir un futuro.Foto cortesía de Mohammed al Hissi

Alejandra Ortiz Castañares

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Jueves 11 de junio de 2026, p. 3

Florencia. En una Gaza devastada por el desplazamiento, la pérdida y la incertidumbre, todavía existe un lugar donde las personas pueden dar voz a los traumas de la guerra: el escenario. Esta fue una de las intervenciones más reveladoras durante un encuentro organizado hace unos días en Florencia por la Cospe, la asociación italiana dedicada a la cooperación internacional y los derechos humanos, que hizo posible esta entrevista.

La conversación es con la compañía Ayyam al Masrah/Theatre Day Productions (TDP), una de las principales agrupaciones palestinas de teatro comunitario. En videollamada con La Jornada desde Gaza, su director, Mohammed al Hissi, reflexiona sobre la importancia y la evolución de una sociedad que trabaja en el territorio desde hace más de dos décadas.

TDP fue fundada en Gaza en 1995 y se registró oficialmente en el 2000. Su misión consistía en llevar el teatro a cada hogar, permitiendo que todos los niños y familias pudieran vivir al menos un día de teatro, ya fuera asistiendo a una función o participando en un taller. Con el tiempo, desarrolló una metodología propia estructurada en torno a tres dimensiones: la historia personal, la historia colectiva de Gaza y los acontecimientos globales que moldean ambas.

Sus producciones, alejadas del discurso político directo, retrataban la vida cotidiana. En la obra Houses of People (Casas de la gente), Al Hissi interpretó diversos personajes –incluidos papeles femeninos, ya que entonces la actuación no era considerada socialmente aceptable para las mujeres debido “al carácter conservador de la sociedad gazatí, las mujeres suelen enfrentar barreras sociales y culturales para dedicarse profesionalmente al teatro– con el fin de representar las tensiones acumuladas en los hogares de Gaza”.

La guerra lo cambió todo. Hoy, de acuerdo con Al Hissi, el escenario es “el único lugar donde aún existe libertad”: en medio del miedo, los bombardeos y el asedio, constituye el único espacio donde las personas pueden hablar sin temor, respirar y pensar en el futuro.

Un momento decisivo ocurrió durante una representación de El sonido del ah. Una mujer del público se puso en el escenario y pidió a todos los presentes repetir una simple exclamación hasta convertirla en un grito colectivo. Luego rompió en llanto: “Perdí a mis dos hijos”. Ese instante confirmó la necesidad de transformar las experiencias de Gaza en relatos compartidos y llevarlas más allá de sus fronteras. Con el tiempo, muchos de los niños que inicialmente eran espectadores se convirtieron en artistas y mentores de generaciones más jóvenes.

La guerra obligó a la compañía a abandonar sus sedes y trasladar sus actividades a campamentos de refugiados y alojamientos distribuidos por toda la franja de Gaza. Actualmente opera en alrededor de 70 espacios con unos 150 colaboradores –estudiantes y graduados de la organización– desarrollando talleres intensivos de dos semanas sobre teatro, dramatización, narración oral y animación, que permiten a los niños expresar su realidad mediante teléfonos móviles. Estas actividades ayudan a los participantes a procesar experiencias traumáticas y culminan en representaciones creadas colectivamente.

Vida en los campamentos

Durante más de siete meses, Al Hissi vivió con su esposa y sus cinco hijos en una tienda de campaña en uno de esos campamentos, una experiencia que describe como la más difícil de su vida: calor sofocante en verano, frío extremo en invierno, infestaciones de bichos, agua insalubre y escasez de alimentos. Uno de sus hijos contrajo hepatitis, mientras las enfermedades se propagaban debido al agua contaminada y las deficientes condiciones sanitarias.

Miles de historias han surgido de la vida en los campamentos, historias que espera algún día llevar al escenario y también a la escritura. Una de ellas ya inspiró una obra titulada Todo nuestro apartamento en una pequeña bolsa, reflejo de cómo la vida entera de una familia podía quedar reducida al contenido de una tienda de campaña.

Entre las historias recopiladas por TDP se encuentra la de Layan, una niña de nueve años que transformó una doble pérdida en un relato: la desaparición de Mimi, la muñeca que guardaba todos sus secretos, y la amputación de la mano de su hermana Tala, de tres años, tras una herida de bala, precisamente el día de su cumpleaños, antes de que Layan pudiera entregarle su regalo.

“Cuando saqué ese dolor de dentro de mí, me sentí mejor», explicó. Desde entonces sueña con convertirse en piloto, ayudar a su hermana y vivir libre como los pájaros que imagina en su historia.

Aprender a hablar del dolor

Otro niño, que perdió a toda su familia, pasó de observar los talleres desde lejos a compartir el recuerdo de haber visto cómo sus familiares eran rescatados de entre los escombros. Fue adoptado por sus tíos, pero con el tiempo encontró una nueva familia entre los demás niños del taller y descubrió que no tenía que cargar solo con su dolor.

Para Al Hissi, el teatro no borra la memoria ni las heridas, pero ayuda a compartirlas, reconstruir relaciones y recuperar la capacidad de imaginar un futuro. Entre los temores que escucha con mayor frecuencia entre los niños figuran quedarse solos tras la pérdida de su familia, sufrir amputaciones o padecer hambre. El teatro, afirma, busca restituir una comprensión más humana de uno mismo y del mundo.

La guerra ha llevado a muchas personas a replantearse el sentido de la vida. Frente a la muerte como realidad cotidiana, Al Hissi insiste en la importancia de actuar, crear y dejar una huella positiva. Lo compara con plantar un árbol, cuyos frutos serán disfrutados por otros: aunque él mismo quizá nunca llegue a experimentar una vida normal, trabaja para que sus hijos puedan hacerlo.

Respecto a la comunidad internacional, reconoce el sentimiento de abandono que prevalece en Gaza. Sin embargo, encuentra esperanza en la solidaridad demostrada por artistas, periodistas y ciudadanos movilizados en distintas partes del mundo, una señal –afirma– de que la humanidad todavía existe y una luz que ayuda a las personas a resistir.

Al preguntar sobre lo que el mundo aún no comprende de Gaza, Al Hissi responde con una claridad desarmante: “No hay nada más terrible que la guerra”.

Las personas, dice, deberían valorar la posibilidad de vivir su vida cotidiana en paz, porque la destrucción de los seres humanos jamás debería existir. Gaza no es sólo una crisis humanitaria; es un lugar donde viven personas reales, cuyas vidas y sueños son destruidos cada día. Lo que desea que el mundo comprenda es que todo ser humano tiene derecho a vivir con seguridad, dignidad y paz, y que no existe justificación para el precio que los civiles –especialmente los niños– se ven obligados a pagar en tiempos de guerra.

Ir a la fuente.

  • 0
    Whatsapp
  • 0
    Telegram
  • 0
    Facebook-messenger
  • 0
    Facebook
  • 0
    Twitter
  • 0
    Email

Compartir:

  • 0
    Whatsapp
  • 0
    Telegram
  • 0
    Facebook-messenger
  • 0
    Facebook
  • 0
    Twitter
  • 0
    Email
Tags: Cultura
Anterior
Miradas.mx Miradas.mx
  • Contacto
  • Quienes Somos
  • Política de privacidad
  • Aviso Legal
miradasmx_logo
© miradas.mx 2009-2026 | Contenido bajo licencia Creative Commons | Bajo la supervición de Fundación Observatorio Periodístico A.C.