El director José Luis Cruz propone abrazar “la imperfección del teatro”
▲ Momentos de Final de partida, una de las obras cumbres del dramaturgo irlandés.Foto Raúl Alday y Gaudí Ángeles
Ángel Vargas
Periódico La Jornada
Martes 21 de julio de 2026, p. 3
En un mundo que persigue obsesivamente la perfección tecnológica y la inmediatez digital, el dramaturgo José Luis Cruz propone un acto de rebeldía escénica: abrazar “la imperfección del teatro” como un espejo de la naturaleza humana.
Bajo esa premisa, el director escénico presenta desde hoy y hasta el 5 de agosto el ciclo Homenaje a Beckett, en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (avenida Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn).
Conforman el programa dos obras del dramaturgo irlandés y otra inspirada en su trabajo, a partir de las cuales se busca demostrar la vigencia de su pensamiento, el cual, según el también promotor cultural, lejos de haberse quedado estancado en los absurdos de la posguerra, dialoga con las angustias y contradicciones del siglo XXI.
“El teatro es imperfecto. No puede ser perfecto. Quien pretenda hacer un teatro perfecto está perdido, porque la fascinación del teatro, como en la pintura o en la literatura, es que debe haber imperfecciones, porque el ser humano es imperfecto.”
Cruz retoma el espíritu de Samuel Beckett (1906-1989) para explorar “la confusión del texto, su apertura a varias aristas”, rasgo que hace que cada diálogo contenga múltiples interpretaciones.
Esta visión, explica en entrevista, se aleja de la rigidez para adentrarse en lo “grotesco” y el “juego actoral”, donde los histriones se convierten en “grandes marionetas” que exploran comportamientos humanos llevados al extremo.
Lo irracional como parte de la realidad
De acuerdo con el creador mexicano, la vigencia del autor irlandés tiene que ver con temas como la incomunicación, la angustia y el encierro, a través de personajes atrapados en círculos concéntricos. “Son personajes de posguerra que habitaron un mundo en caos y que fueron expulsados, vomitados de la sociedad”.
Aunque el productor y guionista británico Martin Esslin consideró a Beckett el pilar del Teatro del Absurdo, el director observa que el absurdo se ha convertido cada vez más en parte de nuestra realidad.
“Es decir, nuestras crisis permanentes en el capitalismo nos llevan a pensar que nuestra estructura de vida está basada justamente en esa virtualidad, en eso que Beckett llama la confusión del texto.”
El ciclo, que se presentó en agosto del año pasado en el Centro Nacional de las Artes, está conformado por Esperando a Godot (hoy y mañana) y Final de partida (28 y 29 de julio), dos de las obras cumbres beckettianas. También, por Tributo a Beckett (4 y 5 de agosto), la cual propone un diálogo con la virtualidad y la estupidez actual. Las funciones son los martes y miércoles a las 20 horas.
Para Cruz, el punto de confluencia entre ese par de obras de Beckett es “la espera en el devenir del tiempo. En todo momento están reflexionando los personajes en monólogos interiores”. Ese transcurrir, explica, se convierte en una “rutina” que atrapa a los personajes “como ratones de experimento que van dando vueltas dentro de una rueda y no llegan a ningún lado”.
Pese a desarrollarse en atmósferas desoladoras, en medio de la muerte y sentimientos humanos llevados al límite, esas creaciones están lejos de determinar a su autor como pesimista.
“La realidad convoca a hablar de esas cuestiones”, aclara el director, e, incluso, define a Beckett como “un humorista que se toma el humor muy en serio”, a partir de su gusto por el Music Hall y la farsa, así como de retomar el juego actoral absurdo de los hermanos Marx, Chaplin y El Gordo y El Flaco.
“Él está inspirado muchísimo en todo esto, también en la Comedia del Arte. Aunque tenía la cara adusta, era juguetón; gustaba de la parodia. Llevaba las cosas hasta las últimas consecuencias, pero con humor. Siempre hay humor dentro del pathos, del delirio, y también lo grotesco”, finaliza el director.
“Expongo mediante mis actores bromas brutales, casi inhumanas, porque los llevo hasta las últimas consecuencias en una decadencia brutal, como reflejo de esa impiedad que hay sobre el ser humano del sistema controlado que nos arrolla.”