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Una historia de alianzas microbianas ha forjado a nuestras células – Levante-EMV

 Una historia de alianzas microbianas ha forjado a nuestras células – Levante-EMV
Ciencia

Una historia de alianzas microbianas ha forjado a nuestras células – Levante-EMV

by websys 11 de junio de 2026

La complejidad de las células que dieron lugar a animales, plantas y hongos podría explicarse por una larga sucesión de simbiosis y transferencias genéticas. La investigación, liderada por científicos españoles, amplía la visión clásica del origen de las células eucariotas.

Un estudio liderado por investigadores de IRB Barcelona y el Barcelona Supercomputing Center (BSC), en España, y publicado en la revista Nature, reabre una de las grandes preguntas de la biología: cómo surgieron las células eucariotas, las que forman a animales, plantas y hongos. Lejos de un único salto evolutivo, el trabajo propone que su origen fue un proceso largo, gradual y cooperativo, tejido por intercambios entre distintos microorganismos.

La mitocondria fue un elemento clave, pero no el único

Durante décadas, la explicación dominante situó el gran punto de inflexión en la adquisición de la mitocondria: un ancestro arqueano habría establecido una simbiosis con una bacteria que acabaría convirtiéndose en ese orgánulo esencial, impulsando después la complejidad celular. El nuevo estudio no niega ese papel central, pero sostiene que esa imagen se queda corta: la huella genética de los eucariotas apunta a más protagonistas y a una historia más complicada de lo que se pensaba hasta hoy.

Para llegar a esa conclusión, el equipo reconstruyó el repertorio de familias génicas y proteicas del último antepasado común de todos los eucariotas, conocido como LECA, y comparó esos rastros con bases de datos de decenas de miles de genomas bacterianos, arqueanos y virales. El análisis, realizado con la potencia del superordenador MareNostrum, buscó señales evolutivas en una especie de arqueología molecular, que intenta leer en los genomas unas huellas dejadas hace unos 2.000 millones de años.

El resultado más llamativo es que junto al linaje que dio origen a la mitocondria, habrían intervenido al menos dos grandes grupos bacterianos: Myxococcota y Planctomycetota. Según una nota de prensa, Planctomycetota aparece como una señal más antigua, mientras que Myxococcota y el ancestro mitocondrial habrían contribuido en fases posteriores, en un escenario compatible con comunidades microbianas densas, como tapetes microbianos, donde el intercambio genético habría sido frecuente.

La investigación cuestiona la idea de un origen único y refuerza un escenario de intercambios evolutivos prolongados. / Crédito: and machines en Unsplash.

Una red de alianzas bacterianas

La investigación también atribuye un papel clave a los virus gigantes del grupo Nucleocytoviricota. Alrededor del 4,5 % de ciertas genealogías proteicas del LECA muestran parentesco viral, y los autores proponen que estos virus pudieron funcionar como vehículos de transferencia genética entre microorganismos que compartían el mismo ecosistema. Desde ese punto de vista, la célula eucariota no nacería de una única alianza, sino de una sucesión de contactos, incorporaciones y recombinaciones que fue ensamblando, poco a poco, una maquinaria más compleja.

Referencia

Gene ancestries reveal diverse microbial associations during eukaryogenesis. Moisès Bernabeu et al. Nature (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41586-026-10639-9

«La mayor contribución del estudio es identificar varias fuentes bacterianas, más allá de las dos esperables, que son las arqueas de Asgard y la mitocondria. Aquí se proponen otros tres grandes donantes de genes, con una contribución similar a la mitocondria a nivel numérico», destacó Alex de Mendoza, investigador de la Queen Mary University de Londres (Reino Unido), quien no participó del estudio, en una publicación de Science Media Centre.

En tanto, Alfonso Martínez Arias, especialista de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, quien tampoco formó parte de la investigación, concluyó en la misma publicación que «el trabajo es importante no solo porque añade datos cruciales sobre el origen de una estructura tan compleja como la célula eucariota, sino además porque apoya la noción de procesos no graduales, no darwinianos clásicos, en la emergencia de estructuras y organismos complejos».

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