Los módulos europeos de las misiones Artemis 3 y 4 ya están listos en el Centro Espacial Kennedy – La Vanguardia
Tras el fin de la misión Artemis 2, la atención se centra ahora en los próximos pasos del programa. La NASA ha iniciado el proceso de integración del Módulo de Servicio Europeo ESM-3 con la nueva cápsula tripulada de Orion para la misión Artemis 3, un ensamblaje que, según fuentes de la Agencia Espacial Europea (ESA), progresa adecuadamente en las instalaciones del Centro Espacial Kennedy. Mientras tanto, el ESM-4 para la misión siguiente, entregado en diciembre de 2025, sigue su propio calendario de ensamblaje. Ambos módulos consolidan el avance de los elementos europeos en un programa marcado por la complejidad técnica.
“Tras Artemis 2, sabemos que Orion es una nave espacial que funciona bien y eso nos da confianza para proseguir con el programa”, explica para La Vanguardia Guillermo González, portavoz y jefe de producción de los ESM en la Agencia Espacial Europea.
Europa como elemento estable en Artemis
En un programa en el que deben sincronizarse múltiples sistemas críticos, González señala que los módulos de servicio han actuado como “uno de los elementos más estables”, en un contexto en el que deben coincidir a tiempo el cohete SLS, el control de tierra, la tripulación y la propia nave Orion con sus dos componentes, el módulo de servicio europeo y la cápsula para la tripulación estadounidense, completamente integrados.
Esa estabilidad ya se ha reflejado en las misiones. “En las dos misiones que se han llevado ya a cabo, el módulo de servicio estaba disponible cuando la NASA lo necesitó, de tal forma que ellos pudieron centrar todos sus esfuerzos en los otros factores de los que dependía el poder despegar”, declara González.
El ESM se apoya en la experiencia acumulada con el Automated Transfer Vehicle, el vehículo no tripulado con el que Europa abasteció durante años la Estación Espacial Internacional. Más que tecnologías concretas, González subraya que el legado clave reside en “los procesos de diseño y construcción”, que hoy marcan la diferencia en un programa sometido a plazos exigentes.
España participa en uno de los sistemas críticos de Orion, la Unidad de Control Térmico, diseñada y construida por Airbus CRISA en Tres Cantos. Cada nave Orion incorpora dos unidades de este sistema, esencial para mantener las condiciones internas de la nave durante la misión. En este conjunto, el módulo de servicio constituye la gran parte funcional de Orion. “El ESM es la mitad de la nave, así que el éxito de Artemis está ligado al éxito de la contribución europea”, resume el jefe de producción.
Artemis 3: pruebas en órbita y carrera industrial
El desarrollo de los ESM ha sido, además, un ejemplo de integración transatlántica. Equipos de la ESA, Airbus, la NASA y Lockheed Martin han trabajado de forma conjunta desde el inicio. “El reto ha sido avanzar a la velocidad que exige el programa”, admite González.
Por ahora, Europa ha cumplido sus plazos. La producción de módulos va por delante del calendario de vuelos. El ESM-3 llegó a Cabo Cañaveral en septiembre de 2024, el ESM-4 está en fase de integración en el Centro Espacial Kennedy desde diciembre de 2025 y el ESM-5 se encuentra en construcción en Bremen, Alemania.
Sin embargo, el resto del programa avanza con más incertidumbres. La llegada de la etapa central del cohete SLS al Centro Espacial Kennedy el pasado 27 de abril supone un paso más en el ensamblaje de Artemis 3, pero no resuelve los principales retos. La misión depende de tecnologías que aún no han demostrado su funcionamiento conjunto, especialmente los módulos de alunizaje desarrollados por la industria privada, lo que ha contribuido a retrasar el calendario hasta situar el lanzamiento de Artemis 3 no antes de finales de 2027, según las últimas estimaciones.

El diseño de Artemis 4 obliga a realizar maniobras complejas: los astronautas despegarán en Orion, se acoplarán en órbita lunar a un módulo de alunizaje y descenderán a la superficie en una nave distinta. La empresa SpaceX, liderada por Elon Musk, continúa desarrollando Starship, el vehículo seleccionado para el alunizaje, pero todavía no ha logrado certificarlo tras varios vuelos de prueba con incidentes. En paralelo, Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, avanza con el cohete New Glenn. Su reciente tercer lanzamiento, el primero reutilizando un propulsor, apunta a reducir costes, pero su papel en Artemis dependerá también de que sus sistemas de alunizaje estén listos a tiempo.
En este contexto, la contribución europea tiene una dimensión estratégica. Hasta ahora, Europa había liderado ámbitos como los satélites de observación de la Tierra o misiones científicas de exploración del espacio lejano, pero nunca había participado en el diseño y operación de una nave tripulada. “Nos han puesto en una posición mucho más avanzada si algún día decidimos desarrollar nuestro propio sistema tripulado”, afirma González.